Juegos que unen

Juegos que unen

Por Concepción Martínez Vázquez

 

juegos-que-unenEn el Post anterior el niño vago no existe  recomendábamos el libro Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión” de Aletha Solter . Siempre nos gusta ir un poco más allá de lo que es la mera recomendación y una breve reseña y buscando no tardé en encontrarme con un magnifico post  de Concepción Martínez Vázquez,  le escribí para pedirle permiso para publicarlo en nuestro blog y pese a ser más de las dos de la mañana de manera inmediata me contestó afirmativamente y tuvimos la oportunidad de hablarnos  por chat y pude comprobar la generosidad y simpatía de esta Psicóloga y Pedagoga  que desde su imprescindible blog Resilencia Infantil ,Apego, parentalidad y buen trato  comenta maravillas de este libro y de su escritora, de manera que si no lo conocíais  vais a tener un impulso irrefrenable por hacerlo, al libro que recomendamos y al blog de Conchi Martínez.
Esta entrada debería comenzar diciendo algo así como » De la autora de la Educación Consciente ganadora del post más visitado en menor tiempo arrasando el ranking de lo más leído»(¡en dos semanas más de mil visitas!), como si se tratara del anuncio de una de esas películas cuyo nombre del director parece ya presagiar que lo que se espera es bueno…
Hace dos semanas, en la entrada «Los niños necesitan más nuestra atención y cariño cuando menos lo merecen sus actos» (pincha encima si no la has leído o quieres volver a hacerlo), ya os hablaba de Aletha Solter y su magnífica aportación con su modelo sobre la Educación Consciente que resumí brevemente en la entrada y que queda recogida en tres publicaciones traducidas al castellano que os recomendé.

No os mencioné entonces la última publicación de esta psicóloga suizo-americana (no recuerdo exactamente por qué no lo hice, la verdad), pero esta misma semana, al pasar dentro de una librería de mi ciudad encontré este último libro, el que no citaba en la entrada (supongo que el destino debía saber que merecía un protagonismo especial).

La situación fue así: reviso de izquierda a derecha los estantes de libros cuya temática frecuento y…ahí estaba esperándome el único ejemplar de la tienda, el libro «Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión» (Editorial Medici, 2013 la edición española traducida por Laura Díaz de Entresotos).

Tras la estupenda emoción de reconocerlo, le sigue la excitante acción de leer el índice para ver los contenidos, y… sin palabras.

Tres partes.

Y ya en la primera, que se llama «Primeros pasos», el primer punto se titula «Introducción al juego de apego»…le sigue «Los nueve tipos de juego de apego»…»Directrices generales»…»Cuando le resulta difícil jugar (al padre/madre)».

¡Una joya!. Encontré un tesoro.

En la segunda parte del libro se dedica un importante apartado al Juego de Apego para resolver problemas de disciplina, tocando aspectos como la introducción la disciplina no punitiva, el enfado y agresión, rivalidad entre hermanos, etc.

La tercera parte del libro es más específica sobre el Juego de Apego para ayudar a los niños en momentos difíciles como el divorcio de los padres,el estrés escolar, fobias y ansiedades, enfermedades, accidentes y hospitalización, etc.

Lo que más me gusta: la base teórica de este libro es la teoría del apego.

La autora, después de más de 25 años de experiencia recoge un compendio de juegos para padres e hijos a los que llama juegos de apego.

Según Aletha, el juego de apego tiene algunas particularidades que lo diferencian de los juegos tradicionales: está centrado en el/la niño/a y busca fortalecer la conexión, a menudo involucra la risa, no requiere de ningún equipamiento especial y puede tener ligar en cualquier parte, en cualquier momento; no es competitivo y no tiene reglas fijas.

Se dirige a padres y madres de niños y niñas desde el nacimiento a los doce años.

Aletha establece que hay nueve tipos de juegos de apego:

1) Juego no directivo centrado en el/la niño/o: Ayuda a los niños y niñas a sentirse reconocidos, seguros y amados. Especialmente útiles para reconectar después de experiencias estresantes o separaciones, para ayudar a curarse del trauma o simplemente para fortalecer la conexión con ellos/as.
2) Juego simbólico con objetos o temas específicos: Efectivo para ayudar a los/as niños/as a curarse del trauma o afrontar problemas conductuales.
3) Juegos de causa y efecto: Promueven la conexión, aumentan la confianza, transmiten aceptación,crean una sensación de fortalecimiento y establecen una reconfortante sensación de predecibilidad.
4) Juego de tonterías: Especialmente útiles para niños/as que tienen miedo de cometer errores.
5) Juegos de separación: Ayudan a los/las niños/as a lidiar de forma divertida con las separaciones diarias tales como ir al colegio, a superar emociones aterradoras resultantes de pérdidas o separaciones anteriores o incluso el miedo al abandono después del divorcio de los padres.
6) Juegos de inversión de poder: El adulto finge ser débil, torpe, estúpido, estar enfadado o asustado y eso ayuda al niño/a.
7) Juegos de regresión: Ayudan tanto a fortalecer la conexión como para la curación,por ejemplo después del nacimiento de un hermanito, o para papás adoptivos, al proporcionar la experiencia de ser cuidados amorosamente ayudando así a resolver el abandono o separación anteriores.
8) Actividades de contacto corporal: El juego fomenta el contacto físico y ayuda a reparar relaciones padres/madres-hijos/as, se experimenta un sensación de valía intrínseca, de seguridad, de pertenencia.
9) Juegos y actividades cooperativos: Fortalecen la conexión, útiles para conseguir cooperación, para niños y niñas que hacen trampas y para problemas conductuales derivados de la rivalidad entre hermanos o de un divorcio.

Copadre e hijo[1]mo veis una estructuración clara de juegos que tienen como finalidad fortalecer el apego y solucionar problemas de conducta en los niños y niñas mediante un enfoque de disciplina ni autoritario ni permisivo, mediante un planteamiento no punitivo que utiliza la risa, el contacto físico, la comunicación, el intercambio de roles, etc.

Muchos son los libros que existen en el mercado en los que, desde una perspectiva claramente conductual, pretenden ofrecer a padres y madres «recetas» para el manejo de la conducta. Y no es que yo menosprecie el valor de muchas de estas técnicas que incluso aplico y recomiendo en algunas ocasiones dependiendo de los objetivos a trabajar (soy por tanto lectora y seguidora de este tipo de publicaciones), sino que soy de la opinión de que un planteamiento educativo y de crianza ha de llevar la afectividad como abanderada muy por encima una aplicación a rajatabla de técnicas para tratar los indicadores conductuales que puedan presentar los niños y niñas en un momento dado.

De hecho, muchos de estos problemas de comportamiento no aparecerían si se trabajara, desde la prevención, juegos como los que describe Aletha Solter en su libro (dejando de lado que cada niño/a es un mundo y hay casos concretos que con el amor y atención incondicional sólo no es suficiente).

Detrás de una conducta hay siempre una emoción y muchas veces no coinciden de manera manifiesta, es decir, un/a niño/a con miedo de ser poco querido puede mostrar una conducta no propia de miedo, sino de enfado,y los padres abordar el tema con castigos y riñas entendiendo que lo que quiere es únicamente fastidiar.

Pero además, pienso que la aplicación estricta y única de métodos conductuales en niños y niñas que han pasado por terribles experiencias traumáticas de abandono o maltrato, o que han visto conflictos en su entorno que no pueden integrar como violencia familiar, no hacen más que reconfirmar sus expectativas sobre los adultos en tanto que poco confiables y causantes de un dolor añadido. No puedo imaginarme a ninguno de nosotros/as, los mayores, llevando una mochila llena de experiencias aterradoras de miedo, rabia e impotencia, acatando sin más rígidas pautas, establecidas incluso a veces por profesionales, cuando lo que necesitamos es que nos escuchen, nos quieran y nos den seguridad. Lo que decía la frase…con las mejores intenciones, se obtienen los peores resultados.

Tampoco una educación excesivamente flexible es apropiada para ningún niño o niña. Al principio puede parecer muy positivo evitar cualquier riña, educar el libertad, el «laissez-faire» mal entendido…cuando lo que los niños necesitan son guías y límites que les ayuden en su camino. ¿Os imagináis atravesando un puente de madera largo y estrecho sin barandillas a los lados?

Afecto, juego, límites, normas, comunicación… Aletha ofrece un modelo, que seguro que no es ni el mejor ni el único. Leyendo el libro yo también me sorprendo al ver algún tipo de juego que propone como por ejemplo cuando plntea pasar tiempo con el niño/ gritando palabrotas juntos y riendo precisamente para eliminar esta conducta ¿?¿?¿? Claro, lo primero que se piensa es que hacer eso puede hacer que lo haga con mayor frecuencia y en otros contextos. Aletha explica que si se usa como ella indica «empezará a usar el lenguaje ofensivo más como una invitación a jugar con usted y menos como una manera de sentirse poderoso, impresionar a otros o expresar enfado. El juego y la risa disminuirán la tensión o la vergüenza conectadas con estas palabras…»

Controvertido, si. Se puede o no estar de acuerdo, pero al menos nos hace pensar desde argumentos nada desdeñables.de

 

El niño vago no existe

El niño vago no existe

Por Mercedes Moya

Las estadísticas son demoledoras: uno de cada cinco estudiantes no comprende lo que lee y falla en todas las materias. Un grave problema que hay que detectar a tiempo porque puede conducir al abandono de los estudios.

Cuando me dirijo a recoger las notas de mi hija (6º de primaria) en el pasillo del colegio me cruzo con otra madre con la cara desencajada: “Mi hijo tiene que repetir….” me dice.
Pero ¿es esta una solución si no se cambia el modo de enseñar al estudiante?
 
No es nada nuevo, un niño va a la escuela y le enseñan a leer, reconoce las letras, se las aprende de memoria e incluso es capaz de leer las palabras y las frases correctamente pero no se entera de lo que está leyendo… solo emite sonidos que no tienen en realidad ningún contenido para él. Con los problemas de matemáticas es aún peor porque es incapaz de descifrar qué es lo que le están pidiendo y “La lectura es un proceso de interpretación, no solo de recepción, y para que pueda desarrollarse posteriormente una lectura adecuada en las edades tempranas, son necesarios algunos requisitos: percepción, atención, representación, comparación con el conocimiento previo, procesamiento de la información, memoria, vocabulario, estructuración, entre otros». (Jara Acín, psicóloga infantil)
 

¿Y qué sucede cuando la función ejecutiva del niño está dañada?

Pues que es un puzzle difícil de completar. Los problemas de atención tengan la etimología que tengan tienen consecuencias en las aulas. Suelen generar dificultades de aprendizaje (lectura expresiva, comprensión lectora, escritura y cálculo) y, a largo plazo, fracaso escolar.
 
Según el doctor José Ramón Valdizán, jefe de servicio de Neurofisiología de la Clínica del hospital Miguel Servet de Zaragoza ”No existe el niño vago” “Hay que eliminar de nuestro vocabulario la palabra “vago”. Y no existe el niño vago, porque para serlo hay que tener un concepto del trabajo, una organización, un cerebro maduro…” 
 
Así que cuando un niño dice que no quiere ir al colegio tenemos que prestar mucha atención a lo que sucede. Detrás puede haber problemas específicos de aprendizaje, trastornos del neurodesarrollo, deficiencias visuales o auditivas, malos hábitos de estudio, alteraciones emocionales o incluso apatía y desinterés por las materias que se imparten. Todas estas causas inciden en su rendimiento y no puede seguir el ritmo escolar normal. 
 
En un mundo ideal la solución sería una enseñanza más participativa. La solución para evitar a la larga el fracaso escolar es ofrecer a los niños una enseñanza que les interese. En este sentido, la psicóloga Jara Acín coincide con que “habría que crear grupos y clases activas. El esfuerzo de los tutores iría encaminado a estar atentos a las particularidades y aptitudes de cada alumno y reforzar aquello que se le da bien». Pero la realidad a veces es muy diferente. Incluso hay algunos maestros que atienden a aquellos con más aptitudes y a los demás los dejan arrinconados. El alumno lo interioriza y se va encerrando en sí mismo. Al final actúa como se espera que lo haga. Y pasa igual con los que tienen fama de traviesos, es la profecía de obligado cumplimiento. Y sucede si no se detecta y no se corrige (al educador) a tiempo.
Hay que estar más que atento. A veces basta con darte cuenta de que algo está pasando y puede ser tan sencillo como que tu hijo no entienda lo que lee y se encuentre frustrado y avergonzado (el caso de mi hijo al principio de este curso en 1º de primaria) o por acuciarle y querer imprimir un ritmo más acelerado para lo que el niño pueda estar preparado, a veces el problema reside en la falta de madurez para asimilar lo que  se le pide porque no está adecuado su desarrollo madurativo  («La mayor parte de los fracasos nos viene por querer adelantar la hora de los éxitos» que decía Amado Nervo) pero a lo peor puede ser algo más complejo.
Una dificultad de aprendizaje o algo más serio no se puede diagnosticar solo por un síntoma sino que hay que hacer una buena historia clínica desde los primeros años y debe de intervenir un equipo de profesionales para tratar a cada niño de forma particular y adecuada. 

 

Fuera de la escuela

 

Capítulo aparte son las actividades extraescolares. Hay que exponer a nuestros hijos al éxito, si tenemos que completar su horario con actividades, llevarles a aquellas cosas en las que el niño se divierta y destaque, ya son suficientes horas de inglés, matemáticas o lo que quiera que sea en lo que el niño fracase, pero aún sería mejor que esas horas las dedicaran simplemente a jugar,  porque para que un niño aprenda debe jugar mucho, porque el niño que juega aprende mejor. en nuestro sistema lleno de deberes y de actividades no se le acaba de dar al juego y al esparcimiento la importancia que tiene.
 

Y ahora una pregunta de las de «para nota»… ¿Tu hijo sabe jugar?

 

Son frecuentes los comentarios de madres de niños que han sido adoptados que se preocupan porque sus hijos no juegan , o juegan solos o si juegan tienen que estar acompañados por ellas.
Pues una vez más nos corresponde a los padres desarrollar esta habilidad social de la que muchos de nuestros hijos parecen estar exentos.Hay niños que para sus juegos requieren nuestra atención completa, si no no juegan , pero esto no debe llevarnos a engaño: que el niño no quiera separarse de nosotros no es que esté apegado a nosotros de una forma sana y con un vínculo afectivo sólido, sino que tiene tanto miedo a ser de nuevo abandonado que no quiere perdernos de vista, es decir no se siente seguro y puede que esta sea la razón que le impide explorar su entorno (aprender), jugar con otros niños o hacerlo sólo sin miedo. En ocasiones confundimos “jugar solos” con “estar solos”, el juego individual es necesario pero no tiene porqué significar que el niño esté sólo en su habitación y se sienta «apartado».
 

Un libro que puede resultar de gran ayuda:

 

 
«Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión»  de la Editorial Medici.
Reseña:
Juegos que unen te ayudará a solucionar los problemas de disciplina con niños desde el nacimiento hasta los doce años, sin utilizar castigos ni recompensas. 
El libro ahonda bajo la superficie de los conflictos típicos abordando las emociones subyacentes que pueden conducir al comportamiento difícil.
Este divertido y revolucionario enfoque para padres os mostrará cómo: Conseguir la cooperación evitando al mismo tiempo las luchas de poder. Reducir la rivalidad entre hermanos y el comportamiento agresivo. Solucionar los problemas con los deberes e irse a la cama. Ayudar a tus hijos a superar sus miedos. Fortalecer la conexión con tus hijos. Llenar tu casa de risas y alegrías.
 
El verano ha llegado y el curso se acabó en este paréntesis tenemos que procurarles a nuestros hijos experiencias nuevas y gratificantes y -bien formulado-, darles ocasiones para aprender a comprender y divertirse haciéndolo , verbos que no son incompatibles ni siquiera en verano.

 

Próximo post : «Juegos que unen, juegos de apego» , Por Concepción Martínez Vázquez, Psicóloga y Pedagoga  que desde su imprescindible blog Resilencia Infantil , Apego, parentalidad y buen trato compartirá con nosotros un ameno e interesante  resumen  del libro que proponemos como lectura para estas vacaciones: «Juegos que unen»  de la Doctora Aletha J. Solter
«El niño atento»

«El niño atento»

José Luis Gonzalo desde su  imprescindible blog Buenos tratos,  hace la recomendación de  «El niño atento»  de Susan Kaiser Greenland, un libro para ayudar a niños y también a mayores a estar más presentes, a prestar atención no sólo a lo exterior sino también a centrarla en las  propias emociones y sensaciones.

Un práctico y útil libro para trabajar la atención con tu hijo/a y ayudarle a ser más feliz, amable y compasivo, editado por Desclée de Brouwer.

el niño atento

Permitidme que comience con este juego de palabras: hoy prestamos atención a un libro para ayudar a los niños a trabajar ésta. ¡Atención a la atención!, un problema al parecer, muy común en los niños y adultos de hoy en día. Tanto por razones evolutivas y madurativas como por procesos psicopatológicos diversos en los que están afectadas las habilidades atencionales, la atención es uno de los síntomas (manifestación externa) que nos preocupa a profesionales de la salud mental, la enseñanza, la educación y por supuesto, a padres y familias. Dentro de la población específica a la que nos dirigimos en este blog (los niños y adolescentes con trastornos del apego y trauma), también es un aspecto relevante, cómo no. El niño traumatizado pasa por estados de hiperactivación (el sistema natural de alerta del organismo está alterado como consecuencia de eventos traumáticos que pusieron en riesgo su supervivencia física y/o psicológica. El cerebro queda fijado en posición de supervivencia) que inciden en que la atención esté pendiente del exterior. Los niños desorganizados, de perfil controlador, por ejemplo, están pendientes del exterior, de los adultos referentes. En el pasado, controlar a la figura de apego fue vital para su supervivencia, teniendo en cuenta que aquélla podía ser impredecible (ora ser cariñosa, ora tornarse violenta)

Por todo ello, no es baladí este tema, ni mucho menos. Es uno de los objetivos que trabajamos en psicoterapia con los niños y adolescentes, por supuesto. Y uno de los abordajes psicoterapéuticos más idóneos para mejorar la atención en los menores (y otros aspectos como la regulación emocional y la estabilización conductual) que conozco en la actualidad es el mindfulness o mente plena.

Para los no iniciados, y con ánimo de hacer un resumen no muy exhaustivo (para los que quieran profundizar les recomiendo este libro de Siegel: «Mindsight, la nueva ciencia de la transformación personal«), mindfulness son un conjunto de técnicas -basadas en unos principios terapéuticos concretos, influenciados por la filosofía budista- que favorecen la capacidad de la mente humana para verse a sí misma. Ser plenamente consciente de la propia mente y de las actividades de ésta (pensamientos, sentimientos, sensaciones, recuerdos…) hace que nos conozcamos mejor a nosotros mismos y, además, potencia la regulación de todo el cuerpo/mente mejorando la integración cerebral.

Para Siegel (uno de los pioneros en el estudio del mindfulness), la mente humana es como un río. Os lo conté en esta entrada, pero me parece pertinente volver a recordarlo ahora: en el centro del río, el agua fluye constantemente (al estilo filosófico del axioma de Heráclito: “todo fluye, todo está en permanente movimiento”) Las redes neurales que conforman nuestro cerebro y transportan la información lo hacen de una manera eficiente e integrando los contenidos de ambos hemisferios, así como la información proveniente del cerebro superior e inferior. Pero si el agua queda atascada en la orilla izquierda, ésta ya no fluye. Se aleja del centro del río. Se ha quedado atrapada en el lado (prominencia del hemisferio izquierdo) de la rigidez. Por el contrario, si el agua queda enmarañada en la orilla derecha (prominencia del hemisferio derecho) queda excesivamente agarrada en el lado del caos. Cuando el agua va por el centro, es un estado de mente con respecto al apego de tipo seguro: todo fluye de una manera adecuada. El cerebro es como una orquesta bien dirigida. Cuando el agua está más atascada en la orilla izquierda, es un estado de mente con respecto al apego de tipo evitativo. Y cuando el agua se queda en el lado derecho, es un estado de mente con respecto al apego de tipo ambivalente. Y cuando el agua se atasca por los dos lados, el estado de mente con respecto al apego es de tipo desorganizado.

Por ello son tan útiles y tan interesantes para nosotros las técnicas de mindfulness: porque favorecen estados de mente con respecto al apego similares al tipo seguro. Y cultivar el mindfulness ayuda a las personas de apego inseguro a mejorar su mente y cerebro (entre otras técnicas, claro), sobre todo en lo que a regulación emocional y atención consciente se refiere.

¿Y cómo? El camino para lograr una mente plena (mindfulness) y cultivar la capacidad de que la mente se vea a si misma (mindsight) es la meditación. La cultura oriental lleva cientos de años (por ejemplo, el budismo zen) practicando la meditación. Es quizá por esto por lo que nos superan en muchas cosas. Pero en la cultura occidental ha llegado en los últimos diez años y con más fuerza en los últimos cinco. Estudios con neuroimagen han puesto en evidencia que el cerebro experimenta cambios funcionales cuando se practica meditación. Ahora bien, debe de practicarse como un hábito. La práctica de la meditación como camino hacia la mente plena se está utilizando con éxito en el tratamiento de muchas patologías como la ansiedad, la depresión, el déficit de atención con hiperactividad, adicciones… y por supuesto, el trauma.

He observado en mi práctica clínica (en quienes han practicado la misma con fundamento) mejorías excelentes en personas con obsesiones (es un trastorno en el que aspirar a eliminar o no tener las mismas es casi una quimera. La meditación enseña al paciente a relacionarse con ellas de otra manera; sobre todo a verlas como hechos mentales) y con trauma. En personas traumatizadas, mediante un proceso guidado -para que lo podamos entender-, mientras el paciente tiene un ojo en la respiración, tiene otro en las sensaciones corporales fruto del impacto traumático, del evento. Ese procesamiento dual favorece que el cerebro procese el trauma.

¿Y con los niños y adolescentes que vienen a mi consulta y que presentan distintas patologías (además de estilos o trastornos en la vinculación)? Con ellos también he aplicado con éxito la meditación, pero me encontraba con un escollo: las técnicas adultas les resultan pesadas y aburridas. Permanecer sentados observando les generaba malestar, inquietud y sobre todo lo que he dicho: aburrimiento y tensión por no soportar estar parados. Esto es normal, pues contactar con la corporalidad para alguien traumatizado es muy atemorizante. Mirar al interior les asusta mucho más que a los adultos (que también nos atemoriza) Lo que solía hacer era normalizar esta sensación de aburrimiento y/o malestar y acortar los ejercicios. Los ejercicios de meditación demasiado largos es misión imposible que los pacientes los hagan. No los hacen los adultos así que menos los menores. Para éstos, seguir y trabajar los principios que favorecen la mente plena (mindfull) es harto complicado. Esos principios son los de observar lo que pase por la mente (sin juzgar); ver lo que pase por la mente como actividad en forma de pensamientos, sensaciones o emociones. Aceptar lo que pase, tanto si agrada como si no, dejando que esté en nuestro cuerpo/mente lo que ya está pasando y nos resistimos a aceptar. Y tercer y último principio: tener una actitud de cariño y compasión hacia nosotros.

Pues hete aquí que para mi regocijo (y el de muchos profesionales y padres y madres) la editorial Desclée de Brouwer ha tenido la excelente idea de publicar en el último trimestre de 2013 un interesantísimo y práctico libro titulado: “El niño atento. Mindfulness para ayudar a tu hijo” La autora es Susan Kaiser Greenland.
Es el libro que estaba esperando y que da solución al problema que os he expuesto en el párrafo anterior: hacer atractivas las técnicas de meditación a los niños y adolescentes. ¿Cómo lo consigue? Mediante juegos y canciones adaptados a su edad podemos entrenar en mindfulness a los niños, incluso a los pequeñitos. Y los beneficios que pueden obtenerse son los mismos que cuando se aplican las técnicas clásicas y más adultas.

En la reseña del libro nos cuentan que “…la atención consciente te ayuda prestar una mayor atención a lo que ocurre en tu interior –tus pensamientos, sentimientos y emociones- para poder entender mejor lo que te sucede. El niño atento amplia los grandes beneficios del entrenamiento en mindfulness a niños partir de cuatro años, con ejercicios, canciones y juegos adaptados a su edad. Estas técnicas, amables y divertidas alientan la conciencia y la atención e influyen muy positivamente en el rendimiento académico y en las habilidades sociales y emocionales, al tiempo que proporcionan herramientas para gestionar adecuadamente el estrés y superar problemas como el insomnio, la sobrealimentación, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, la ansiedad…”

Los primeros capítulos del libro nos introducen en la ciencia de la atención consciente y nos transmiten los principios fundamentales del mindfulness. Continúa la autora entrando ya en los ejercicios y técnicas (los cuales pueden aplicar no sólo los profesionales de la salud mental sino trabajadores sociales, profesores y vosotros/as mismos/as padres y madres; no en vano el libro se subtitula “mindfulness para ayudar a tu hijo”. Mientras juegas con él/ella, estás trabajando la conciencia plena): los primeros, basados en algo tan simple como respirar. Pero la respiración es presentada de una manera divertida, con juegos, para poder enganchar a los niños/as. Prosigue entrando en técnicas que perfeccionan la conciencia y se dirigen a aprender a prestar atención. El libro se completa con una serie de capítulos que abarcan (aplicados a los menores) los tópicos principales que la meditación abarca: la conciencia amable (relacionarse de una manera atenta y compasiva), la conciencia sensorial, la sintonización con los demás (aquí es donde meditación y apego se dan la mano y coinciden) y la vida como parte de una comunidad.

Los ejercicios están muy bien diseñados, son creativos y originales y se basan en la experiencia de la autora con niños, no sólo a nivel individual sino también en grupo (pues ella enseña mindfulness en los centros escolares entrando en clase, desde la etapa de infantil) Ha llevado adelante un estudio (el cual lo da a conocer en el libro) que recoge los beneficios observados en los grupos de clases que practicaron estas técnicas. Así pues, sería desde todo punto de vista necesario que este entrenamiento se incluyera en los centros escolares, dentro de la psicomotricidad, por ejemplo.

Para los niños y niñas con trastornos del apego o trauma estimo que son unas técnicas beneficiosas porque ayudan al niño a regular las emociones y la conducta. Los padres y madres o familias (adoptivos, acogida…) podéis dedicar un tiempo a desarrollar estos ejercicios como si fueran juegos. Jugar es vital para el niño, y es un aprendizaje que fomenta su desarrollo y vínculo con los adultos e iguales. Pero… ¿cuánto tiempo dedican los niños a jugar con otros niños o con adultos como sus padres? Creo que muy poco. Y estamos dejando de lado algo fundamental. ¿Cuántos profesores dicen a sus padres que jueguen con sus niños, que los «deberes» de ese día serán jugar con su hijo, por ejemplo, con los ejercicios de mindfulness? Ojalá fueran muchos. En este libro tenemos los principios y las herramientas para ello. Ahora necesitamos plantearnos buscar (ya que estamos a principios de año, época de los grandes propósitos) ese tiempo.

Enlace al post de José Luis Gonzalo haciendo click aquí

Si os apetece leer las primeras páginas aquí os dejamos un enlace para que lo podáis leer en pdf . Una atención de la editorial Desclée de Brouwer.

«Soy adoptado», un libro sin tiempo

«Soy adoptado», un libro sin tiempo

Por Jesús Palacios.

Catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación.
Universidad de Sevilla

soy adoptado libro

En un mundo tan cambiante como el de la adopción, que un libro vuelva a publicarse 20 años después de su primera salida está, sin duda, indicando algo.

Tras publicarse originalmente en inglés, se tradujo al castellano y, al agotarse aquella edición, quedó descatalogado durante muchos años, es decir, inaccesible. Ahora, la editorial Grupo 5 vuelve a sacarlo a la luz, con un nuevo capítulo de presentación y un capítulo final también escrito originalmente para esta edición.

Pocas semanas después de su reciente aparición, recibo un mensaje de A.S. en el que me dice: “gracias a este libro, mi madre adoptiva ha empezado a entender muchos aspectos de mi realidad, ¡y eso que ya tengo 34 años!”. Es decir, que el libro ayuda a que entiendan la adopción tanto las personas adoptadas, como las que con ellas se relacionan, sean miembros de su familia, sean profesionales. Y lo hace usando, fundamentalmente, las vivencias de las personas adoptadas como vehículo. Y es con esas vivencias con lo que se ilustran continuamente las explicaciones del libro, lo que permite entenderlas mucho mejor y siempre desde la cercanía que aportan los testimonios personales. Escrito por dos grandes especialistas en adopción, David M. Brodzinsky y Marshall Schechter, con la colaboración de una periodista, Robin M. Henig, el libro combina el rigor técnico con un lenguaje no técnico o, en todo caso, transparente para cualquier lector. A pesar de los muchos cambios que han ocurrido en el mundo de la adopción en los últimos 20 años, los seis temas de que se ocupa el libro son permanentes y forman parte de la esencia misma de lo que la adopción es y significa: la adopción como vivencia especialmente significativa para las personas adoptadas, la adopción como un rasgo que acompaña al adoptado desde el momento en que toma conciencia de que lo es hasta los últimos años de su vida, la normalidad psicológica de la gran mayoría de las personas adoptadas (como, por otra parte, de las que no lo son), la amplia variabilidad de unas personas a otras dentro de esa normalidad, la búsqueda del yo y la construcción de la identidad adoptiva, y, finalmente, los sentimientos de pérdida que son inherentes a la vivencia de la adopción. Estos seis temas han sido, son y serán algunos de los más importantes en la vivencia de la adopción, lo que hace que el contenido del libro sea tan válido hoy como cuando hace 20 años se publicó por primera vez en inglés. Previsiblemente, los seis temas seguirán vigentes dentro de muchos años, porque tocan la esencia de la experiencia adoptiva.

Por eso, Soy adoptado es un libro en cierto modo fuera del tiempo, es decir, válido para tiempos muy diferentes.Y no sólo para tiempos históricos distintos, sino también para tiempos personales diferentes. El grueso del libro consiste en el análisis de cómo esos seis temas se manifiestan en las personas adoptadas en sus distintas edades, desde los primeros años hasta la vejez, pasando por la adolescencia y la adultez. Algunos de los temas son más dominantes en unas edades que en otras, lo que lleva a que en unos capítulos se profundice más que en otros en determinados contenidos. Pero personas adoptadas de las más diferentes edades podrán encontrar en el libro un análisis de lo que están sintiendo, depor qué lo sienten y de cómo entenderlo.

Cuando recomendé a la editorial la publicación de este texto lo hice convencido de su vigencia, de su actualidad y de su utilidad. No podía entonces imaginar que su primer autor, mi colega y amigo David Brodzinsky, fuera a pedirme que escribiéramos juntos el último capítulo en sustitución del que cerraba el libro original. Aquel capítulo estaba dedicado a especular sobre el futuro de la adopción. Pasados 20 años, muchas de aquellas especulaciones se habían confirmado y realidades nuevas habían ido apareciendo, por lo que no tenía sentido mantenerlo. Lo que David me sugirió fue que escribiéramos juntos un último capítulo sobre la experiencia de la adopción en España, sobre los muchos cambios habidos en los últimos años y sobre algunos temas que podrían ser de especial importancia para las personas adoptadas en España. Nunca imaginé poder tener esta modesta colaboración en un texto clásico como éste, por lo que estoy muy agradecido a David por haber tenido la idea y haberme ofrecido la oportunidad.

 

Las personas adoptadas y quienes con ellas se relacionan como miembros de su familia o como profesionales, encontrarán en este libro una lectura sin duda muy enriquecedora. Entenderán mejor la adopción. Si son personas adoptadas, se entenderán mejor a sí mismas. Si son miembros de sus familias o profesionales, podrán entenderlas mejor, como le ocurrió a la madre de A.S., que, muchos años después de haberla adoptado, pudo por fin sintonizar con lo que sin duda habían sido y seguían siendo muchas de las vivencias, de las inquietudes y de los motivos de alegría de su hija adoptiva.

 

Leer Soy adoptado es leer un clásico, es decir, aprovecharse de un texto cuya vigencia está fuera del tiempo en que se escribió y del lugar en que surgió. Un texto que ayuda a entender la fascinante experiencia de ser adoptado y los muchos matices de esa vivencia a lo largo del ciclo vital humano, desde la infancia hasta la vejez.

Os pasamos el enlace para qué podáis leer en digital los primeros 8 capítulos y el epílogo del libro que os recomendamos.

http://issuu.com/editorialgrupo5/docs/libreto_soy_adoptado