Juegos que unen

Juegos que unen

Por Concepción Martínez Vázquez

 

juegos-que-unenEn el Post anterior el niño vago no existe  recomendábamos el libro Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión” de Aletha Solter . Siempre nos gusta ir un poco más allá de lo que es la mera recomendación y una breve reseña y buscando no tardé en encontrarme con un magnifico post  de Concepción Martínez Vázquez,  le escribí para pedirle permiso para publicarlo en nuestro blog y pese a ser más de las dos de la mañana de manera inmediata me contestó afirmativamente y tuvimos la oportunidad de hablarnos  por chat y pude comprobar la generosidad y simpatía de esta Psicóloga y Pedagoga  que desde su imprescindible blog Resilencia Infantil ,Apego, parentalidad y buen trato  comenta maravillas de este libro y de su escritora, de manera que si no lo conocíais  vais a tener un impulso irrefrenable por hacerlo, al libro que recomendamos y al blog de Conchi Martínez.
Esta entrada debería comenzar diciendo algo así como » De la autora de la Educación Consciente ganadora del post más visitado en menor tiempo arrasando el ranking de lo más leído»(¡en dos semanas más de mil visitas!), como si se tratara del anuncio de una de esas películas cuyo nombre del director parece ya presagiar que lo que se espera es bueno…
Hace dos semanas, en la entrada «Los niños necesitan más nuestra atención y cariño cuando menos lo merecen sus actos» (pincha encima si no la has leído o quieres volver a hacerlo), ya os hablaba de Aletha Solter y su magnífica aportación con su modelo sobre la Educación Consciente que resumí brevemente en la entrada y que queda recogida en tres publicaciones traducidas al castellano que os recomendé.

No os mencioné entonces la última publicación de esta psicóloga suizo-americana (no recuerdo exactamente por qué no lo hice, la verdad), pero esta misma semana, al pasar dentro de una librería de mi ciudad encontré este último libro, el que no citaba en la entrada (supongo que el destino debía saber que merecía un protagonismo especial).

La situación fue así: reviso de izquierda a derecha los estantes de libros cuya temática frecuento y…ahí estaba esperándome el único ejemplar de la tienda, el libro «Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión» (Editorial Medici, 2013 la edición española traducida por Laura Díaz de Entresotos).

Tras la estupenda emoción de reconocerlo, le sigue la excitante acción de leer el índice para ver los contenidos, y… sin palabras.

Tres partes.

Y ya en la primera, que se llama «Primeros pasos», el primer punto se titula «Introducción al juego de apego»…le sigue «Los nueve tipos de juego de apego»…»Directrices generales»…»Cuando le resulta difícil jugar (al padre/madre)».

¡Una joya!. Encontré un tesoro.

En la segunda parte del libro se dedica un importante apartado al Juego de Apego para resolver problemas de disciplina, tocando aspectos como la introducción la disciplina no punitiva, el enfado y agresión, rivalidad entre hermanos, etc.

La tercera parte del libro es más específica sobre el Juego de Apego para ayudar a los niños en momentos difíciles como el divorcio de los padres,el estrés escolar, fobias y ansiedades, enfermedades, accidentes y hospitalización, etc.

Lo que más me gusta: la base teórica de este libro es la teoría del apego.

La autora, después de más de 25 años de experiencia recoge un compendio de juegos para padres e hijos a los que llama juegos de apego.

Según Aletha, el juego de apego tiene algunas particularidades que lo diferencian de los juegos tradicionales: está centrado en el/la niño/a y busca fortalecer la conexión, a menudo involucra la risa, no requiere de ningún equipamiento especial y puede tener ligar en cualquier parte, en cualquier momento; no es competitivo y no tiene reglas fijas.

Se dirige a padres y madres de niños y niñas desde el nacimiento a los doce años.

Aletha establece que hay nueve tipos de juegos de apego:

1) Juego no directivo centrado en el/la niño/o: Ayuda a los niños y niñas a sentirse reconocidos, seguros y amados. Especialmente útiles para reconectar después de experiencias estresantes o separaciones, para ayudar a curarse del trauma o simplemente para fortalecer la conexión con ellos/as.
2) Juego simbólico con objetos o temas específicos: Efectivo para ayudar a los/as niños/as a curarse del trauma o afrontar problemas conductuales.
3) Juegos de causa y efecto: Promueven la conexión, aumentan la confianza, transmiten aceptación,crean una sensación de fortalecimiento y establecen una reconfortante sensación de predecibilidad.
4) Juego de tonterías: Especialmente útiles para niños/as que tienen miedo de cometer errores.
5) Juegos de separación: Ayudan a los/las niños/as a lidiar de forma divertida con las separaciones diarias tales como ir al colegio, a superar emociones aterradoras resultantes de pérdidas o separaciones anteriores o incluso el miedo al abandono después del divorcio de los padres.
6) Juegos de inversión de poder: El adulto finge ser débil, torpe, estúpido, estar enfadado o asustado y eso ayuda al niño/a.
7) Juegos de regresión: Ayudan tanto a fortalecer la conexión como para la curación,por ejemplo después del nacimiento de un hermanito, o para papás adoptivos, al proporcionar la experiencia de ser cuidados amorosamente ayudando así a resolver el abandono o separación anteriores.
8) Actividades de contacto corporal: El juego fomenta el contacto físico y ayuda a reparar relaciones padres/madres-hijos/as, se experimenta un sensación de valía intrínseca, de seguridad, de pertenencia.
9) Juegos y actividades cooperativos: Fortalecen la conexión, útiles para conseguir cooperación, para niños y niñas que hacen trampas y para problemas conductuales derivados de la rivalidad entre hermanos o de un divorcio.

Copadre e hijo[1]mo veis una estructuración clara de juegos que tienen como finalidad fortalecer el apego y solucionar problemas de conducta en los niños y niñas mediante un enfoque de disciplina ni autoritario ni permisivo, mediante un planteamiento no punitivo que utiliza la risa, el contacto físico, la comunicación, el intercambio de roles, etc.

Muchos son los libros que existen en el mercado en los que, desde una perspectiva claramente conductual, pretenden ofrecer a padres y madres «recetas» para el manejo de la conducta. Y no es que yo menosprecie el valor de muchas de estas técnicas que incluso aplico y recomiendo en algunas ocasiones dependiendo de los objetivos a trabajar (soy por tanto lectora y seguidora de este tipo de publicaciones), sino que soy de la opinión de que un planteamiento educativo y de crianza ha de llevar la afectividad como abanderada muy por encima una aplicación a rajatabla de técnicas para tratar los indicadores conductuales que puedan presentar los niños y niñas en un momento dado.

De hecho, muchos de estos problemas de comportamiento no aparecerían si se trabajara, desde la prevención, juegos como los que describe Aletha Solter en su libro (dejando de lado que cada niño/a es un mundo y hay casos concretos que con el amor y atención incondicional sólo no es suficiente).

Detrás de una conducta hay siempre una emoción y muchas veces no coinciden de manera manifiesta, es decir, un/a niño/a con miedo de ser poco querido puede mostrar una conducta no propia de miedo, sino de enfado,y los padres abordar el tema con castigos y riñas entendiendo que lo que quiere es únicamente fastidiar.

Pero además, pienso que la aplicación estricta y única de métodos conductuales en niños y niñas que han pasado por terribles experiencias traumáticas de abandono o maltrato, o que han visto conflictos en su entorno que no pueden integrar como violencia familiar, no hacen más que reconfirmar sus expectativas sobre los adultos en tanto que poco confiables y causantes de un dolor añadido. No puedo imaginarme a ninguno de nosotros/as, los mayores, llevando una mochila llena de experiencias aterradoras de miedo, rabia e impotencia, acatando sin más rígidas pautas, establecidas incluso a veces por profesionales, cuando lo que necesitamos es que nos escuchen, nos quieran y nos den seguridad. Lo que decía la frase…con las mejores intenciones, se obtienen los peores resultados.

Tampoco una educación excesivamente flexible es apropiada para ningún niño o niña. Al principio puede parecer muy positivo evitar cualquier riña, educar el libertad, el «laissez-faire» mal entendido…cuando lo que los niños necesitan son guías y límites que les ayuden en su camino. ¿Os imagináis atravesando un puente de madera largo y estrecho sin barandillas a los lados?

Afecto, juego, límites, normas, comunicación… Aletha ofrece un modelo, que seguro que no es ni el mejor ni el único. Leyendo el libro yo también me sorprendo al ver algún tipo de juego que propone como por ejemplo cuando plntea pasar tiempo con el niño/ gritando palabrotas juntos y riendo precisamente para eliminar esta conducta ¿?¿?¿? Claro, lo primero que se piensa es que hacer eso puede hacer que lo haga con mayor frecuencia y en otros contextos. Aletha explica que si se usa como ella indica «empezará a usar el lenguaje ofensivo más como una invitación a jugar con usted y menos como una manera de sentirse poderoso, impresionar a otros o expresar enfado. El juego y la risa disminuirán la tensión o la vergüenza conectadas con estas palabras…»

Controvertido, si. Se puede o no estar de acuerdo, pero al menos nos hace pensar desde argumentos nada desdeñables.de

 

El niño vago no existe

El niño vago no existe

Por Mercedes Moya

Las estadísticas son demoledoras: uno de cada cinco estudiantes no comprende lo que lee y falla en todas las materias. Un grave problema que hay que detectar a tiempo porque puede conducir al abandono de los estudios.

Cuando me dirijo a recoger las notas de mi hija (6º de primaria) en el pasillo del colegio me cruzo con otra madre con la cara desencajada: “Mi hijo tiene que repetir….” me dice.
Pero ¿es esta una solución si no se cambia el modo de enseñar al estudiante?
 
No es nada nuevo, un niño va a la escuela y le enseñan a leer, reconoce las letras, se las aprende de memoria e incluso es capaz de leer las palabras y las frases correctamente pero no se entera de lo que está leyendo… solo emite sonidos que no tienen en realidad ningún contenido para él. Con los problemas de matemáticas es aún peor porque es incapaz de descifrar qué es lo que le están pidiendo y “La lectura es un proceso de interpretación, no solo de recepción, y para que pueda desarrollarse posteriormente una lectura adecuada en las edades tempranas, son necesarios algunos requisitos: percepción, atención, representación, comparación con el conocimiento previo, procesamiento de la información, memoria, vocabulario, estructuración, entre otros». (Jara Acín, psicóloga infantil)
 

¿Y qué sucede cuando la función ejecutiva del niño está dañada?

Pues que es un puzzle difícil de completar. Los problemas de atención tengan la etimología que tengan tienen consecuencias en las aulas. Suelen generar dificultades de aprendizaje (lectura expresiva, comprensión lectora, escritura y cálculo) y, a largo plazo, fracaso escolar.
 
Según el doctor José Ramón Valdizán, jefe de servicio de Neurofisiología de la Clínica del hospital Miguel Servet de Zaragoza ”No existe el niño vago” “Hay que eliminar de nuestro vocabulario la palabra “vago”. Y no existe el niño vago, porque para serlo hay que tener un concepto del trabajo, una organización, un cerebro maduro…” 
 
Así que cuando un niño dice que no quiere ir al colegio tenemos que prestar mucha atención a lo que sucede. Detrás puede haber problemas específicos de aprendizaje, trastornos del neurodesarrollo, deficiencias visuales o auditivas, malos hábitos de estudio, alteraciones emocionales o incluso apatía y desinterés por las materias que se imparten. Todas estas causas inciden en su rendimiento y no puede seguir el ritmo escolar normal. 
 
En un mundo ideal la solución sería una enseñanza más participativa. La solución para evitar a la larga el fracaso escolar es ofrecer a los niños una enseñanza que les interese. En este sentido, la psicóloga Jara Acín coincide con que “habría que crear grupos y clases activas. El esfuerzo de los tutores iría encaminado a estar atentos a las particularidades y aptitudes de cada alumno y reforzar aquello que se le da bien». Pero la realidad a veces es muy diferente. Incluso hay algunos maestros que atienden a aquellos con más aptitudes y a los demás los dejan arrinconados. El alumno lo interioriza y se va encerrando en sí mismo. Al final actúa como se espera que lo haga. Y pasa igual con los que tienen fama de traviesos, es la profecía de obligado cumplimiento. Y sucede si no se detecta y no se corrige (al educador) a tiempo.
Hay que estar más que atento. A veces basta con darte cuenta de que algo está pasando y puede ser tan sencillo como que tu hijo no entienda lo que lee y se encuentre frustrado y avergonzado (el caso de mi hijo al principio de este curso en 1º de primaria) o por acuciarle y querer imprimir un ritmo más acelerado para lo que el niño pueda estar preparado, a veces el problema reside en la falta de madurez para asimilar lo que  se le pide porque no está adecuado su desarrollo madurativo  («La mayor parte de los fracasos nos viene por querer adelantar la hora de los éxitos» que decía Amado Nervo) pero a lo peor puede ser algo más complejo.
Una dificultad de aprendizaje o algo más serio no se puede diagnosticar solo por un síntoma sino que hay que hacer una buena historia clínica desde los primeros años y debe de intervenir un equipo de profesionales para tratar a cada niño de forma particular y adecuada. 

 

Fuera de la escuela

 

Capítulo aparte son las actividades extraescolares. Hay que exponer a nuestros hijos al éxito, si tenemos que completar su horario con actividades, llevarles a aquellas cosas en las que el niño se divierta y destaque, ya son suficientes horas de inglés, matemáticas o lo que quiera que sea en lo que el niño fracase, pero aún sería mejor que esas horas las dedicaran simplemente a jugar,  porque para que un niño aprenda debe jugar mucho, porque el niño que juega aprende mejor. en nuestro sistema lleno de deberes y de actividades no se le acaba de dar al juego y al esparcimiento la importancia que tiene.
 

Y ahora una pregunta de las de «para nota»… ¿Tu hijo sabe jugar?

 

Son frecuentes los comentarios de madres de niños que han sido adoptados que se preocupan porque sus hijos no juegan , o juegan solos o si juegan tienen que estar acompañados por ellas.
Pues una vez más nos corresponde a los padres desarrollar esta habilidad social de la que muchos de nuestros hijos parecen estar exentos.Hay niños que para sus juegos requieren nuestra atención completa, si no no juegan , pero esto no debe llevarnos a engaño: que el niño no quiera separarse de nosotros no es que esté apegado a nosotros de una forma sana y con un vínculo afectivo sólido, sino que tiene tanto miedo a ser de nuevo abandonado que no quiere perdernos de vista, es decir no se siente seguro y puede que esta sea la razón que le impide explorar su entorno (aprender), jugar con otros niños o hacerlo sólo sin miedo. En ocasiones confundimos “jugar solos” con “estar solos”, el juego individual es necesario pero no tiene porqué significar que el niño esté sólo en su habitación y se sienta «apartado».
 

Un libro que puede resultar de gran ayuda:

 

 
«Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión»  de la Editorial Medici.
Reseña:
Juegos que unen te ayudará a solucionar los problemas de disciplina con niños desde el nacimiento hasta los doce años, sin utilizar castigos ni recompensas. 
El libro ahonda bajo la superficie de los conflictos típicos abordando las emociones subyacentes que pueden conducir al comportamiento difícil.
Este divertido y revolucionario enfoque para padres os mostrará cómo: Conseguir la cooperación evitando al mismo tiempo las luchas de poder. Reducir la rivalidad entre hermanos y el comportamiento agresivo. Solucionar los problemas con los deberes e irse a la cama. Ayudar a tus hijos a superar sus miedos. Fortalecer la conexión con tus hijos. Llenar tu casa de risas y alegrías.
 
El verano ha llegado y el curso se acabó en este paréntesis tenemos que procurarles a nuestros hijos experiencias nuevas y gratificantes y -bien formulado-, darles ocasiones para aprender a comprender y divertirse haciéndolo , verbos que no son incompatibles ni siquiera en verano.

 

Próximo post : «Juegos que unen, juegos de apego» , Por Concepción Martínez Vázquez, Psicóloga y Pedagoga  que desde su imprescindible blog Resilencia Infantil , Apego, parentalidad y buen trato compartirá con nosotros un ameno e interesante  resumen  del libro que proponemos como lectura para estas vacaciones: «Juegos que unen»  de la Doctora Aletha J. Solter
Notas escolares y resultados emocionales

Notas escolares y resultados emocionales

maestrosMuchos niños han acabado el colegio y o bien ya las han recibido o están esperando las notas. Es un momento difícil porque  estas no van a reflejar los verdaderos esfuerzos de nuestros hijos, ni sus logros, ni sus esfuerzos, aún cuando las calificaciones sean excelentes en ningún caso reflejarán la realidad de lo conseguido. Cada evaluación, cada asignatura se valorará con unos números que nada tienen que ver con lo que nuestros hijos han trabajado con  sus aprendizajes, con las lecciones emocionales que hayan podido asimilar .

 

 Los problemas no son por ser adoptados sino por haber sido abandonados o haber estado institucionalizados. 

La adopción, hay que precisar que no es, generalmente,  lo que causa los problemas a los niños en el colegio sino en todo caso las dificultades vienen derivadas de lo que han vivido antes de ser adoptados o tal vez de la manera en cómo ellos viven la adopción. Por eso no todos los niños que han sido adoptados tienen problemas en la escuela, y si acusan problemas de aprendizaje es  debido a la falta de estímulos o a la deprivación que sufrieron anteriormente a haber sido adoptados.

Por otro lado, los padres, debiéramos de tener muy claras las capacidades reales de nuestros hijos en el momento en el que se encuentran, tenemos que ser conscientes de lo que nuestros hijos se han esforzado o de las limitaciones emocionales que les han condicionado durante el curso: si han sufrido algún impacto emocional (en niños pequeños entender que significa por ejemplo, no haber estado en la barriga de mamá) evaluar por qué momento atraviesan en su relación con sus seres más próximos, si sienten seguridad emocional y afectiva, y si su autoestima, por lo general poco reforzada, atraviesa por algún momento especialmente delicado. Tenemos que ser conscientes de lo que nuestros hijos se han esforzado o de las limitaciones emocionales que les han condicionado durante el curso. Cada día, desde septiembre, y valorarlo. Nadie mejor que nosotros sabemos cuánto vale un pequeño avance, un síntoma de desarrollo madurativo, una buena disposiciónante los retos o el coraje con que enfrentan sus miedos y sus frustraciones cada día.

Valoremos sus logros épicos y no nos quedemos con sus sistematizadas calificaciones.

Los padres queremos que nuestros hijos lleguen a desarrollar todas las capacidades y nos gustaría que estas fueran acompasadas con su edad cronológica, pero en un gran número de casos esto no suele ser así, por lo que tenemos que ajustar nuestras expectativas a la capacidad que nuestro hijo ostente en este momento. Priorizar sus logros y valorarlos en su justa medida tal vez nos competa a nosotros y deberemos saber hacerlo por encima de sistemas educativos y de educadores.

Pero no todos los padres asimilan unas bajas calificaciones de la misma forma y  ayudarles  existen manuales como Adoptar, integrar y educar es una guía de orientación para educadores y familias que trata de reflejar todo esto y ofrece las siguientes pautas y consejos.

 

Los padres y el aprendizaje

 

padres1Los educadores deberían percibir las emociones que el aprendizaje de los hijos despierta en los padres adoptantes. Para algunos de estos padres resulta difícil aceptar que su hijo tiene dificultades para aprender. Pueden llegar a sentirse responsables del problema y percibir que de alguna manera han fracasado. No han fracasado, y la escuela puede ayudarles a comprender esto. No es aconsejable que se dejen llevar por su angustia. Esta actitud puede transmitir al niño la idea de que están sufriendo por él.

Los padres, en algunos casos, pueden mostrar un sentimiento de enfado hacia el niño porque interpretan sus dificultades como una crítica a su forma de crianza.

El hecho que el niño necesite ayuda especial quizás les avergüence y pueden considerarlo como una desvalorización de su capacidad para ser padres. El niño puede percibir esta situación y sufrir, sentir que defrauda las expectativas depositadas en él, y actuar, en consecuencia, mostrando conductas violentas o de retraimiento.

En ocasiones, los padres adoptivos pueden estar sobre involucrados en el desarrollo y en la educación de sus hijos.

Los niños se sienten bien con ellos mismos cuando el medio les proporciona apoyo y seguridad. Si el entorno del niño se muestra  demasiado crítico, el niño se sentirá incapaz de realizar una tarea.

En todos los casos, y más aún en estas situaciones, los educadores deben ayudar a los padres a aceptar a sus hijos y hacerles sentirse bien con ellos mismos a pesar de sus limitaciones.

Los maestros pueden ayudar a los padres a:

 (Aunque desgraciadamente en muchas ocasiones somos los padres los que intentamos que los maestros entiendan)

Aceptar las limitaciones de sus hijos.

Descubrir sus habilidades.

Aceptar las aptitudes de sus hijos.

Comprender que las habilidades de sus hijos pueden ser distintas de las de ellos.

Valorar los éxitos en función de las capacidades y limitaciones de sus hijos.

Apoyar y elogiar los éxitos, por pequeños que sean.

Ayudar a sus hijos para que acepten sus dificultades y que se sientan orgullosos de sus logros y habilidades.

Aceptar a sus hijos tal como son, entonces ellos se sentirán libres para ser ellos mismos. Así surgirán sus capacidades.

 

Apego y aprendizaje van unidos

 

Es necesario valorar la cantidad y dificultad de los aprendizajes, teniendo en cuenta la situación particular de cada niño, y ser realistas con los objetivos y ritmos de aprendizaje, que deben ser acordes a la madurez de cada niño en particular.

Alaprendizaje33gunos de los niños pueden reclamar más atención y protección que el resto de la clase.

Hay que alabar sus  logros, por pequeños que puedan parecer, mostrándoles constantemente que se les valora, animarles para que sean más productivos.

Los niños no suelen presentar avances académicos hasta que no se sienten suficientemente seguros y apoyados en el nuevo entorno, y hasta que no han sido capaces de comprender la nueva lengua y todo aquello que les rodea.

Cuando los niños se sienten seguros se atreven  a explorar, a entrar en contacto con su ambiente y pueden aprender. En caso contrario, sus energías sólo se centran en la supervivencia.

 

El niño debe sentirse un individuo querido y deseado, así su actitud frente a lo desconocido será la de indagar y explorar lo que le rodea, sólo así podrá aprender.

Algunos niños pueden presentar un nivel inicial más bajo en su desarrollo, como resultado de sus carencias emocionales y ello puede tener repercusiones en su desarrollo global, en su seguridad y en el aprendizaje.

 

Esta guía para padres y educadores, consta de diez capítulos en 87 páginas,  y hace el siguiente resumen de este capítulo :

La falta de seguridad afectiva afecta a la capacidad de atención, de concentración y de memorización.

La dificultad para aceptar normas y límites guarda estrecha relación con el proceso de vinculación.
Lenguaje es comunicación, si los niños no han tenido posibilidades de interaccionar difícilmente hayan desarrollado conductas comunicativas.
Familia y educadores han de actuar coordinadamente en la valoración de los logros y dificultades de los niños para facilitar el desarrollo de todas sus capacidades.
Es necesario valorar la cantidad y dificultad de los aprendizajes que se proponen al niño según sus características particulares para establecer los objetivos y ritmos de aprendizaje acordes a su madurez.

Autores Lila Parrondo, Ana García, Mónica Orozco, María José Vidaurrázaga)

 Adoptar, integrar y educar es una guía de orientación para educadores y familias del Instituto Madrileño de la Familia y el Menor publicada en el año 2007 por la Consejería de Asuntos Sociales.

Muchos profesores empiezan a demostrar  sensibilidad con el tema del duro aprendizaje  de nuestros niños, pero para muchos padres este curso que termina les habrá parecido cada tutoría, cada nota en la agenda, como estrellarse con un muro infranqueable. Algunos de nuestros hijos repetirán maestr@s el curso que viene, otros estrenaran colegio y/o maestr@ ¿No sería una buena idea que  estas vacaciones los profesores se tomaran un tiempo para repasar este tipo de guías tan útiles y que contienen una información tan necesaria?

Generación con ADN digital

Generación con ADN digital

adn1Por Arantxa Ruiz


En casa de Iván, de siete años, el ratoncito Pérez nunca ha sido invitado. Sus dientes fueron a parar a un limbo impreciso, más prosaico y menos encantado que los de sus compañeros de clase. Tal vez por ello, cuando se le pregunta qué es un ratón, el niño, muy circunspecto, responde que “el aparatito conectado al ordenador que me ayuda a mover mi mano para jugar a Urban Rivals, entrar en Habbo o utilizar mis videojuegos”.

 

No es que su abnegada maestra haya olvidado enseñar en clase de cono los mamíferos. Se trata de que Iván utiliza la más familiar y proxémica acepción de la palabra. Hace tiempo que los padres de Iván han observado que su hijo emplea
un léxico arcano, entremezclado con el que ellos mismos le enseñaron, que entienden a medias o nada. Intuyen que tal lenguaje pertenece a un universo en el que el niño, reencarnado en avatar, pasa buena parte de su tiempo, al que no pueden o no saben acceder. Algo parecido sucede con su hija Lucía. La chica, de 16 años, que parece no mostrar especiales habilidades en ninguna disciplina concreta, revela sin embargo, una extraordinaria competencia digital. Colgada de su móvil, envía SMS, hace fotos y las comparte con el bluetooth, se baja politonos, escucha música… El correo electrónico le parece anticuado. En revancha, se mueve como pez en el agua de los entresijos virtuales de messenger, tuenti y fotolog. Se está construyendo su propio blog, dedicado al tektonik. Ve y cuelga vídeos en youtube. Juega a los SIMS y al Imperium. El profesor de inglés le comunica, a ella y a sus compañeros, las tareas a realizar durante la semana en su web personal que ha realizado en la plataforma moodle. Su grupo está realizando una webquest sobre las leyendas celtas irlandesas. Ninguna mamá tiene que preparar la merienda para el equipo. Este no necesita reunirse físicamente: usan el chat y comparten sus investigaciones en wiki y así, cada semana, van completando la información.

Este es el oxígeno tecnocultural que respiran nuestros niños y jóvenes. Cinco años más y Lucía será una de las graduadas universitarias que habrá pasado unas 5.000 horas de su vida leyendo, pero cerca de 10.000 horas jugando a videojuegos (y unas 20.000 horas viendo TV). Sin lugar a dudas, tanto ella como su hermano son ejemplo de lo que los entendidos han dado en llamar nativos digitales, generación N (iNternet) o D (digital). El término fue acuñado por Mark Prensky en 2001 y sus tesis se resumen de la siguiente manera: las generaciones nacidas en las dos últimas décadas han crecido con Internet, los videojuegos, los CD, el vídeo, el teléfono móvil, etc. Estas tecnologías ya estaban ahí cuando ellos nacieron y las incorporaron con total naturalidad a su entorno, de la misma forma que hicimos con los coches, el televisor y los ultracongelados las generaciones vivas anteriores. Arrebatado por la magnitud del descubrimiento, Prensky –y otros más- va mucho más lejos: no solamente se trata de la total familiaridad con la que esta generación usa las tecnologías digitales — de ahí la denominación de nativos digitales — sino que, además, y basándose en estudios de neurociencia, su forma de pensar, la estructura física misma de su cerebro, es distinta a la de los inmigrantes digitales, muchos de nosotros que aprendimos y nos formamos en un mundo fundamentalmente analógico.

El autor distingue hasta 17 comportamientos diferentes entre los dos grupos. Los nativos digitales aman la velocidad en la gestión de la información. Les encanta hacer varias cosas al mismo tiempo. Son multitasking y en muchos casos multimedia. Prefieren el universo gráfico al textual. Eligen el acceso aleatorio e hipertextual en vez del lineal. Funcionan mejor cuando operan en red y lo que más aprecian es la gratificación constante y las recompensas permanentes. Pero, sobre todo, prefieren los juegos al trabajo serio y envarado. Los nativos son capaces de crear los instrumentos que utilizan. Y cuando no los crean, utilizan de manera particular los que están a su alcance. Son usuarios y productores de herramientas -prosumidores activos- en clara oposición al concepto de consumidores pasivos. Usan una peculiar ortografía en los SMS, manejan mensajerías instantáneas o diálogos simultáneos, y se comunican por fragmentos, mientras nosotros los inmigrantes tendemos a completar una conversación con una persona antes de pasar a otra. Se envían e-cards para sus cumpleaños. No revelan sus fotos, sino que las publican. Prefieren suscribirse a los RSS de los podcast que sintonizar la radio. No sólo venden y compran en línea. Encuentran empleos, amigos y hasta parejas. Su relación con la información es diferente. No buscan en una biblioteca, sino que googlean. En contraste con sus padres, que preferíamos guardar en secreto cualquier información, a los nativos digitales les encanta compartir y distribuir la información en cuanto la reciben. ’Compartir el conocimiento es poder’ constituye su lema según señala Prensky. Los blogs de los inmigrantes más tecno son principalmente un instrumento para compartir conocimientos intelectuales. Los nativos prefieren compartir emociones.

Frente a los antiguos y lineales juegos electrónicos, estos nativos prefieren aquellos más complejos que implican la participación y la coordinación de decenas, miles de jugadores, en juegos de rol en línea. Quienes juegan crean sus herramientas o sus armas. Inventan espacios, universos y juegos enteros. No sólo utilizan la tecnología: se la apropian.

Aparentemente el cambio va manifestándose a grandes velocidades. Manejan sus tiempos de una forma diversificada y casi instantánea, nacen y conviven con la tecnología como una relación natural para la comunicación o el esparcimiento, hasta el punto de crearse toda una identidad digital. Viven el presente con intensidad sin reparar en la noción de proyecto a largo plazo o concepto de proceso, porque están habituados a obtener todo con uno o dos “clic”. Y no hablan un código cifrado: simplemente, son palabras nuevas. En suma, los inmigrantes digitales participan de la red, mientras que los nativos viven en ella.

A la vista de este perfil, la cuestión que preocupa a los educadores, tanto en el seno de la familia como en la escuela, es la siguiente: En ese universo donde en general los adultos jugamos de visitantes, y de locales los niños ¿qué lugar le queda al educador, padre, madre o maestro inmigrante tecnológico, frente al pequeño sabio digital?