Juegos que unen

Juegos que unen

Por Concepción Martínez Vázquez

 

juegos-que-unenEn el Post anterior el niño vago no existe  recomendábamos el libro Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión” de Aletha Solter . Siempre nos gusta ir un poco más allá de lo que es la mera recomendación y una breve reseña y buscando no tardé en encontrarme con un magnifico post  de Concepción Martínez Vázquez,  le escribí para pedirle permiso para publicarlo en nuestro blog y pese a ser más de las dos de la mañana de manera inmediata me contestó afirmativamente y tuvimos la oportunidad de hablarnos  por chat y pude comprobar la generosidad y simpatía de esta Psicóloga y Pedagoga  que desde su imprescindible blog Resilencia Infantil ,Apego, parentalidad y buen trato  comenta maravillas de este libro y de su escritora, de manera que si no lo conocíais  vais a tener un impulso irrefrenable por hacerlo, al libro que recomendamos y al blog de Conchi Martínez.
Esta entrada debería comenzar diciendo algo así como » De la autora de la Educación Consciente ganadora del post más visitado en menor tiempo arrasando el ranking de lo más leído»(¡en dos semanas más de mil visitas!), como si se tratara del anuncio de una de esas películas cuyo nombre del director parece ya presagiar que lo que se espera es bueno…
Hace dos semanas, en la entrada «Los niños necesitan más nuestra atención y cariño cuando menos lo merecen sus actos» (pincha encima si no la has leído o quieres volver a hacerlo), ya os hablaba de Aletha Solter y su magnífica aportación con su modelo sobre la Educación Consciente que resumí brevemente en la entrada y que queda recogida en tres publicaciones traducidas al castellano que os recomendé.

No os mencioné entonces la última publicación de esta psicóloga suizo-americana (no recuerdo exactamente por qué no lo hice, la verdad), pero esta misma semana, al pasar dentro de una librería de mi ciudad encontré este último libro, el que no citaba en la entrada (supongo que el destino debía saber que merecía un protagonismo especial).

La situación fue así: reviso de izquierda a derecha los estantes de libros cuya temática frecuento y…ahí estaba esperándome el único ejemplar de la tienda, el libro «Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión» (Editorial Medici, 2013 la edición española traducida por Laura Díaz de Entresotos).

Tras la estupenda emoción de reconocerlo, le sigue la excitante acción de leer el índice para ver los contenidos, y… sin palabras.

Tres partes.

Y ya en la primera, que se llama «Primeros pasos», el primer punto se titula «Introducción al juego de apego»…le sigue «Los nueve tipos de juego de apego»…»Directrices generales»…»Cuando le resulta difícil jugar (al padre/madre)».

¡Una joya!. Encontré un tesoro.

En la segunda parte del libro se dedica un importante apartado al Juego de Apego para resolver problemas de disciplina, tocando aspectos como la introducción la disciplina no punitiva, el enfado y agresión, rivalidad entre hermanos, etc.

La tercera parte del libro es más específica sobre el Juego de Apego para ayudar a los niños en momentos difíciles como el divorcio de los padres,el estrés escolar, fobias y ansiedades, enfermedades, accidentes y hospitalización, etc.

Lo que más me gusta: la base teórica de este libro es la teoría del apego.

La autora, después de más de 25 años de experiencia recoge un compendio de juegos para padres e hijos a los que llama juegos de apego.

Según Aletha, el juego de apego tiene algunas particularidades que lo diferencian de los juegos tradicionales: está centrado en el/la niño/a y busca fortalecer la conexión, a menudo involucra la risa, no requiere de ningún equipamiento especial y puede tener ligar en cualquier parte, en cualquier momento; no es competitivo y no tiene reglas fijas.

Se dirige a padres y madres de niños y niñas desde el nacimiento a los doce años.

Aletha establece que hay nueve tipos de juegos de apego:

1) Juego no directivo centrado en el/la niño/o: Ayuda a los niños y niñas a sentirse reconocidos, seguros y amados. Especialmente útiles para reconectar después de experiencias estresantes o separaciones, para ayudar a curarse del trauma o simplemente para fortalecer la conexión con ellos/as.
2) Juego simbólico con objetos o temas específicos: Efectivo para ayudar a los/as niños/as a curarse del trauma o afrontar problemas conductuales.
3) Juegos de causa y efecto: Promueven la conexión, aumentan la confianza, transmiten aceptación,crean una sensación de fortalecimiento y establecen una reconfortante sensación de predecibilidad.
4) Juego de tonterías: Especialmente útiles para niños/as que tienen miedo de cometer errores.
5) Juegos de separación: Ayudan a los/las niños/as a lidiar de forma divertida con las separaciones diarias tales como ir al colegio, a superar emociones aterradoras resultantes de pérdidas o separaciones anteriores o incluso el miedo al abandono después del divorcio de los padres.
6) Juegos de inversión de poder: El adulto finge ser débil, torpe, estúpido, estar enfadado o asustado y eso ayuda al niño/a.
7) Juegos de regresión: Ayudan tanto a fortalecer la conexión como para la curación,por ejemplo después del nacimiento de un hermanito, o para papás adoptivos, al proporcionar la experiencia de ser cuidados amorosamente ayudando así a resolver el abandono o separación anteriores.
8) Actividades de contacto corporal: El juego fomenta el contacto físico y ayuda a reparar relaciones padres/madres-hijos/as, se experimenta un sensación de valía intrínseca, de seguridad, de pertenencia.
9) Juegos y actividades cooperativos: Fortalecen la conexión, útiles para conseguir cooperación, para niños y niñas que hacen trampas y para problemas conductuales derivados de la rivalidad entre hermanos o de un divorcio.

Copadre e hijo[1]mo veis una estructuración clara de juegos que tienen como finalidad fortalecer el apego y solucionar problemas de conducta en los niños y niñas mediante un enfoque de disciplina ni autoritario ni permisivo, mediante un planteamiento no punitivo que utiliza la risa, el contacto físico, la comunicación, el intercambio de roles, etc.

Muchos son los libros que existen en el mercado en los que, desde una perspectiva claramente conductual, pretenden ofrecer a padres y madres «recetas» para el manejo de la conducta. Y no es que yo menosprecie el valor de muchas de estas técnicas que incluso aplico y recomiendo en algunas ocasiones dependiendo de los objetivos a trabajar (soy por tanto lectora y seguidora de este tipo de publicaciones), sino que soy de la opinión de que un planteamiento educativo y de crianza ha de llevar la afectividad como abanderada muy por encima una aplicación a rajatabla de técnicas para tratar los indicadores conductuales que puedan presentar los niños y niñas en un momento dado.

De hecho, muchos de estos problemas de comportamiento no aparecerían si se trabajara, desde la prevención, juegos como los que describe Aletha Solter en su libro (dejando de lado que cada niño/a es un mundo y hay casos concretos que con el amor y atención incondicional sólo no es suficiente).

Detrás de una conducta hay siempre una emoción y muchas veces no coinciden de manera manifiesta, es decir, un/a niño/a con miedo de ser poco querido puede mostrar una conducta no propia de miedo, sino de enfado,y los padres abordar el tema con castigos y riñas entendiendo que lo que quiere es únicamente fastidiar.

Pero además, pienso que la aplicación estricta y única de métodos conductuales en niños y niñas que han pasado por terribles experiencias traumáticas de abandono o maltrato, o que han visto conflictos en su entorno que no pueden integrar como violencia familiar, no hacen más que reconfirmar sus expectativas sobre los adultos en tanto que poco confiables y causantes de un dolor añadido. No puedo imaginarme a ninguno de nosotros/as, los mayores, llevando una mochila llena de experiencias aterradoras de miedo, rabia e impotencia, acatando sin más rígidas pautas, establecidas incluso a veces por profesionales, cuando lo que necesitamos es que nos escuchen, nos quieran y nos den seguridad. Lo que decía la frase…con las mejores intenciones, se obtienen los peores resultados.

Tampoco una educación excesivamente flexible es apropiada para ningún niño o niña. Al principio puede parecer muy positivo evitar cualquier riña, educar el libertad, el «laissez-faire» mal entendido…cuando lo que los niños necesitan son guías y límites que les ayuden en su camino. ¿Os imagináis atravesando un puente de madera largo y estrecho sin barandillas a los lados?

Afecto, juego, límites, normas, comunicación… Aletha ofrece un modelo, que seguro que no es ni el mejor ni el único. Leyendo el libro yo también me sorprendo al ver algún tipo de juego que propone como por ejemplo cuando plntea pasar tiempo con el niño/ gritando palabrotas juntos y riendo precisamente para eliminar esta conducta ¿?¿?¿? Claro, lo primero que se piensa es que hacer eso puede hacer que lo haga con mayor frecuencia y en otros contextos. Aletha explica que si se usa como ella indica «empezará a usar el lenguaje ofensivo más como una invitación a jugar con usted y menos como una manera de sentirse poderoso, impresionar a otros o expresar enfado. El juego y la risa disminuirán la tensión o la vergüenza conectadas con estas palabras…»

Controvertido, si. Se puede o no estar de acuerdo, pero al menos nos hace pensar desde argumentos nada desdeñables.de

 

Relaciones Tóxicas

Relaciones Tóxicas

Por Marga Muñiz Aguilar

 

toxica1Cuando hablamos de relaciones tóxicas confrecuencia pensamos en relaciones de pareja, pero en realidad este tipo de relaciones se puede dar en cualquier ámbito social: entre amigos, entre padres e hijos, entre compañeros de trabajo, entre jefe y empleado. Se trata de relaciones en las que las dos partes, o una de ellas, se siente atrapada y de las que resulta difícil salir.

 

 

Según el diccionario, el término tóxico se usa para designar y calificar todos aquellos elementos o sustancias que resultan nocivos para un organismo. Las relaciones humanas se pueden inscribir dentro de este concepto cuando son dañinas. Así, una relación es tóxica cuando una o las dos personas sufren más que disfrutan, o cuando se desgastan más de lo que crecen.
En las relaciones tóxicas siempre tiene que haber el que necesita y el que da, y ambos se retroalimentan entre sí. Se trata de relaciones en la que se pasan por alto cosas que si no se estuviera en ese tipo de relación no se consentirían, como gustos, valores, aficiones. La única forma de parar esta espiral es que una de las dos partes decida romper esa dinámica.
Las relaciones tóxicas más injustas son las que se dan entre padres e hijos, por ser una relación desigual, ya que los padres significan la autoridad. Una madre o un padre que abruma con su amor, que no le deja su espacio al hijo, que lo cohíbe, que lo sobreprotege, puede llegar a convertirse en una relación tóxica, porque hace daño al hijo en su proceso de maduración. Esto es más frecuente que ocurra con las madres porque muchas mujeres basan su autoestima en ser necesitadas, de manera que  mientras tienen a alguien que las necesita se sienten equilibradas.
Otro ejemplo de relación tóxica es lo que la psicóloga chilena Pilar Sordo llama hijos “no deseantes”. En su opinión estamos criando una
generación que no necesita desear nada porque lo  tienen todo antes de pedirlo. Los padres quieren compensar tanto sus ausencias dando cosas materiales que los hijos ya no necesitan desear nada. La cuestión es que en esa necesidad que tienen los padres de mitigar su propio sentimiento, se olvidan de ver la necesidad que debe tener el hijo de desear, de luchar por lo que quiere. Es por eso una generación que no busca, que no se empeña, que no batalla por lo que quiere. Incluso el aburrimiento lo deben solucionar los padres, cuando lo propio
sería que los hijos se hicieran responsables de su propia diversión. Teniendo en cuenta que los avances personales normalmente ocurren cuando hay que superar alguna dificultad, y teniendo en cuenta que la presencia de los padres nunca se puede canjearpor cosas materiales, este tipo de relación resultará tóxica para las dos partes.
En el caso de relaciones entre adultos, independientemente de que se trate de una relación de pareja, de amistad, profesional, etc. si preferirías no estar con esa persona porque te hace sentir mal, si cambia tu vibración cuando estás con ella porque te transmite sólo negatividad, si te sientes manipulada, si piensas que no mereces ese trato pero no terminas de poner fin a esa relación, si la otra persona usa el sarcasmo, la ironía o la burla para contradecirte, minando tu autoestima y tu capacidad de decisión, si te da miedo expresarte libremente si tu estado de ánimo depende de cómo esté tu relación con esa persona, entonces estás atrapada en una relación tóxica.
Se trata de una relación en la que ambas partes o una de ellas sufre más que disfruta. Una o las dos partes se ven, además, sometidas a un gran desgaste emocional en el intento de convencerse de que tienen que intentarlo todo para salvar la relación. Entonces se llega al autoengaño: pensar que si no muestran malestar se evitará el conflicto, con lo cual aumentarán los problemas de comunicación. Y esto pasará factura. El resultado puede ser la enfermedad física y emocional, porque la represión emocional provoca ansiedad y estrés. Una
importante cantidad de dolencias físicas tienen que ver con la ansiedad: enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, úlceras, síndrome de colon irritable, dolores de cabeza, migrañas, depresión, ataques de pánico, etc.

 

¿Por qué se involucra una persona en una relación tóxica?

 

Las razones pueden ser muy diversas: por problemas de autoestima; por el deseo de estar acompañado a cualquier precio; por miedo a  seguir avanzando profesionalmente en la vida y tener que salir de la zona de confort; por la necesidad de cumplir un rol social; por  sentimientos de culpabilidad; por pensar que es la solución a los problemas de la otra persona. Estos sentimientos se pueden dar en las dos partes o en una solamente. En general, una persona tóxica suele hacer responsable a la otra de lo que le sucede y tiende a estar  constantemente encima de ella para impedirle tener un espacio que le permita ver que está en una relación tóxica. Para ello puede utilizar incluso el menosprecio y la desconfianza.

 

¿Cómo se puede salir de una relación tóxica?

 

– Trabajando la autoestima, porque la persona tóxica hace creer que la otra persona no sirve, no vale, que la necesita. En realidad
la persona tóxica es una secuestradora de la autoestima.
– Dejando de pensar constantemente en el problema, lo cual sólo consigue amplificarlo, ya que la mente actúa como una lupa: aumenta aquello que enfoca. Deben buscarse pensamientos positivos que lo sustituyan.

Aprendiendo a comunicarse de una manera asertiva.

Estableciendo distancia con la persona tóxica.

Visualizando la desconexión con esa persona.
Se trata de decir Sí a todas aquellas cosas que queremos para nuestras vidas y No a todas aquellas cosas que nos alejan de esos objetivos. Cualquier tipo de relación que provoque malestar, miedo, dependencia, etc.  puede considerarse una relación tóxica. Una relación saludable debe estar basada en la libertad y en la satisfacción mutua.

 

Aprendiendo de las relaciones tóxicas

 

Frecuentemente, los conflictos más importantes en nuestras relaciones, especialmente si tendemos a repetir el patrón, son lecciones que tenemos que aprender. Como todo lo que vivimos, nuestras relaciones tienen un propósito superior. Este propósito incluye afectar a otro ser, ser afectado por ese otro ser y aprender lecciones sobre nosotros mismos. En este sentido, las relaciones pasan de ser una interacción
entre dos personas, a ser un instrumento de autoconocimiento y superación personal.

«El niño atento»

«El niño atento»

José Luis Gonzalo desde su  imprescindible blog Buenos tratos,  hace la recomendación de  «El niño atento»  de Susan Kaiser Greenland, un libro para ayudar a niños y también a mayores a estar más presentes, a prestar atención no sólo a lo exterior sino también a centrarla en las  propias emociones y sensaciones.

Un práctico y útil libro para trabajar la atención con tu hijo/a y ayudarle a ser más feliz, amable y compasivo, editado por Desclée de Brouwer.

el niño atento

Permitidme que comience con este juego de palabras: hoy prestamos atención a un libro para ayudar a los niños a trabajar ésta. ¡Atención a la atención!, un problema al parecer, muy común en los niños y adultos de hoy en día. Tanto por razones evolutivas y madurativas como por procesos psicopatológicos diversos en los que están afectadas las habilidades atencionales, la atención es uno de los síntomas (manifestación externa) que nos preocupa a profesionales de la salud mental, la enseñanza, la educación y por supuesto, a padres y familias. Dentro de la población específica a la que nos dirigimos en este blog (los niños y adolescentes con trastornos del apego y trauma), también es un aspecto relevante, cómo no. El niño traumatizado pasa por estados de hiperactivación (el sistema natural de alerta del organismo está alterado como consecuencia de eventos traumáticos que pusieron en riesgo su supervivencia física y/o psicológica. El cerebro queda fijado en posición de supervivencia) que inciden en que la atención esté pendiente del exterior. Los niños desorganizados, de perfil controlador, por ejemplo, están pendientes del exterior, de los adultos referentes. En el pasado, controlar a la figura de apego fue vital para su supervivencia, teniendo en cuenta que aquélla podía ser impredecible (ora ser cariñosa, ora tornarse violenta)

Por todo ello, no es baladí este tema, ni mucho menos. Es uno de los objetivos que trabajamos en psicoterapia con los niños y adolescentes, por supuesto. Y uno de los abordajes psicoterapéuticos más idóneos para mejorar la atención en los menores (y otros aspectos como la regulación emocional y la estabilización conductual) que conozco en la actualidad es el mindfulness o mente plena.

Para los no iniciados, y con ánimo de hacer un resumen no muy exhaustivo (para los que quieran profundizar les recomiendo este libro de Siegel: «Mindsight, la nueva ciencia de la transformación personal«), mindfulness son un conjunto de técnicas -basadas en unos principios terapéuticos concretos, influenciados por la filosofía budista- que favorecen la capacidad de la mente humana para verse a sí misma. Ser plenamente consciente de la propia mente y de las actividades de ésta (pensamientos, sentimientos, sensaciones, recuerdos…) hace que nos conozcamos mejor a nosotros mismos y, además, potencia la regulación de todo el cuerpo/mente mejorando la integración cerebral.

Para Siegel (uno de los pioneros en el estudio del mindfulness), la mente humana es como un río. Os lo conté en esta entrada, pero me parece pertinente volver a recordarlo ahora: en el centro del río, el agua fluye constantemente (al estilo filosófico del axioma de Heráclito: “todo fluye, todo está en permanente movimiento”) Las redes neurales que conforman nuestro cerebro y transportan la información lo hacen de una manera eficiente e integrando los contenidos de ambos hemisferios, así como la información proveniente del cerebro superior e inferior. Pero si el agua queda atascada en la orilla izquierda, ésta ya no fluye. Se aleja del centro del río. Se ha quedado atrapada en el lado (prominencia del hemisferio izquierdo) de la rigidez. Por el contrario, si el agua queda enmarañada en la orilla derecha (prominencia del hemisferio derecho) queda excesivamente agarrada en el lado del caos. Cuando el agua va por el centro, es un estado de mente con respecto al apego de tipo seguro: todo fluye de una manera adecuada. El cerebro es como una orquesta bien dirigida. Cuando el agua está más atascada en la orilla izquierda, es un estado de mente con respecto al apego de tipo evitativo. Y cuando el agua se queda en el lado derecho, es un estado de mente con respecto al apego de tipo ambivalente. Y cuando el agua se atasca por los dos lados, el estado de mente con respecto al apego es de tipo desorganizado.

Por ello son tan útiles y tan interesantes para nosotros las técnicas de mindfulness: porque favorecen estados de mente con respecto al apego similares al tipo seguro. Y cultivar el mindfulness ayuda a las personas de apego inseguro a mejorar su mente y cerebro (entre otras técnicas, claro), sobre todo en lo que a regulación emocional y atención consciente se refiere.

¿Y cómo? El camino para lograr una mente plena (mindfulness) y cultivar la capacidad de que la mente se vea a si misma (mindsight) es la meditación. La cultura oriental lleva cientos de años (por ejemplo, el budismo zen) practicando la meditación. Es quizá por esto por lo que nos superan en muchas cosas. Pero en la cultura occidental ha llegado en los últimos diez años y con más fuerza en los últimos cinco. Estudios con neuroimagen han puesto en evidencia que el cerebro experimenta cambios funcionales cuando se practica meditación. Ahora bien, debe de practicarse como un hábito. La práctica de la meditación como camino hacia la mente plena se está utilizando con éxito en el tratamiento de muchas patologías como la ansiedad, la depresión, el déficit de atención con hiperactividad, adicciones… y por supuesto, el trauma.

He observado en mi práctica clínica (en quienes han practicado la misma con fundamento) mejorías excelentes en personas con obsesiones (es un trastorno en el que aspirar a eliminar o no tener las mismas es casi una quimera. La meditación enseña al paciente a relacionarse con ellas de otra manera; sobre todo a verlas como hechos mentales) y con trauma. En personas traumatizadas, mediante un proceso guidado -para que lo podamos entender-, mientras el paciente tiene un ojo en la respiración, tiene otro en las sensaciones corporales fruto del impacto traumático, del evento. Ese procesamiento dual favorece que el cerebro procese el trauma.

¿Y con los niños y adolescentes que vienen a mi consulta y que presentan distintas patologías (además de estilos o trastornos en la vinculación)? Con ellos también he aplicado con éxito la meditación, pero me encontraba con un escollo: las técnicas adultas les resultan pesadas y aburridas. Permanecer sentados observando les generaba malestar, inquietud y sobre todo lo que he dicho: aburrimiento y tensión por no soportar estar parados. Esto es normal, pues contactar con la corporalidad para alguien traumatizado es muy atemorizante. Mirar al interior les asusta mucho más que a los adultos (que también nos atemoriza) Lo que solía hacer era normalizar esta sensación de aburrimiento y/o malestar y acortar los ejercicios. Los ejercicios de meditación demasiado largos es misión imposible que los pacientes los hagan. No los hacen los adultos así que menos los menores. Para éstos, seguir y trabajar los principios que favorecen la mente plena (mindfull) es harto complicado. Esos principios son los de observar lo que pase por la mente (sin juzgar); ver lo que pase por la mente como actividad en forma de pensamientos, sensaciones o emociones. Aceptar lo que pase, tanto si agrada como si no, dejando que esté en nuestro cuerpo/mente lo que ya está pasando y nos resistimos a aceptar. Y tercer y último principio: tener una actitud de cariño y compasión hacia nosotros.

Pues hete aquí que para mi regocijo (y el de muchos profesionales y padres y madres) la editorial Desclée de Brouwer ha tenido la excelente idea de publicar en el último trimestre de 2013 un interesantísimo y práctico libro titulado: “El niño atento. Mindfulness para ayudar a tu hijo” La autora es Susan Kaiser Greenland.
Es el libro que estaba esperando y que da solución al problema que os he expuesto en el párrafo anterior: hacer atractivas las técnicas de meditación a los niños y adolescentes. ¿Cómo lo consigue? Mediante juegos y canciones adaptados a su edad podemos entrenar en mindfulness a los niños, incluso a los pequeñitos. Y los beneficios que pueden obtenerse son los mismos que cuando se aplican las técnicas clásicas y más adultas.

En la reseña del libro nos cuentan que “…la atención consciente te ayuda prestar una mayor atención a lo que ocurre en tu interior –tus pensamientos, sentimientos y emociones- para poder entender mejor lo que te sucede. El niño atento amplia los grandes beneficios del entrenamiento en mindfulness a niños partir de cuatro años, con ejercicios, canciones y juegos adaptados a su edad. Estas técnicas, amables y divertidas alientan la conciencia y la atención e influyen muy positivamente en el rendimiento académico y en las habilidades sociales y emocionales, al tiempo que proporcionan herramientas para gestionar adecuadamente el estrés y superar problemas como el insomnio, la sobrealimentación, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, la ansiedad…”

Los primeros capítulos del libro nos introducen en la ciencia de la atención consciente y nos transmiten los principios fundamentales del mindfulness. Continúa la autora entrando ya en los ejercicios y técnicas (los cuales pueden aplicar no sólo los profesionales de la salud mental sino trabajadores sociales, profesores y vosotros/as mismos/as padres y madres; no en vano el libro se subtitula “mindfulness para ayudar a tu hijo”. Mientras juegas con él/ella, estás trabajando la conciencia plena): los primeros, basados en algo tan simple como respirar. Pero la respiración es presentada de una manera divertida, con juegos, para poder enganchar a los niños/as. Prosigue entrando en técnicas que perfeccionan la conciencia y se dirigen a aprender a prestar atención. El libro se completa con una serie de capítulos que abarcan (aplicados a los menores) los tópicos principales que la meditación abarca: la conciencia amable (relacionarse de una manera atenta y compasiva), la conciencia sensorial, la sintonización con los demás (aquí es donde meditación y apego se dan la mano y coinciden) y la vida como parte de una comunidad.

Los ejercicios están muy bien diseñados, son creativos y originales y se basan en la experiencia de la autora con niños, no sólo a nivel individual sino también en grupo (pues ella enseña mindfulness en los centros escolares entrando en clase, desde la etapa de infantil) Ha llevado adelante un estudio (el cual lo da a conocer en el libro) que recoge los beneficios observados en los grupos de clases que practicaron estas técnicas. Así pues, sería desde todo punto de vista necesario que este entrenamiento se incluyera en los centros escolares, dentro de la psicomotricidad, por ejemplo.

Para los niños y niñas con trastornos del apego o trauma estimo que son unas técnicas beneficiosas porque ayudan al niño a regular las emociones y la conducta. Los padres y madres o familias (adoptivos, acogida…) podéis dedicar un tiempo a desarrollar estos ejercicios como si fueran juegos. Jugar es vital para el niño, y es un aprendizaje que fomenta su desarrollo y vínculo con los adultos e iguales. Pero… ¿cuánto tiempo dedican los niños a jugar con otros niños o con adultos como sus padres? Creo que muy poco. Y estamos dejando de lado algo fundamental. ¿Cuántos profesores dicen a sus padres que jueguen con sus niños, que los «deberes» de ese día serán jugar con su hijo, por ejemplo, con los ejercicios de mindfulness? Ojalá fueran muchos. En este libro tenemos los principios y las herramientas para ello. Ahora necesitamos plantearnos buscar (ya que estamos a principios de año, época de los grandes propósitos) ese tiempo.

Enlace al post de José Luis Gonzalo haciendo click aquí

Si os apetece leer las primeras páginas aquí os dejamos un enlace para que lo podáis leer en pdf . Una atención de la editorial Desclée de Brouwer.

Talleres búsqueda de orígenes Gerona y Tarragona

Talleres búsqueda de orígenes Gerona y Tarragona

 Por Eva María Gispert Cubarsí y también Eva Maria Ferreiro Carracedo

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El sábado 24 de mayo  hicimos el taller de orígenes en Llagostera (Gerona) y el 31 de mayo  en Altafulla (Tarragona).

En cada uno de los talleres eran unos 8 padres y madres con hijos de diferentes edades. Desde mi punto de vista esta variedad lo enriquece y vemos, lo que precisamente comentábamos en el taller, que la elaboración de las vivencias de estos orígenes pasa por diferentes etapas y significados según la edad, el trabajo realizado por l@s padres y madres adoptivos, y la personalidad de cada niñ@.

Empezamos justamente por nuestro origen, el del ser humano. Es el único de todas las especies que cuando nace es inmaduro. Necesita de los estímulos, afecto y protección de un adulto para crecer y desarrollarse de una forma sana. Y eso lo cambia todo!

En las primeras semanas, meses de vida, solo puede comunicar sus estados internos con el lloro. Y si eses estados internos son atendidos se produce en los 3-6 primeros meses de vida una transformación espectacular. Así vemos, ya en el primer año, que se comunica activamente, explora con curiosidad y se desplaza. Si ha tenido esta seguridad y atención, llega a su máximo apogeo a los 18 meses, cuando empieza a expresar su mundo interno y lo que observa del externo a través de las palabras. Es también la representación de sí mism@, de sus experiencias y el mundo que le rodea. Esta atención del adulto y sobretodo de la madre es la base para la AUTONOMIA Y REGULACIÓN DE LOS ESTADOS INTERNOS.

Así también, estos estímulos adecuados, permanentes en el tiempo y atención exclusiva es la que permiten desarrollar una vivencia de si mism@s: una autoestima positiva y segura, con capacidad para ir regulando sus emociones. Este es la base de una buena resiliencia primaria.

Así pues, vemos que una parentalidad positiva es la base de nuestra autoestima, autonomía y capacidad para autorregularnos.

Cuando esto no se tiene o se rompe, es necesario hacer un trabajo por parte de otros adultos para repararlo y recomponerlo. Nunca más será igual porque ya hemos aprendido que esto puede desaparecer. Siempre pongo el mismo ejemplo: nosotros estamos seguros ahora que nos acostamos y amanece, sale el sol. Pero ¿qué pasaría si de repente un día no amaneciera y nos quedamos sin sol durante 6 meses? Aunque aparezca de nuevo y ya no vuelva a suceder, ya no tendremos la seguridad absoluta de que no puede volver a ocurrir! Ya no tendremos nunca más esa seguridad absoluta, lo hemos vivido!

MMoya13066rtCuando hay un abandono y el niñ@ pasa miedo, soledad y teme por su supervivencia, llora y no acude la madre que le dio seguridad o no acude nadie, este estado interno de no ser atendido y de no ser suficientemente válido para ser atendido, queda grabado. Por este motivo, es tan importante que l@s padres y madres adoptivos desarrollemos en ell@s una resilencia secundaria: un trato con los niñ@s que permitan encontrar nuevos significados a las circunstancias que provocaron su sufrimiento, disminuyan su culpabilidad y vergüenza. Un trabajo que permita elaborar los aspectos traumáticos de las carencias afectivas y el dolor de los malos tratos y abusos que pueden haber experienciado. Que puedan sentirse personas con un concepto de si mism@s sano, valiosas con autoestima positiva y dignas, con todo el derecho de ser respectadas y ayudadas.

Debemos aprender los padres y madres adoptiv@s a ser unos buenos tutores de resiliencia secundaria!:Desarrollar una buena escucha empática, sacar la culpa, resignificar la realidad injusta que vivieron, desarrollar la consciencia, ayudarlos a no victimizarse, dar apoyo afectivo a través de mensajes incondicionales, límites claros y firmes, visión trascendente de lo humano y compromiso social altruista, experiencias lúdicos-creativas que promuevan la alegría y el humor, orientarlos en sus potencialidades, recursos, aspectos positivos, fortalezas y expresión, también, de sus fragilidades como fuente de aprendizaje.

Solo por el hecho de haber sobrevivido a estas vivencias de abandono y malos tratos (el abandono y la institucionalización ya de por sí lo son) es una persona muy valiosa!

Estos orígenes son básicos para entender y entenderse!

Así búsqueda de orígenes para mi, es sinónimo de construcción de IDENTIDAD.

Y ahí empezamos a diferenciar:

  1. Búsqueda/construcción interna
  2. Búsqueda externa: viaje + familia biológica

A)     BÚSQUEDA O RECONSTRUCCIÓN INTERNA como base para poder explorar la externa:

  • Las preguntas que puede hacerse y la capacidad para digerir las respuesta o no respuestas.
  • Cómo estas preguntas son diferentes en el niñ@, adolescente y adulto
  • La memoria implícita y la racional
  • La introducción de la madre biológica y su elaboración de lo que ocurrió
  • Adoptar sus orígenes (sus vivencias) antes de la adopción: Cómo tenemos colocado los padres y madres adoptivos su historia y a la madre biológica (hicimos un ejercicio vivencial que les transporta al corazón y no a la cabeza)
  • Cómo vamos desarrollando la empatía necesaria para ayudarles a entender ese vacío, miedos etc..
  • Regresión, resignificar, mentalización.

B)      BÚSQUEDA EXTERNA:

  • Aproximación a la cultura, viaje al país de origen
  • Necesidad/curiosidad o no por conocer la familia biológica
  • Preparación del encuentro y posterior elaboración de ello
  • Diferentes estados internos y experiencias de adoptad@s adultos

Pasamos por todos estos puntos y otros que fueron surgiendo según las inquietudes y preguntas que tenían los padres y madres que estuvieron allí con nosostr@s. En Tarragona tuvimos, también, el privilegio de tener a Raïssa Janer, otra adoptada adulta que entre las dos pudimos ir aportando, también, una visión más experiencial y personal de nuestra propia búsqueda interna y externa.

Como siempre fue un taller muy gratificante y constructivo también para mi, por supuesto! No dejo de maravillarme y emocionarme cuando veo a estos padres y madres tan entregados, con ganas de aprender y trabajar para ser los mejores tutores de esta resiliencia secundaria que hablábamos.

Gracias por permitirnos aprender y revivir con vosotr@s todas estas experiencias. Es muy reparador y gratificante para mí también!

Información sobre  los  taller de orígenes en adopción realizados: 

http://www.familiayadopcion.com/actividades-para-familias/taller-de-origenes-en-altafulla-tarragona/

http://www.familiayadopcion.com/actividades-para-familias/taller-de-origenes-en-llagostera-girona/