Chus Villegas, mi mayor anhelo es que mi hijo decida buscarme.

Chus Villegas, mi mayor anhelo es que mi hijo decida buscarme.

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Las madres biológicas, la mayoría de las veces, se ven obligadas a dar a sus hijs@s en adopción por circunstancias socio-económicas o/y culturales, pero no por su propia voluntad.

La historia de Chus Villegas nos acerca a una mujer que vivió esta experiencia.

1.- En el relato de tu historia dices que eres “una de las mal llamadas madres biológicas”¿Cómo te definirías?

Pues la verdad es que no sé muy bien cómo me definiría. Simplemente, soy una mujer que en la España del nacional-catolicismo por razones sociales y, sobre todo, familiares me ví obligada a entregar a mi bebé en adopción. Cuando fui consciente de que se nos denominaba “madres biológicas”, sentí un rechazo instintivo en mi interior. Pensé que toda mujer que ha parido es madre biológica, por lo cual ese calificativo no nos identificaba. Después, me dí cuenta de que ese rechazo, casi visceral, era por la palabra madre, ¿cómo podía llamarse madre a una mujer que “abandona” a su hijo? Sea por lo que sea, sigo sin reconocerme en esa denominación ni en otras muchas con las que se nos designa. Creo que no nos definen adecuadamente como colectivo. Yo, a mi misma, me gusta llamarme “madre del alba”.

2.- ¿Cómo crees que ha marcado tu vida el hecho de haber dado un hijo en adopción?

Ha mediatizado toda mi vida en el aspecto personal, familiar y social. Me dejó una serie de secuelas psicológicas, como trastornos emocionales, sentimientos ambivalentes, depresiones recurrentes, inseguridad, ansiedad, miedos… pero, sobre todo la culpabilidad como una segunda piel y un vacío que nada ni nadie ha podido llenar. A veces, he sentido una gran soledad. No pude ni plantearme tener hijos. Es lo único que aún no he podido superar; todavía hoy lloro desconsoladamente cuando siento que la vida me negó, o yo misma me lo prohibí, lo que más hubiera deseado: tener hijos y darles todo mi amor, mi ternura, mi compresión, mi apoyo… Mis relaciones interpersonales, con mi familia y amigos también se han visto condicionadas. De hecho, me fui alejando hasta cortar con todos los amigos de la infancia, del colegio y de la Universidad. Pero todo ha contribuido a hacerme crecer como persona. Me ha hecho más fuerte, tolerante y compresiva con los demás y, sobre todo, me ha llevado a identificarme con el sufrimiento de los demás y a intentar ayudar.

3.- ¿Cuál es tu concepto de la maternidad?

Pues, no sé… Desde luego, para mí el engendrar y parir un hijo no me otorga la condición de madre. La madre de mi hijo, sin calificativo alguno, es la que lo ha criado, cuidado, amado… La que le ha dado todo aquello que yo, por mis circunstancias, en esos momentos, no pude darle. Ya sé que por el hecho de haberle parido soy su madre pero no me siento como tal. Bueno… la verdad es que no sé si esta postura corresponde a un discurso interno elaborado a través de 38 años debido a la culpabilidad y el miedo. Además, hasta hace poco, era el bebé que di en adopción, no podía referirme a él con la palabra hijo; me parecía kafkiano que una persona pudiera tener dos madres. Supongo que aún me quedan cantidad de cosas por elaborar y asumir en esta historia. Lo único que he descubierto, y no hace tanto, es que mi mayor anhelo en esta vida es que mi hijo se decida a buscarme. Hasta entonces creía que estaba ahí por si él necesitaba encontrarme.

4.- ¿Cuándo iniciaste la búsqueda de tu hijo?

En la Semana Santa de 1997. Fue cuando leí en un reportaje del diario El Mundo las declaraciones de unos hijos adoptados, pertenecientes a la extinguida ANDAS (Asociación Nacional del Derecho a Saber). Hablaban de la necesidad de encontrar sus raíces, del vacío tan grande que sentían, de sus deseos de conocer a la mujer que les había dado la vida… Nunca se me había ocurrido pensar que mi hijo podría sufrir por el hecho de ser adoptado. Creí que me “volvía loca”, lloraba y lloraba repitiéndome a mi misma: “¡Dios qué he hecho!, además de haberle abandonado está sufriendo por mi culpa”.

5.- ¿Cómo ha sido el camino?

Desesperante e infructuoso. En aquel momento me hice socia de ANDAS, conecté con el Arzobispado de Pamplona, con Villa Teresita (en donde había escondido mi embarazo), recurrí a personas influyentes que conocía de mi época de estudiante en Pamplona. Nada. Siempre recibí la misma repuesta: “Olvídalo, pasa pagina, eso ocurrió hace muchos años, seguro que tu hijo está bien”. Por entonces fue cuando empecé a “confesar mi secreto” a mis mejores amigas y a hablarlo abiertamente con mi pareja, aunque él lo supo desde el principio de nuestra relación. Todos me venían a decir lo mismo: “Eso pertenece a tu pasado, es un hecho que debes olvidar, bastante has sufrido ya”. Pero, yo notaba que les era, y les es, violento hablar del tema. Me volví a replegar en mi misma. Apareció un nuevo sentimiento en mí, el de la incertidumbre. En 1997 la Delegada de Andas en Canarias me dijo que un adoptado buscaba a su madre y que en principio todos los datos coincidían. Después de miles de llamadas telefónicas y de información contradictoria, me facilitaron un nombre y un teléfono, el de mi supuesto hijo. El miedo me impidió conectar con él. Dije que nos hiciéramos ambos las pruebas del ADN. Nunca volví a saber nada más. Retomé la búsqueda hace dos años pero todo ha sido inútil. Si él no me busca, nunca habrá encuentro. En noviembre pasado un chico se puso en contacto conmigo, creyendo sin la menor duda que yo era su madre. Ambos vivimos durante casi dos meses un sueño, pero al hacernos las pruebas de ADN se confirmó que no era mi hijo.

6.- Creo que la mayoría de las familias adoptivas tratamos de que nuestros hijos elaboren su propia historia desde el amor hacia quienes les transmitieron la vida ¿has recibido apoyos para elaborar tu propia historia?

Las madres adoptivas de ahora sí lo hacen, las de mi época creo que no. Antes lo que predominaba era el ocultar al hijo la condición de adoptado y si este lo descubría lo habitual era hablar de la mujer que le parió en términos despectivos e insultantes. Era frecuente referirse a ella como la puta que lo abandonó. En cuanto si he recibido apoyos, creo que ninguno. Hasta los psicólogos o psiquiatras de turno (me he pasado mi vida prácticamente entre ellos) fueron incapaces de ver que era mi verdadero trauma y sólo incidían en los problemas de mi niñez. Desde Febrero de 2010 en que me metí de lleno en el mundo de la adopción, es cuando he dejado de sentirme sola y he podido avanzar en la construcción y aceptación de mi propia historia. Recientemente mi marido ha comprendido que es una herida que nunca podrá cerrarse, -¿ni con el encuentro con mi hijo?-, y ha dejado de pensar, como todos, que lo que me pasa es que estoy “colgada del pasado”. Es con el único de mi entorno con el que puedo hablar del tema y desahogarme. Los familiares y amigos a los que les dije que me había hecho la prueba del ADN, porque creía que había encontrado a mi hijo, han sido incapaces de preguntarme por el resultado de las pruebas.

7. – Mientras permaneces en esa espera de encontrar a tu hijo ¿qué otros sueños e ilusiones tienes?

A estas alturas de mi vida, aunque mi deseo es muy fuerte, más que un sueño es una esperanza. Los sueños tienen pocas probabilidades de realizarse, prefiero hablar de proyectos. Como soy una persona muy activa y con muchas inquietudes, me he pasado la vida metida en todo tipo de actividades pero también es cierto que, muchas de las acciones emprendidas, una vez agotada la curiosidad y la ilusión de lo nuevo, las he abandonado. Este proceder estoy convencida que se debía al vacio del que antes hablé. Era como si no encontrara mi “sitio” en la vida. Ahora, que por fin tengo claro lo que quiero, ¡ya era hora, con 63 años!, me encantaría ocuparme de temas relacionados con la adopción. De hecho es lo que vengo haciendo desde hace dos años, se ponen en contacto conmigo muchas personas adoptadas y les ayudo en lo que puedo. También quisiera trabajar con las madres que, como yo, entregaron a sus hijos en adopción. Sobre todo, luchar para que podamos estar codo a codo con las otras dos partes de la triada. Bueno… esto sí que es un sueño porque no me negarás que somos las grandes olvidadas. Es un hecho que las madres biológicas no tenemos cabida en ninguna de de las organizaciones dedicadas a los temas de la adopción, ni se hace referencia en sus páginas web a este colectivo. Siempre que comento el tema se me responde lo mismo, que exceptuándome a mí y a unas pocas más, ¿dónde están esas madres? Pero quizás nadie se ha planteado que precisamente por esa falta de apoyo la mayoría siguen escondidas.

8.- Además de madre (porque madre no es solo la que cría sino también la que pare, tanto monta, monta tanto) eres mujer. Imagina que dentro de unos años decides escribir tus memorias ¿qué te gustaría poder contar en ellas?

Bueno, madre que no ha ejercido como tal. Hace varios años que me lo estoy planteando y sé que acabaré escribiéndola porque es una necesidad que me persigue y además me encanta escribir. Si no lo he hecho aún es porque quisiera contar “toda” mi historia… creo que me lo podría plantear como una catarsis.

9.- Aunque no hayáis podido criarlo, una parte de tí y otra del padre, están en vuestro hijo ¿cómo te sientes al verlo así?

¿Hayáis? ¡Pero si del padre, desde que me fui a “Villa Teresita” a esconder mi embarazo, no volví a saber nada! Pues, no sé ni si siento algo, es una realidad genética tan obvia. Bueno… sí, con curiosidad por si se parece a mí, deseos de ponerle unas facciones, una voz, una mirada, en definitiva, una identidad. Salir de la incertidumbre de cómo ha sido su vida, si sus padres le han dado todo el amor y cariño que yo no pude. Que deje de ser una sombra de mi pasado. No sé si esto contesta la pregunta. La verdad es que la veo un poco extraña. De todas formas, por mi experiencia familiar, hace tiempo que dejé de creer en los lazos y ataduras impuestos por la biología y ya, solamente creo en los vínculos que libremente elijo, dándole el contenido y la forma que ambas partes decidamos. Estoy diciendo esto y, al mismo tiempo, soy consciente de que puede ser contradictorio con el anhelo de encontrar a mi hijo.

Días más tarde, Chus me envía un mail en el que hace algunas reflexiones en torno a la última pregunta:

«Me acabo de levantar y no sé por qué me ha venido a la cabeza tu última pregunta y he sentido una punzada en el corazón y hasta me han entrado ganas de llorar. La verdad es, que me quedé mucho en rato en blanco delante de tu pregunta que me parecía rara. No era eso, es que no quería entenderla porque me hacía daño. En primer lugar, porque ese plural, “hayáis”, me devolvió a la soledad de aquellos meses. Es cierto que Paco, el padre, me ayudó cuando estuve casi dos meses buscando abortar. Cuando volví a mi pueblo después de tantos intentos infructuosos, él estaba allí pero no recuerdo para nada cual fue mi relación con él hasta que me fui a Villa Teresita. De esta parte sólo recuerdo el miedo a que mi padre se enterara de que estaba embarazada. Precisamente por el padre de mi hijo, se enteraron en el pueblo que estaba embarazada en Pamplona. Cuando regresé a Villarrubia, después de haber parido, él había desaparecido. Era el Secretario del Ayuntamiento y el Alcalde, que era tío mío, le había obligado a dejar el pueblo. La segunda parte de tu pregunta, es la que ha motivado ese malestar, por llamarlo de alguna manera. Nunca me había planteado que una parte de mí estaba en ese hijo del que no sé nada. Visto así, me produce una tristeza inmensa. Ese rechazo “a lo biológico”, me viene, como dije, por mi experiencia familiar, padres y hermanos, e inconscientemente, lo he hecho extensivo a mi hijo. Así, la realidad no me es tan dura. Es una forma de parapetarme de esa cruda realidad, de que me ví forzada a mutilar una parte de mí. Aunque duela, me encanta descubrir cada día algo más relacionado con esta historia y aclarar mis sentimientos.» chus actual   Quiero creer en un milagro, que mi hijo lea alguna vez, por casualidad, algo sobre mi y me encuentre. Estos son los datos que le llevarían a relacionarme con él. Chus Villegas escondió su embarazo en Villa Teresita de Pamplona. Parió un varón en la Clínica Gortari. En el libro de partos figura como Ana Díaz Toledo, el 5 de Octubre de 1971 a las 14:30h.

Juegos que unen

Juegos que unen

Por Concepción Martínez Vázquez

 

juegos-que-unenEn el Post anterior el niño vago no existe  recomendábamos el libro Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión” de Aletha Solter . Siempre nos gusta ir un poco más allá de lo que es la mera recomendación y una breve reseña y buscando no tardé en encontrarme con un magnifico post  de Concepción Martínez Vázquez,  le escribí para pedirle permiso para publicarlo en nuestro blog y pese a ser más de las dos de la mañana de manera inmediata me contestó afirmativamente y tuvimos la oportunidad de hablarnos  por chat y pude comprobar la generosidad y simpatía de esta Psicóloga y Pedagoga  que desde su imprescindible blog Resilencia Infantil ,Apego, parentalidad y buen trato  comenta maravillas de este libro y de su escritora, de manera que si no lo conocíais  vais a tener un impulso irrefrenable por hacerlo, al libro que recomendamos y al blog de Conchi Martínez.
Esta entrada debería comenzar diciendo algo así como » De la autora de la Educación Consciente ganadora del post más visitado en menor tiempo arrasando el ranking de lo más leído»(¡en dos semanas más de mil visitas!), como si se tratara del anuncio de una de esas películas cuyo nombre del director parece ya presagiar que lo que se espera es bueno…
Hace dos semanas, en la entrada «Los niños necesitan más nuestra atención y cariño cuando menos lo merecen sus actos» (pincha encima si no la has leído o quieres volver a hacerlo), ya os hablaba de Aletha Solter y su magnífica aportación con su modelo sobre la Educación Consciente que resumí brevemente en la entrada y que queda recogida en tres publicaciones traducidas al castellano que os recomendé.

No os mencioné entonces la última publicación de esta psicóloga suizo-americana (no recuerdo exactamente por qué no lo hice, la verdad), pero esta misma semana, al pasar dentro de una librería de mi ciudad encontré este último libro, el que no citaba en la entrada (supongo que el destino debía saber que merecía un protagonismo especial).

La situación fue así: reviso de izquierda a derecha los estantes de libros cuya temática frecuento y…ahí estaba esperándome el único ejemplar de la tienda, el libro «Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión» (Editorial Medici, 2013 la edición española traducida por Laura Díaz de Entresotos).

Tras la estupenda emoción de reconocerlo, le sigue la excitante acción de leer el índice para ver los contenidos, y… sin palabras.

Tres partes.

Y ya en la primera, que se llama «Primeros pasos», el primer punto se titula «Introducción al juego de apego»…le sigue «Los nueve tipos de juego de apego»…»Directrices generales»…»Cuando le resulta difícil jugar (al padre/madre)».

¡Una joya!. Encontré un tesoro.

En la segunda parte del libro se dedica un importante apartado al Juego de Apego para resolver problemas de disciplina, tocando aspectos como la introducción la disciplina no punitiva, el enfado y agresión, rivalidad entre hermanos, etc.

La tercera parte del libro es más específica sobre el Juego de Apego para ayudar a los niños en momentos difíciles como el divorcio de los padres,el estrés escolar, fobias y ansiedades, enfermedades, accidentes y hospitalización, etc.

Lo que más me gusta: la base teórica de este libro es la teoría del apego.

La autora, después de más de 25 años de experiencia recoge un compendio de juegos para padres e hijos a los que llama juegos de apego.

Según Aletha, el juego de apego tiene algunas particularidades que lo diferencian de los juegos tradicionales: está centrado en el/la niño/a y busca fortalecer la conexión, a menudo involucra la risa, no requiere de ningún equipamiento especial y puede tener ligar en cualquier parte, en cualquier momento; no es competitivo y no tiene reglas fijas.

Se dirige a padres y madres de niños y niñas desde el nacimiento a los doce años.

Aletha establece que hay nueve tipos de juegos de apego:

1) Juego no directivo centrado en el/la niño/o: Ayuda a los niños y niñas a sentirse reconocidos, seguros y amados. Especialmente útiles para reconectar después de experiencias estresantes o separaciones, para ayudar a curarse del trauma o simplemente para fortalecer la conexión con ellos/as.
2) Juego simbólico con objetos o temas específicos: Efectivo para ayudar a los/as niños/as a curarse del trauma o afrontar problemas conductuales.
3) Juegos de causa y efecto: Promueven la conexión, aumentan la confianza, transmiten aceptación,crean una sensación de fortalecimiento y establecen una reconfortante sensación de predecibilidad.
4) Juego de tonterías: Especialmente útiles para niños/as que tienen miedo de cometer errores.
5) Juegos de separación: Ayudan a los/las niños/as a lidiar de forma divertida con las separaciones diarias tales como ir al colegio, a superar emociones aterradoras resultantes de pérdidas o separaciones anteriores o incluso el miedo al abandono después del divorcio de los padres.
6) Juegos de inversión de poder: El adulto finge ser débil, torpe, estúpido, estar enfadado o asustado y eso ayuda al niño/a.
7) Juegos de regresión: Ayudan tanto a fortalecer la conexión como para la curación,por ejemplo después del nacimiento de un hermanito, o para papás adoptivos, al proporcionar la experiencia de ser cuidados amorosamente ayudando así a resolver el abandono o separación anteriores.
8) Actividades de contacto corporal: El juego fomenta el contacto físico y ayuda a reparar relaciones padres/madres-hijos/as, se experimenta un sensación de valía intrínseca, de seguridad, de pertenencia.
9) Juegos y actividades cooperativos: Fortalecen la conexión, útiles para conseguir cooperación, para niños y niñas que hacen trampas y para problemas conductuales derivados de la rivalidad entre hermanos o de un divorcio.

Copadre e hijo[1]mo veis una estructuración clara de juegos que tienen como finalidad fortalecer el apego y solucionar problemas de conducta en los niños y niñas mediante un enfoque de disciplina ni autoritario ni permisivo, mediante un planteamiento no punitivo que utiliza la risa, el contacto físico, la comunicación, el intercambio de roles, etc.

Muchos son los libros que existen en el mercado en los que, desde una perspectiva claramente conductual, pretenden ofrecer a padres y madres «recetas» para el manejo de la conducta. Y no es que yo menosprecie el valor de muchas de estas técnicas que incluso aplico y recomiendo en algunas ocasiones dependiendo de los objetivos a trabajar (soy por tanto lectora y seguidora de este tipo de publicaciones), sino que soy de la opinión de que un planteamiento educativo y de crianza ha de llevar la afectividad como abanderada muy por encima una aplicación a rajatabla de técnicas para tratar los indicadores conductuales que puedan presentar los niños y niñas en un momento dado.

De hecho, muchos de estos problemas de comportamiento no aparecerían si se trabajara, desde la prevención, juegos como los que describe Aletha Solter en su libro (dejando de lado que cada niño/a es un mundo y hay casos concretos que con el amor y atención incondicional sólo no es suficiente).

Detrás de una conducta hay siempre una emoción y muchas veces no coinciden de manera manifiesta, es decir, un/a niño/a con miedo de ser poco querido puede mostrar una conducta no propia de miedo, sino de enfado,y los padres abordar el tema con castigos y riñas entendiendo que lo que quiere es únicamente fastidiar.

Pero además, pienso que la aplicación estricta y única de métodos conductuales en niños y niñas que han pasado por terribles experiencias traumáticas de abandono o maltrato, o que han visto conflictos en su entorno que no pueden integrar como violencia familiar, no hacen más que reconfirmar sus expectativas sobre los adultos en tanto que poco confiables y causantes de un dolor añadido. No puedo imaginarme a ninguno de nosotros/as, los mayores, llevando una mochila llena de experiencias aterradoras de miedo, rabia e impotencia, acatando sin más rígidas pautas, establecidas incluso a veces por profesionales, cuando lo que necesitamos es que nos escuchen, nos quieran y nos den seguridad. Lo que decía la frase…con las mejores intenciones, se obtienen los peores resultados.

Tampoco una educación excesivamente flexible es apropiada para ningún niño o niña. Al principio puede parecer muy positivo evitar cualquier riña, educar el libertad, el «laissez-faire» mal entendido…cuando lo que los niños necesitan son guías y límites que les ayuden en su camino. ¿Os imagináis atravesando un puente de madera largo y estrecho sin barandillas a los lados?

Afecto, juego, límites, normas, comunicación… Aletha ofrece un modelo, que seguro que no es ni el mejor ni el único. Leyendo el libro yo también me sorprendo al ver algún tipo de juego que propone como por ejemplo cuando plntea pasar tiempo con el niño/ gritando palabrotas juntos y riendo precisamente para eliminar esta conducta ¿?¿?¿? Claro, lo primero que se piensa es que hacer eso puede hacer que lo haga con mayor frecuencia y en otros contextos. Aletha explica que si se usa como ella indica «empezará a usar el lenguaje ofensivo más como una invitación a jugar con usted y menos como una manera de sentirse poderoso, impresionar a otros o expresar enfado. El juego y la risa disminuirán la tensión o la vergüenza conectadas con estas palabras…»

Controvertido, si. Se puede o no estar de acuerdo, pero al menos nos hace pensar desde argumentos nada desdeñables.de

 

«El niño atento»

«El niño atento»

José Luis Gonzalo desde su  imprescindible blog Buenos tratos,  hace la recomendación de  «El niño atento»  de Susan Kaiser Greenland, un libro para ayudar a niños y también a mayores a estar más presentes, a prestar atención no sólo a lo exterior sino también a centrarla en las  propias emociones y sensaciones.

Un práctico y útil libro para trabajar la atención con tu hijo/a y ayudarle a ser más feliz, amable y compasivo, editado por Desclée de Brouwer.

el niño atento

Permitidme que comience con este juego de palabras: hoy prestamos atención a un libro para ayudar a los niños a trabajar ésta. ¡Atención a la atención!, un problema al parecer, muy común en los niños y adultos de hoy en día. Tanto por razones evolutivas y madurativas como por procesos psicopatológicos diversos en los que están afectadas las habilidades atencionales, la atención es uno de los síntomas (manifestación externa) que nos preocupa a profesionales de la salud mental, la enseñanza, la educación y por supuesto, a padres y familias. Dentro de la población específica a la que nos dirigimos en este blog (los niños y adolescentes con trastornos del apego y trauma), también es un aspecto relevante, cómo no. El niño traumatizado pasa por estados de hiperactivación (el sistema natural de alerta del organismo está alterado como consecuencia de eventos traumáticos que pusieron en riesgo su supervivencia física y/o psicológica. El cerebro queda fijado en posición de supervivencia) que inciden en que la atención esté pendiente del exterior. Los niños desorganizados, de perfil controlador, por ejemplo, están pendientes del exterior, de los adultos referentes. En el pasado, controlar a la figura de apego fue vital para su supervivencia, teniendo en cuenta que aquélla podía ser impredecible (ora ser cariñosa, ora tornarse violenta)

Por todo ello, no es baladí este tema, ni mucho menos. Es uno de los objetivos que trabajamos en psicoterapia con los niños y adolescentes, por supuesto. Y uno de los abordajes psicoterapéuticos más idóneos para mejorar la atención en los menores (y otros aspectos como la regulación emocional y la estabilización conductual) que conozco en la actualidad es el mindfulness o mente plena.

Para los no iniciados, y con ánimo de hacer un resumen no muy exhaustivo (para los que quieran profundizar les recomiendo este libro de Siegel: «Mindsight, la nueva ciencia de la transformación personal«), mindfulness son un conjunto de técnicas -basadas en unos principios terapéuticos concretos, influenciados por la filosofía budista- que favorecen la capacidad de la mente humana para verse a sí misma. Ser plenamente consciente de la propia mente y de las actividades de ésta (pensamientos, sentimientos, sensaciones, recuerdos…) hace que nos conozcamos mejor a nosotros mismos y, además, potencia la regulación de todo el cuerpo/mente mejorando la integración cerebral.

Para Siegel (uno de los pioneros en el estudio del mindfulness), la mente humana es como un río. Os lo conté en esta entrada, pero me parece pertinente volver a recordarlo ahora: en el centro del río, el agua fluye constantemente (al estilo filosófico del axioma de Heráclito: “todo fluye, todo está en permanente movimiento”) Las redes neurales que conforman nuestro cerebro y transportan la información lo hacen de una manera eficiente e integrando los contenidos de ambos hemisferios, así como la información proveniente del cerebro superior e inferior. Pero si el agua queda atascada en la orilla izquierda, ésta ya no fluye. Se aleja del centro del río. Se ha quedado atrapada en el lado (prominencia del hemisferio izquierdo) de la rigidez. Por el contrario, si el agua queda enmarañada en la orilla derecha (prominencia del hemisferio derecho) queda excesivamente agarrada en el lado del caos. Cuando el agua va por el centro, es un estado de mente con respecto al apego de tipo seguro: todo fluye de una manera adecuada. El cerebro es como una orquesta bien dirigida. Cuando el agua está más atascada en la orilla izquierda, es un estado de mente con respecto al apego de tipo evitativo. Y cuando el agua se queda en el lado derecho, es un estado de mente con respecto al apego de tipo ambivalente. Y cuando el agua se atasca por los dos lados, el estado de mente con respecto al apego es de tipo desorganizado.

Por ello son tan útiles y tan interesantes para nosotros las técnicas de mindfulness: porque favorecen estados de mente con respecto al apego similares al tipo seguro. Y cultivar el mindfulness ayuda a las personas de apego inseguro a mejorar su mente y cerebro (entre otras técnicas, claro), sobre todo en lo que a regulación emocional y atención consciente se refiere.

¿Y cómo? El camino para lograr una mente plena (mindfulness) y cultivar la capacidad de que la mente se vea a si misma (mindsight) es la meditación. La cultura oriental lleva cientos de años (por ejemplo, el budismo zen) practicando la meditación. Es quizá por esto por lo que nos superan en muchas cosas. Pero en la cultura occidental ha llegado en los últimos diez años y con más fuerza en los últimos cinco. Estudios con neuroimagen han puesto en evidencia que el cerebro experimenta cambios funcionales cuando se practica meditación. Ahora bien, debe de practicarse como un hábito. La práctica de la meditación como camino hacia la mente plena se está utilizando con éxito en el tratamiento de muchas patologías como la ansiedad, la depresión, el déficit de atención con hiperactividad, adicciones… y por supuesto, el trauma.

He observado en mi práctica clínica (en quienes han practicado la misma con fundamento) mejorías excelentes en personas con obsesiones (es un trastorno en el que aspirar a eliminar o no tener las mismas es casi una quimera. La meditación enseña al paciente a relacionarse con ellas de otra manera; sobre todo a verlas como hechos mentales) y con trauma. En personas traumatizadas, mediante un proceso guidado -para que lo podamos entender-, mientras el paciente tiene un ojo en la respiración, tiene otro en las sensaciones corporales fruto del impacto traumático, del evento. Ese procesamiento dual favorece que el cerebro procese el trauma.

¿Y con los niños y adolescentes que vienen a mi consulta y que presentan distintas patologías (además de estilos o trastornos en la vinculación)? Con ellos también he aplicado con éxito la meditación, pero me encontraba con un escollo: las técnicas adultas les resultan pesadas y aburridas. Permanecer sentados observando les generaba malestar, inquietud y sobre todo lo que he dicho: aburrimiento y tensión por no soportar estar parados. Esto es normal, pues contactar con la corporalidad para alguien traumatizado es muy atemorizante. Mirar al interior les asusta mucho más que a los adultos (que también nos atemoriza) Lo que solía hacer era normalizar esta sensación de aburrimiento y/o malestar y acortar los ejercicios. Los ejercicios de meditación demasiado largos es misión imposible que los pacientes los hagan. No los hacen los adultos así que menos los menores. Para éstos, seguir y trabajar los principios que favorecen la mente plena (mindfull) es harto complicado. Esos principios son los de observar lo que pase por la mente (sin juzgar); ver lo que pase por la mente como actividad en forma de pensamientos, sensaciones o emociones. Aceptar lo que pase, tanto si agrada como si no, dejando que esté en nuestro cuerpo/mente lo que ya está pasando y nos resistimos a aceptar. Y tercer y último principio: tener una actitud de cariño y compasión hacia nosotros.

Pues hete aquí que para mi regocijo (y el de muchos profesionales y padres y madres) la editorial Desclée de Brouwer ha tenido la excelente idea de publicar en el último trimestre de 2013 un interesantísimo y práctico libro titulado: “El niño atento. Mindfulness para ayudar a tu hijo” La autora es Susan Kaiser Greenland.
Es el libro que estaba esperando y que da solución al problema que os he expuesto en el párrafo anterior: hacer atractivas las técnicas de meditación a los niños y adolescentes. ¿Cómo lo consigue? Mediante juegos y canciones adaptados a su edad podemos entrenar en mindfulness a los niños, incluso a los pequeñitos. Y los beneficios que pueden obtenerse son los mismos que cuando se aplican las técnicas clásicas y más adultas.

En la reseña del libro nos cuentan que “…la atención consciente te ayuda prestar una mayor atención a lo que ocurre en tu interior –tus pensamientos, sentimientos y emociones- para poder entender mejor lo que te sucede. El niño atento amplia los grandes beneficios del entrenamiento en mindfulness a niños partir de cuatro años, con ejercicios, canciones y juegos adaptados a su edad. Estas técnicas, amables y divertidas alientan la conciencia y la atención e influyen muy positivamente en el rendimiento académico y en las habilidades sociales y emocionales, al tiempo que proporcionan herramientas para gestionar adecuadamente el estrés y superar problemas como el insomnio, la sobrealimentación, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, la ansiedad…”

Los primeros capítulos del libro nos introducen en la ciencia de la atención consciente y nos transmiten los principios fundamentales del mindfulness. Continúa la autora entrando ya en los ejercicios y técnicas (los cuales pueden aplicar no sólo los profesionales de la salud mental sino trabajadores sociales, profesores y vosotros/as mismos/as padres y madres; no en vano el libro se subtitula “mindfulness para ayudar a tu hijo”. Mientras juegas con él/ella, estás trabajando la conciencia plena): los primeros, basados en algo tan simple como respirar. Pero la respiración es presentada de una manera divertida, con juegos, para poder enganchar a los niños/as. Prosigue entrando en técnicas que perfeccionan la conciencia y se dirigen a aprender a prestar atención. El libro se completa con una serie de capítulos que abarcan (aplicados a los menores) los tópicos principales que la meditación abarca: la conciencia amable (relacionarse de una manera atenta y compasiva), la conciencia sensorial, la sintonización con los demás (aquí es donde meditación y apego se dan la mano y coinciden) y la vida como parte de una comunidad.

Los ejercicios están muy bien diseñados, son creativos y originales y se basan en la experiencia de la autora con niños, no sólo a nivel individual sino también en grupo (pues ella enseña mindfulness en los centros escolares entrando en clase, desde la etapa de infantil) Ha llevado adelante un estudio (el cual lo da a conocer en el libro) que recoge los beneficios observados en los grupos de clases que practicaron estas técnicas. Así pues, sería desde todo punto de vista necesario que este entrenamiento se incluyera en los centros escolares, dentro de la psicomotricidad, por ejemplo.

Para los niños y niñas con trastornos del apego o trauma estimo que son unas técnicas beneficiosas porque ayudan al niño a regular las emociones y la conducta. Los padres y madres o familias (adoptivos, acogida…) podéis dedicar un tiempo a desarrollar estos ejercicios como si fueran juegos. Jugar es vital para el niño, y es un aprendizaje que fomenta su desarrollo y vínculo con los adultos e iguales. Pero… ¿cuánto tiempo dedican los niños a jugar con otros niños o con adultos como sus padres? Creo que muy poco. Y estamos dejando de lado algo fundamental. ¿Cuántos profesores dicen a sus padres que jueguen con sus niños, que los «deberes» de ese día serán jugar con su hijo, por ejemplo, con los ejercicios de mindfulness? Ojalá fueran muchos. En este libro tenemos los principios y las herramientas para ello. Ahora necesitamos plantearnos buscar (ya que estamos a principios de año, época de los grandes propósitos) ese tiempo.

Enlace al post de José Luis Gonzalo haciendo click aquí

Si os apetece leer las primeras páginas aquí os dejamos un enlace para que lo podáis leer en pdf . Una atención de la editorial Desclée de Brouwer.

¿Y si jugamos para aprender mejor? Desarrollo lateral y de habilidades superiores de pensamiento

¿Y si jugamos para aprender mejor? Desarrollo lateral y de habilidades superiores de pensamiento

Por Beatriz G Luna

 

lateralidad

 Es mucho lo que podemos realizar desde la familia para favorecer un adecuado desarrollo neuropsicológico de nuestros hijos, que les ayude en la organización de sus cabecitas y en la adquisición de los aprendizajes. La clave es la constancia, siempre es mejor cinco minutos cada día que cuarenta minutos un día sí y cinco no.

Desarrollo lateral

 

Nuestro cuerpo está atravesado por una línea longitudinal que lo divide en dos mitades -la derecha y la izquierda- y que llega hasta el medio mismo del cerebro, estableciendo dos hemisferios diferenciados pero coordinados entre sí. Para que los aprendizajes puedan darse sin dificultades es preciso, primero, que tengamos conciencia de ambos lados del cuerpo; segundo, que uno de los hemisferios lleve las riendas del funcionamiento el cerebro y tercero, que ambos se coordinen a través de un puente llamado cuerpo calloso.

Los siguientes ejercicios favorecen una adecuada lateralización:

 

• Volteos: 

Hacer la croqueta, dando el mismo número de vueltas hacia ambos lados para tomar conciencia de los dos lados del propio
cuerpo.

 

• Saltos a derecha e izquierda:

Se coloca al niño dentro de un aro o un círculo pintado en el suelo con los pies juntos. Al escuchar palmadas, salta a la derecha; al escuchar
pitos, salta a la izquierda.

DESARROLLOMOTRIZDesarrollo de habilidades superiores de pensamiento 

 

Las funciones ejecutivas (atención, planificación, ejecución, evaluación) están en la parte más sofisticada del cerebro, es la última en madurar, por eso requieren que todas las áreas mencionadas anteriormente se encuentren en buenas condiciones. No obstante, podemos realizar ejercicios para mejorar estas funciones ejecutivas:

 

• ¿Cuál falta?:

Se colocan varios objetos y se le pide que los mire atentamente. Luego, mientras cierra los ojos, se retira uno y ha de identificar cuál falta. También se puede hacer  con lápices de diferentes colores, formas geométricas, etc.

 

• Atasco: 

Es un juego consistente en sacar un coche de un atasco producido por otros coches,  moviéndolos hasta que se consigue desbloquear al coche que tiene que salir. Se puede hacer con tablero, on-line o con otro tipo de materiales que a nosotros se nos ocurran. Favorece la atención, la resolución de problemas, la planificación y la evaluación.

 

A modo de conclusión

 

Estas son sólo algunas ideas que propician la mejora de determinados factores. En muchos casos, sin embargo, será necesario que un especialista evalúe a nuestro hijo y proponga un programa personalizado para que pueda darse una rehabilitación de todos los aspectos que requieren de mejora. Por último recordar que para que pueda llevarse a cabo el aprendizaje es imprescindible que tanto el acto de aprender como el educador (ya sea madre, padre o profesor) han de estar impregnados de una importante carga afectiva pues sólo aquello que es portador de afecto consigue un hueco en nuestra memoria.

¿Y si jugamos para aprender mejor? Habilidades visuales y perceptivas y habilidades auditivas

¿Y si jugamos para aprender mejor? Habilidades visuales y perceptivas y habilidades auditivas

Por Beatriz G Luna

habilidades1El cerebro humano, al nacer, se encuentra inacabado. Si bien en el nacimiento ya está dotado de millones de neuronas, las conexiones que se realicen entre ellas en los primeros años de vida asentarán las bases de la personalidad y de todos los aprendizajes futuros. Esta mente humana está formada por distintas estructuras, algunas muy primitivas y otras increíblemente sofisticadas, y su maduración sigue unas fases de desarrollo que es necesario respetar y cubrir a fin de que la arquitectura cerebral sea lo suficientemente buena como para permitir al niño desplegar todo su potencial emocional y cognitivo, tanto en la primera infancia como en los año sde vida asentarán las bases de la personalidad y de todos los aprendizajes futuros. Esta mente humana está formada por distintas estructuras, algunas muy primitivas y otras increíblemente sofisticadas, y su maduración sigue unas fases de desarrollo que es necesario respetar y cubrir a fin de que la  arquitectura cerebral sea lo suficientemente buena como para permitir al niño desplegar todo su potencial emocional y cognitivo, tanto en la primera infancia como en los años escolares. Cuando ello no ha sido posible -en el caso de muchos niños adoptados, debido a las carencias sufridas en la primera infancia-, es preciso desandar el camino y ofrecer al niño los estímulos que preparan y reparan esas bases neuropsicológicas a fin de que el acceso al lenguaje, al razonamiento lógico, a la lectura, la escritura y a los aprendizajes  matemáticos pueda darse dentro de unas condiciones de normalidad. De este modo, ante un niño que presenta dificultades de aprendizaje, podemos llevar a cabo ejercicios que le provean de los inputs que su  cerebro necesita para organizarse.

A lo largo de sucesivos post vamos a presentar algunas actividades lúdicas y sencillas que se pueden llevar a cabo en el ámbito familiar con los niños y que les serán de gran ayuda para su desarrollo cognitivo.

Habilidades visuales y perceptivas

Dos tercios de la información que llega a nuestro cerebro lo hace por vía visual. Tan necesario es que el ojo esté en buenas condiciones para ver -y si no lo está, que se corrija con gafas o lentes de contacto-, como que la carretera que va del ojo al cerebro funcione correctamente para que seamos capaces de interpretar de manera adecuada lo que vemos. Algunos ejercicios que pueden ayudar a los niños a mejorar su función visual son los siguientes:

• Saltos con lápices de colores:

Se colocan frente al niño dos lápices de diferente color y se pide que los mire alternativamente cuando se le vaya diciendo (azul – naranja – azul…). Se ponen a derecha e izquierda y arriba y abajo.

• Juegos de percepción visual:

Juegos como el tangram, encontrar las diferencias, buscar dibujos ocultos, dónde está el personaje, etc, son de gran ayuda para preparar la visión para la lectura.

Habilidades auditivas

Nuestra voz sólo puede reproducir lo que nuestro oído es capaz de captar. Así pues, si queremos que los niños tengan un buen dominio del lenguaje, tendremos que empezar por entrenar su audición.

• Discriminación auditiva:

El objetivo es conseguir una mejora en la capacidad para distinguir entre sonidos, a fin de detectar las diferencias existentes en el lenguaje oral, tener una adecuada percepción auditiva y poder emitir una respuesta congruente. Se pueden realizar actividades de discriminar entre sonidos de instrumentos musicales: Se colocan frente al niño tres instrumentos de los que hay por casa (pandereta, flauta, maracas, por ejemplo), se le pide que mire para atrás o cierre los ojos y se hace sonar uno de ellos. El niño tiene que decir cuál ha sonado. También se puede hacer con fonemas: se dice un fonema (“mmmm”) sin que el niño nos vea los labios y tiene que señalar cuál ha escuchado (se pueden utilizar las letras que se pegan en la nevera).

Próximamente:   Habilidades táctiles y habilidades motrices

«Esta es tu historia»

Marina Salazar, diseñadora gráfica de Barcelona ha querido compartir con el Instituto Familia y Adopción  un proyecto que funciona como herramienta para ayudar a explicar a los hijos adoptivos sus historias y procedencia.

“Esta es tu historia” es un proyecto de motion graphics que funciona como herramienta para ayudar a explicar a los hijos adoptivos sus historias y procedencia.

Los niños conocen la información pero no saben como ordenarla, además de ser muy importante explicarles que tienen una historia anterior y que no nacieron el día en que les adoptaron. Este vídeo les ayudará a los padres a hablar sobre el tema de una manera natural.

Los niños por naturaleza, tienen millones de preguntas y si tenemos en cuenta que en los casos de adopción se sigue un proceso diferente y su historia no es la misma que la que explican en la escuela (hijos biológicos), esta sería una buena forma de responder y entender su proceso.

El vídeo cuenta la historia verídica de Diana, pero la producción podría aplicarse a tantos niños e historias como hay en el mundo.

Esta es tu historia – Diana from noquedatinte on Vimeo.

Mas información:

http://noquedatinte.com/2014/06/05/diana/