Cómo es tener una familia adoptiva y una biológica que no conoces, que no has conocido o con la que tienes poca relación.

Cómo es tener una familia adoptiva y una biológica que no conoces, que no has conocido o con la que tienes poca relación.

imagen niña jugandoHay muchas maneras de formar una familia. ¡Y no digamos de sentirla como tal!

El significado que atribuimos al término familia y sobre todo al de “madre”, “padre” no deja de ser consecuencia de la educación recibida, del aprendizaje realizado en un determinado contexto, nunca inocuo, en el que hay que incluir las características personales de nuestros padres y madres, el peso del ambiente social de la época y las experiencias vividas. Y también de la evolución que nosotr@s mism@s hacemos en nuestro recorrido vital. Para algun@s los términos “madre” y “padre” tienen un único significado. “Padre y madre son los que crían y te cuidan, ¡no los que te paren!” Muy comprensible. El lenguaje siempre va ligado a los sentimientos y a su grado de elaboración. Así crecí yo defendiendo con naturalidad y tranquilidad este único significado. Hasta que apareció otra madre que proclamaba también este nombre. Lo acepté “enseguida” racionalmente, aunque cosa distinta fue elaborarlo y aceptarlo emocionalmente.

La necesidad de asegurar y reafirmar el vínculo creado nos induce, muchas veces, a negar realidades. No siempre se trata de un conflicto de fidelidades, como a menudo se ha comentado en la “literatura “adoptiva. Asoma el miedo a desenterrar una memoria implícita. ¡No es nada fácil! Requiere mucho trabajo y valentía porque hay que descender a las catacumbas y revisar los cimientos, derribar, muchas veces, las falsas creencias y los calificativos infundados, nunca exentos de juicios. Resultaría todo más sencillo y natural si los padres y madres adoptivos ayudáramos a ello desde que nuestros hij@s son muy pequeños. No es solo una cuestión de justicia (término cargado también de matices e historia, valoraciones culturales, etc…) sino que sea lo que sea lo sucedido, es fundamental conocer la verdad de la historia, de la genética y de lo ocurrido como parte de la identidad.

Si no aceptamos esta parte nuestra, (y ahora hablo tanto como madre e hija y seguramente como profesional, porque ya no puedo olvidar todo lo aprendido) difícilmente alcanzaremos cierta coherencia interna y paz interior que emana de la conciencia y la aceptación de lo que somos. Dependerá de cada historia vivida por nuest@s hij@s y de la nuestra propia el que como adultos y como padres y madres sepamos acompañarles en el proceso de elaboración que ellos deben realizar. Los padres y madres adoptiv@s tenemos, en mi opinión, una responsabilidad adicional y hoy enfrentamos el gran reto que much@s, sin ser del todo conscientes de la envergadura, que tomamos con la adopción.

El reto de sumergirnos de lleno en su mundo, aprender su lenguaje emocional, con verdadera empatía para llegar a ellos, sin dejar de proporcionarles la firmeza, la estabilidad que también necesitan. Solo así podremos ayudarles a sentirse más seguro@s. ¡Qué reto y qué aprendizaje tan fantástico para nosotr@s mism@s el traspasar con ell@s las barreras de sus primer@s modelos de aprendizaje, transmitirles también el impacto y la importancia que tuvo la otra madre (la biológica) en su/nuestra historia, los miedos que estas primeras vivencias de abandono dejaron en ell@s y en nosotr@s. ¡Qué reto tan impresionante el que aprendan con nosotr@s a confiar en el mundo, en la vida, en ell@s mism@s, a aceptar la complejidad, a no hacer juicios baladíes que tanto dañan a quienes nos engendraron y a nosotr@s mismos . Serán ell@s los que con el tiempo otorgarán peso y significado a los términos “padre” y “madre”, significados que seguramente irán cambiando en función, también, de su propia evolución. Es algo vivificante el poder ver las carencias, comprender cómo se va construyendo la persona, aproximarse a los miedos y singularidades que se dan en la adopción. No hay que confundirse con todo ello mediante la negación.

Eva Gispert

Directora del Instituto Familia y Adopción

Chus Villegas, mi mayor anhelo es que mi hijo decida buscarme.

Chus Villegas, mi mayor anhelo es que mi hijo decida buscarme.

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Las madres biológicas, la mayoría de las veces, se ven obligadas a dar a sus hijs@s en adopción por circunstancias socio-económicas o/y culturales, pero no por su propia voluntad.

La historia de Chus Villegas nos acerca a una mujer que vivió esta experiencia.

1.- En el relato de tu historia dices que eres “una de las mal llamadas madres biológicas”¿Cómo te definirías?

Pues la verdad es que no sé muy bien cómo me definiría. Simplemente, soy una mujer que en la España del nacional-catolicismo por razones sociales y, sobre todo, familiares me ví obligada a entregar a mi bebé en adopción. Cuando fui consciente de que se nos denominaba “madres biológicas”, sentí un rechazo instintivo en mi interior. Pensé que toda mujer que ha parido es madre biológica, por lo cual ese calificativo no nos identificaba. Después, me dí cuenta de que ese rechazo, casi visceral, era por la palabra madre, ¿cómo podía llamarse madre a una mujer que “abandona” a su hijo? Sea por lo que sea, sigo sin reconocerme en esa denominación ni en otras muchas con las que se nos designa. Creo que no nos definen adecuadamente como colectivo. Yo, a mi misma, me gusta llamarme “madre del alba”.

2.- ¿Cómo crees que ha marcado tu vida el hecho de haber dado un hijo en adopción?

Ha mediatizado toda mi vida en el aspecto personal, familiar y social. Me dejó una serie de secuelas psicológicas, como trastornos emocionales, sentimientos ambivalentes, depresiones recurrentes, inseguridad, ansiedad, miedos… pero, sobre todo la culpabilidad como una segunda piel y un vacío que nada ni nadie ha podido llenar. A veces, he sentido una gran soledad. No pude ni plantearme tener hijos. Es lo único que aún no he podido superar; todavía hoy lloro desconsoladamente cuando siento que la vida me negó, o yo misma me lo prohibí, lo que más hubiera deseado: tener hijos y darles todo mi amor, mi ternura, mi compresión, mi apoyo… Mis relaciones interpersonales, con mi familia y amigos también se han visto condicionadas. De hecho, me fui alejando hasta cortar con todos los amigos de la infancia, del colegio y de la Universidad. Pero todo ha contribuido a hacerme crecer como persona. Me ha hecho más fuerte, tolerante y compresiva con los demás y, sobre todo, me ha llevado a identificarme con el sufrimiento de los demás y a intentar ayudar.

3.- ¿Cuál es tu concepto de la maternidad?

Pues, no sé… Desde luego, para mí el engendrar y parir un hijo no me otorga la condición de madre. La madre de mi hijo, sin calificativo alguno, es la que lo ha criado, cuidado, amado… La que le ha dado todo aquello que yo, por mis circunstancias, en esos momentos, no pude darle. Ya sé que por el hecho de haberle parido soy su madre pero no me siento como tal. Bueno… la verdad es que no sé si esta postura corresponde a un discurso interno elaborado a través de 38 años debido a la culpabilidad y el miedo. Además, hasta hace poco, era el bebé que di en adopción, no podía referirme a él con la palabra hijo; me parecía kafkiano que una persona pudiera tener dos madres. Supongo que aún me quedan cantidad de cosas por elaborar y asumir en esta historia. Lo único que he descubierto, y no hace tanto, es que mi mayor anhelo en esta vida es que mi hijo se decida a buscarme. Hasta entonces creía que estaba ahí por si él necesitaba encontrarme.

4.- ¿Cuándo iniciaste la búsqueda de tu hijo?

En la Semana Santa de 1997. Fue cuando leí en un reportaje del diario El Mundo las declaraciones de unos hijos adoptados, pertenecientes a la extinguida ANDAS (Asociación Nacional del Derecho a Saber). Hablaban de la necesidad de encontrar sus raíces, del vacío tan grande que sentían, de sus deseos de conocer a la mujer que les había dado la vida… Nunca se me había ocurrido pensar que mi hijo podría sufrir por el hecho de ser adoptado. Creí que me “volvía loca”, lloraba y lloraba repitiéndome a mi misma: “¡Dios qué he hecho!, además de haberle abandonado está sufriendo por mi culpa”.

5.- ¿Cómo ha sido el camino?

Desesperante e infructuoso. En aquel momento me hice socia de ANDAS, conecté con el Arzobispado de Pamplona, con Villa Teresita (en donde había escondido mi embarazo), recurrí a personas influyentes que conocía de mi época de estudiante en Pamplona. Nada. Siempre recibí la misma repuesta: “Olvídalo, pasa pagina, eso ocurrió hace muchos años, seguro que tu hijo está bien”. Por entonces fue cuando empecé a “confesar mi secreto” a mis mejores amigas y a hablarlo abiertamente con mi pareja, aunque él lo supo desde el principio de nuestra relación. Todos me venían a decir lo mismo: “Eso pertenece a tu pasado, es un hecho que debes olvidar, bastante has sufrido ya”. Pero, yo notaba que les era, y les es, violento hablar del tema. Me volví a replegar en mi misma. Apareció un nuevo sentimiento en mí, el de la incertidumbre. En 1997 la Delegada de Andas en Canarias me dijo que un adoptado buscaba a su madre y que en principio todos los datos coincidían. Después de miles de llamadas telefónicas y de información contradictoria, me facilitaron un nombre y un teléfono, el de mi supuesto hijo. El miedo me impidió conectar con él. Dije que nos hiciéramos ambos las pruebas del ADN. Nunca volví a saber nada más. Retomé la búsqueda hace dos años pero todo ha sido inútil. Si él no me busca, nunca habrá encuentro. En noviembre pasado un chico se puso en contacto conmigo, creyendo sin la menor duda que yo era su madre. Ambos vivimos durante casi dos meses un sueño, pero al hacernos las pruebas de ADN se confirmó que no era mi hijo.

6.- Creo que la mayoría de las familias adoptivas tratamos de que nuestros hijos elaboren su propia historia desde el amor hacia quienes les transmitieron la vida ¿has recibido apoyos para elaborar tu propia historia?

Las madres adoptivas de ahora sí lo hacen, las de mi época creo que no. Antes lo que predominaba era el ocultar al hijo la condición de adoptado y si este lo descubría lo habitual era hablar de la mujer que le parió en términos despectivos e insultantes. Era frecuente referirse a ella como la puta que lo abandonó. En cuanto si he recibido apoyos, creo que ninguno. Hasta los psicólogos o psiquiatras de turno (me he pasado mi vida prácticamente entre ellos) fueron incapaces de ver que era mi verdadero trauma y sólo incidían en los problemas de mi niñez. Desde Febrero de 2010 en que me metí de lleno en el mundo de la adopción, es cuando he dejado de sentirme sola y he podido avanzar en la construcción y aceptación de mi propia historia. Recientemente mi marido ha comprendido que es una herida que nunca podrá cerrarse, -¿ni con el encuentro con mi hijo?-, y ha dejado de pensar, como todos, que lo que me pasa es que estoy “colgada del pasado”. Es con el único de mi entorno con el que puedo hablar del tema y desahogarme. Los familiares y amigos a los que les dije que me había hecho la prueba del ADN, porque creía que había encontrado a mi hijo, han sido incapaces de preguntarme por el resultado de las pruebas.

7. – Mientras permaneces en esa espera de encontrar a tu hijo ¿qué otros sueños e ilusiones tienes?

A estas alturas de mi vida, aunque mi deseo es muy fuerte, más que un sueño es una esperanza. Los sueños tienen pocas probabilidades de realizarse, prefiero hablar de proyectos. Como soy una persona muy activa y con muchas inquietudes, me he pasado la vida metida en todo tipo de actividades pero también es cierto que, muchas de las acciones emprendidas, una vez agotada la curiosidad y la ilusión de lo nuevo, las he abandonado. Este proceder estoy convencida que se debía al vacio del que antes hablé. Era como si no encontrara mi “sitio” en la vida. Ahora, que por fin tengo claro lo que quiero, ¡ya era hora, con 63 años!, me encantaría ocuparme de temas relacionados con la adopción. De hecho es lo que vengo haciendo desde hace dos años, se ponen en contacto conmigo muchas personas adoptadas y les ayudo en lo que puedo. También quisiera trabajar con las madres que, como yo, entregaron a sus hijos en adopción. Sobre todo, luchar para que podamos estar codo a codo con las otras dos partes de la triada. Bueno… esto sí que es un sueño porque no me negarás que somos las grandes olvidadas. Es un hecho que las madres biológicas no tenemos cabida en ninguna de de las organizaciones dedicadas a los temas de la adopción, ni se hace referencia en sus páginas web a este colectivo. Siempre que comento el tema se me responde lo mismo, que exceptuándome a mí y a unas pocas más, ¿dónde están esas madres? Pero quizás nadie se ha planteado que precisamente por esa falta de apoyo la mayoría siguen escondidas.

8.- Además de madre (porque madre no es solo la que cría sino también la que pare, tanto monta, monta tanto) eres mujer. Imagina que dentro de unos años decides escribir tus memorias ¿qué te gustaría poder contar en ellas?

Bueno, madre que no ha ejercido como tal. Hace varios años que me lo estoy planteando y sé que acabaré escribiéndola porque es una necesidad que me persigue y además me encanta escribir. Si no lo he hecho aún es porque quisiera contar “toda” mi historia… creo que me lo podría plantear como una catarsis.

9.- Aunque no hayáis podido criarlo, una parte de tí y otra del padre, están en vuestro hijo ¿cómo te sientes al verlo así?

¿Hayáis? ¡Pero si del padre, desde que me fui a “Villa Teresita” a esconder mi embarazo, no volví a saber nada! Pues, no sé ni si siento algo, es una realidad genética tan obvia. Bueno… sí, con curiosidad por si se parece a mí, deseos de ponerle unas facciones, una voz, una mirada, en definitiva, una identidad. Salir de la incertidumbre de cómo ha sido su vida, si sus padres le han dado todo el amor y cariño que yo no pude. Que deje de ser una sombra de mi pasado. No sé si esto contesta la pregunta. La verdad es que la veo un poco extraña. De todas formas, por mi experiencia familiar, hace tiempo que dejé de creer en los lazos y ataduras impuestos por la biología y ya, solamente creo en los vínculos que libremente elijo, dándole el contenido y la forma que ambas partes decidamos. Estoy diciendo esto y, al mismo tiempo, soy consciente de que puede ser contradictorio con el anhelo de encontrar a mi hijo.

Días más tarde, Chus me envía un mail en el que hace algunas reflexiones en torno a la última pregunta:

«Me acabo de levantar y no sé por qué me ha venido a la cabeza tu última pregunta y he sentido una punzada en el corazón y hasta me han entrado ganas de llorar. La verdad es, que me quedé mucho en rato en blanco delante de tu pregunta que me parecía rara. No era eso, es que no quería entenderla porque me hacía daño. En primer lugar, porque ese plural, “hayáis”, me devolvió a la soledad de aquellos meses. Es cierto que Paco, el padre, me ayudó cuando estuve casi dos meses buscando abortar. Cuando volví a mi pueblo después de tantos intentos infructuosos, él estaba allí pero no recuerdo para nada cual fue mi relación con él hasta que me fui a Villa Teresita. De esta parte sólo recuerdo el miedo a que mi padre se enterara de que estaba embarazada. Precisamente por el padre de mi hijo, se enteraron en el pueblo que estaba embarazada en Pamplona. Cuando regresé a Villarrubia, después de haber parido, él había desaparecido. Era el Secretario del Ayuntamiento y el Alcalde, que era tío mío, le había obligado a dejar el pueblo. La segunda parte de tu pregunta, es la que ha motivado ese malestar, por llamarlo de alguna manera. Nunca me había planteado que una parte de mí estaba en ese hijo del que no sé nada. Visto así, me produce una tristeza inmensa. Ese rechazo “a lo biológico”, me viene, como dije, por mi experiencia familiar, padres y hermanos, e inconscientemente, lo he hecho extensivo a mi hijo. Así, la realidad no me es tan dura. Es una forma de parapetarme de esa cruda realidad, de que me ví forzada a mutilar una parte de mí. Aunque duela, me encanta descubrir cada día algo más relacionado con esta historia y aclarar mis sentimientos.» chus actual   Quiero creer en un milagro, que mi hijo lea alguna vez, por casualidad, algo sobre mi y me encuentre. Estos son los datos que le llevarían a relacionarme con él. Chus Villegas escondió su embarazo en Villa Teresita de Pamplona. Parió un varón en la Clínica Gortari. En el libro de partos figura como Ana Díaz Toledo, el 5 de Octubre de 1971 a las 14:30h.

La Voz de las Madres Biológicas

La Voz de las Madres Biológicas

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Progenitora, madre de nacimiento, madre biológica, la señora que te llevó en la barriga,la mamá rusa, china, etíope… o simplemente ella. Muchas y variadas son las expresiones que se usan para hacer referencia a quienes compartieron con nuestr@s hij@s los primeros nueve meses de sus vidas.
Cada una denota un sentimiento, unos más cercanos y otros más lejanos, pero lo que es  indudable es que, aunque a veces se trate de obviar, es una persona que forma parte de nuestras vidas de una forma muy especial.
Una parte de ella está en nuestr@s hij@s, de manera que si rechazamos o ignoramos esa parte, estamos ignorando o rechazando una parte de ell@s.
Además, la forma en que ella vivió el embarazo, si lo hizo desde el miedo, el rechazo o la ambivalencia o si lo hizo desde la aceptación y la alegría, fueron los primeros sentimientos que vivieron nuestr@s hij@s, sentimientos que, según las últimas investigaciones en psicología prenatal, marcan la forma de ver y de entender la vida.
A pesar de ser tan importantes pocas veces las hemos oído. Son voces silenciadas por el dolor, la vergüenza, y el miedo al rechazo de una conducta que la mayoría de la sociedad condena.
Hoy queremos escucharlas, al menos a algunas de ellas. En sus propias palabras o a través de quienes, ya adult@s, han buscado sus orígenes y se han reencontrado con ellas, porque en esos relatos también oímos sus voces.
Algunas de sus experiencias nos son cercanas. Otras nos resultan ajenas, lejanas. Sin embargo, en uno y otro caso veremos que los sentimientos son los mismos, porque, en definitiva, éstos no entienden de distancias, culturas ni países.
Oír sus voces, sin duda, no nos dejará indiferentes.

 Cara a cara con la madre biológica

0067fabPor Brenda Padilla Ericksen. Periodista y Docente

Creo que es fácil pintar la madre biológica en blanco y negro. O fue una santa, una víctima o fue una pecadora, una mala madre que no quiso a su hijo o su hija.
Personalmente, tiende a idealizar a la madre biológica. Cómo madre, sólo puedo imaginar que le fue duro separarse de su hija. Siento mucho por ella. Siempre pienso en mi tía, que fue «madre biológica» y que sufrió tanto por tener que separarse de su hija, que quiso quedarse con ella, que nunca perdonó a mi abuela por no darle una oportunidad… También pienso en mi hermana, que estaba a punto de convertirse en «madre biológica», pero que decidió quedarse con su hija después de que mi tía le contara su experiencia… Mi hermana – que ahora descansa en paz – no fue una santa, pero fue una mujer real, que a pesar de todos sus problemas, quería a su hijo.
Y así, quizás, imagino a la madre de mi hija…
Pero durante los últimos años, he leído decenas y decenas de historias de personas que se han reunido con sus madres biológicas. Y así, he conocido diferentes visiones que los hijos pueden tener de esos personajes tan importantes. Lo que sigue no pretende catalogar todas las caras posibles de las madres de estos encuentros – sino simplemente compartir algunas de las que he conocido en estos escritos.
Para mí, los retratos que encuentro, muchas veces no representan tanto a las personas, sino a las expectativas que tuvieron al encontrarse. Si un hijo espera una cosa y se encuentra con otra, puede que sea muy difícil.
Por eso es útil – e importante – que las personas adoptadas tengan a su disposición, la ayuda de un profesional – un mediador familiar o un psicólogo de los servicios de postadopción – que le puede ayudar a prepararse antes de encontrarse con una figura que tanta importancia ha tenido en su imaginación, sus fantasías, durante tanto tiempo. Hay que hacer consciente las expectativas de cada uno en preparación para la realidad.
Sin más, estas son algunas de las madres que he conocido a través de estos relatos …

Madres Encantadas y Aliviadas

No sé que porcentaje de las madres biológicas reciben a sus hijos de esta manera porque puede ser que estos son los casos que reciben más atención. Es lógico que alguién que ha tenido una buena experiencia quiere compartirlo con los demás y que los demás queremos conocer estos cuentos de hada en que todo el mundo acaba felices, comiendo perdices…
Pero la verdad es que estas historias no siempre son tan sencillas como se pintan. Por ejemplo, después del encuentro puede que la madre vuelva a su vida para luego no mantenerse en contacto o para solo enviar una felicitación de cumpleaños una vez al año. Son desenlaces que pueden ser muy duros para un hijo que esperaba algo más, a veces mucho más. Otras veces son las madres quienes tienen altas expectativas y se encuentran con que lo único que su hijo quería era información y la posibilidad de verse, tocar el pelo de su madre, hacer fotos… Se sienten utilizadas.
Esto fue el caso de mi tía, creo – una mujer adoptada que también tuvo que dar en adopción a su primera hija. Cuando esta la localizó, mi tía estaba loca por conocerla. Llevaba años esperando. Pero mi prima, al parece, solo quería conocerla y volver a su vida – porque temía los celos de su madre, la única madre que conocía, la que la había criado.
Me da mucha pena que no disfrutaban de un apoyo profesional. Les pusieron en contacto una organización americana que tiene buena voluntad, pero que no parece comprender las complejas necesidades de estas personas. Mi tía estaba destrozada. Mi tía nos asegura que fue lo que le mató. Cayó en una profunda depresión y murió un par de años después con poco más de 60 años.

Madres Culpables/Tristes

Algunas madres biológicas conviven con un horrible sentimiento de culpabilidad por haberse separado de sus hijos. He visto que es dura para un hijo encontrarse con una madre en esta situación. Puede que se sienta una responsabilidad enorme hacía ella. Puede que no. Pero no es fácil ver este sufrimiento. Es algo que he observado quizás de forma especial en muchos de los encuentros entre hijos adoptados de Corea del Sur y sus familiares allí. Entra el tema cultural y la vergüenza que sienten por no haberse ocupado de los suyos. Las madres suelen llorar mucho y pedir perdon una y otra vez. Hace duro el encuentro.

Madres Locas

¿Pero realmente está loca o es esto solamente es la impresión de un hijo que esperaba otra cosa totalmente distinta? En un foro de adopción en Internet, una mujer supuestamente de EE.UU. contaba que cuando conoció a su madre biológica se encontró con una fanática religiosa que no hablaba de otra cosa. Le chocó muchísimo y le pareció más loca que la luna. Se fue corriendo de la reunión, riéndose con su marido, pensando en la suerte que había tenido al ser adoptada. Me gustaría conocer la versión de la madre, quién estaba encantada de poder conocer a su hija…

Madres Enfermas

También he leído el caso de una mujer que se encontró con una madre institucionalizada por una enfermedad mental. Fue difícil verla, pero no se arrepintió. Pudo hablarle, acariciarle, darle una sonrisa y hacer las paces con su destino.

Madres Posesivas

Esto no parece ser nada normal. Incluso parece ser muy, muy poco probable que un hijo se encuentra con esta situación, pero he conocido un par de casos de madres feroces que quieren reclamar a sus hijos – ¡aún siendo ellos adultos! Evelyn Burns Robinson es una de ellas. Es autora de «Adoption and Recovery» (Adopción y Recuparación). Es una escocesa que vive en Australia y es activista en contra de la adopción. Ella siente que fue demasiada jóven para comprender lo que iba a significar la separación con su hijo, que podría haberle criado perfectamente si hubiera recibido el apoyo adecuado y que lo que ocurrió fue una gran injusticia contra ella y contra él. Cuando le localizó ya era un jóven de quizás 18 años y según ella, le ha recuperado.
No es el único caso. Encontré una página en Internet supuestamente hecho por una madre biológica que había conseguido que su hija (mayor, pero no me acuerdo la edad) volviera con ella. Otra hija que había dado en adopción prefirió quedarse con su familia.
Pero esto no es normal. Primero, es poco probable encontrarse con una madre así. Segundo, lo normal es que al hijo, no le interesa esta actitud.

Madres Indiferentes

De vez en cuando he conocido casos de madres que han parecido o indecisas o indiferentes. Esto ser muy difícil para el hijo o la hija – sobre todo si llevaba tiempo buscando a la madre y esperaba mucho de la reunión. Pero hay que pensar que separarse de un hijo suele ser traumática para la madre y cada una resuelve esta trauma a su manera. Por un lado hay mujeres que consiguen apagar ese fuego en su corazón, por otro lado cada mujer es distinto y por mucho que queremos crear que hay un instinto maternal universal, no parece ser así – o por lo menos no siempre funciona de igual forma en todas. Hay madres que simplemente consiguen continuar con sus vidas y no tienen mucha interés en volver a encontrarse con el pasado.
El caso de la autora y activista Sherry Eldridge es un ejemplo. Después de conocer a su madre biológica, escribió en su diario:
«Hoy ha parecido como el día más largo. El viaje fue tan largo. Cuando les conocí, sentí miedo y algo desilusionada porque son tan diferentes. Se nota que Beryl (la madre bio) es muy artística por como se viste y como tiene decorada la casa. Me he enterado de que ni sabía cuando era mi cumpleaños. De verdad me olvidó después de mi nacimiento. Se hizo evidente cuando contó todos los acontecimientos duros de su vida – siendo yo uno de ellos. No tiene compasión. Duele. Muy dentro de mí, duele. Quería decirle, ‘Pensaba muy a menudo en tí.’ Estoy decepcionada porque pensaba que esto iba a ser una experiencia maravillosa pero es dolorosa… Me siento como una extraña, como no pertenzco.»

Madres No Madres

No he sabido como llamar a estas madres. Son mucho más que indiferentes o indecisas. Son madres que no reconocen ser las madres de las personas a las que han dado vida. En su libro «En Busca de Ana Fisher» (solo en inglés), Florence Fisher cuenta como encontró a su madre biológica y la engaño para quedar con ella en un restaurante. Dijo que era una persona investigando el árbol geneológico de su familia, era una prima lejana y quería quedar para conocer más. Cuando reveló su verdadera identidad, su madre dijo que no era cierto, que nunca había tenido un bebé que diera en adopción, que estaba equivocada… y se fue. Se fue tan aturdida que dejó su cartera en la mesa. Contenía todos los datos necesarios para comprobar que era de verdad la madre biológica de Florence…
Es el único caso tan extremo que he conocido, pero podría ocurrir por muchos motivos. Hay que estar preparado para la madre que sufrió un desliz para luego rehacer su vida totalmente sin jamás mirar hacía atrás, que quizás incluso se ha convencido a si misma de que no ocurrió nada…
De todas formas, tiene que ser un palo muy duro para una persona adoptada encontrarse con este tipo de realidad.

Madres Robadas

No nos vamos a engañar. Mientras que la adopción sea una solución ideal para el problema de millones de menores que necesitan familias, hay un porcentaje de irregularidad. Hay adoptados que se han encontrado cara a cara con grandes injusticias al encontrarse con sus familiares biológicos. Me acuerdo sobre todo el caso de un hombre de El Salvador (contado en el libro «Los de Fuera por Dentro» solo en inglés) que se encontró con que había sido robado de su madre.
¿Cómo se reaccionó? Seguía fiel a su familia adoptiva, a la que quería mucho y que no había hecho nada con malas intenciones. Pero «adoptó» a su familia biológica. Enviaba dinero a su madre en El Salvador para mantenerla. Tenía contacto con ella y otros familiares.

Madres Pobres

Como el chico de El Salvador, se puede encontrar con una madre necesitada. Esto puede suponer un gran dilema para el hijo que puede que no tenga suficientes recursos para ayudarla – como el chico antes mencionado. También noto como algunas personas adoptadas, al contar sus historias, mencionan el miedo que sentían de que sus familiares biológicos serían pobres y que se sentirían obligados a ayudarles de alguna manera o no saber o no poder ayudarles.
Es otro tema que se puede tratar con un mediador familiar. No hay una única solución. Es un tema sobre el que hay que reflexionar y hay que prepararse.

Madres Rebeldes

No es de extrañar que algunos se encuentran con que su madre fue la oveja negra de la familia. A veces ya ha muerto. Otras veces está desaparecida. Esto lo he encontrado varias veces. Entonces, suele ser a través de la abuela o alguna tía que el hijo consigue información, fotos y contacto con otros familiares.

Madres Felices y Realizadas

He querido reflefar algunos de los problemas o dificultades con las que se puede encontrar porque pone de relieve la necesidad de conseguir un buen apoyo antes de entrar en el proceso de buscar a la madre y encontrarse con ella.
Pero quiero destacar que hay realmente de todo. Lo que pasa es que incluso las madres más normales y corrientes, las más equilibradas y sabias – que han aprovechado su experiencia para ser más fuertes – necesitarán también de un apoyo para organizar, comprender y digerir esta experiencia.
Me acuerdo la historia de una madre biológica que explicaba que al dar a su hijo en adopción, estaba destrozada, pero se dió cuenta de que algún día podría re-encontrarse con él. ¿Qué tipo de madre quería que encontrara? Lo tenía claro: una persona feliz. Una persona que había superado el mal trago de su vida y que había hecho algo con su vida. Una persona que tenía algo que ofrecerle… no una persona amargada, deprimida y rencorosa. Así que se dedicó a construir la vida con la que soñaba. Y un buen día, apareció el hijo – y le pudo explicar qué es lo que pasó y cual era la decisión que tomó después.

Madres de Familia

También muchas veces los hijos adoptados se encuentran con que sus madres tienen más hijos – que después, rehacieron sus vidas, se casaron – a veces con el mismo padre biológico – y crearon una familia. Es otra realidad que muchas veces puede ser algo difícil de asimilar.
Madres Trabajadoras, Sábias, Sencillas, Complejas, Graciosas, Divertidas, Interesantes, Inteligentes, Artistas…
Cuando una persona adoptada se encuentra con su madre biológica quiere saber un millón de cosas, quiere saber si ciertas habilidades o intereses o talentos han sido herdados de sus familiares biológicos. Es importante destacar que las madres biológicas no se pueden encasillar o etiquetar o estereotipificar… Se pueden encontrar con cualquier cosa.

Madres Reales – de Sangre y Hueso

Entonces – ¿Qué pasa con las madres biológicas de las fantasias de las personas adoptadas? Una y otra vez leo y escucho los dos extremos – las madres prostitutas o las madres famosas, actrices y cantantes, ricas y bellas.
Pues parece que al final de todo, las madres biológicas no son más que personas reales con sus fortalezas y sus debilidades. Cada una ha tenido que buscar la forma de convivir con un hecho difícil y normalmente doloroso. Algunas han conseguido rehacer sus vidas, otras no. Pero no suelen ser ni ángeles ni demonios, sino personas de sangre y hueso.
¿Quién va a buscar a su madre biológica?
Todos nuestros hijos – si no de forma activa, lo harán de forma pasiva. Por eso vendría bien que todo recibieron asesoramiento y apoyo para comprender esta experiencia tan singular que les puede afectar tanto.

http://adopcionpordentro.blogspot.com.es/2012/01/cara-cara-con-la-madre-biologica.html

Las hijas del Yang-tsê

Las hijas del Yang-tsê

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Por Marga Muñiz Aguilar

Xinran es la autora china más conocida en el mundo occidental. Es famosa sobre todo por sus libros de narrativa testimonial. Su objetivo es dar a conocer las duras condiciones de vida que sufren muchas mujeres en China. Trabajó como periodista y locutora de radio en China antes de trasladarse a Londres en 1997. Entre 1989 y 1997 dirigió y presentó un programa para mujeres en Radio Nankin, Palabras en la brisa nocturna, que le llevó a viajar por toda China haciendo entrevistas a decenas de mujeres. Así es como conoció a muchas de aquellas que se habían visto obligadas a renunciar a sus bebés.

En su libro Las hijas del Yang-tsê relata diez historias reales jamás contadas de estas madres chinas. La autora intenta así enviar un mensaje que ayude a las niñas chinas adoptadas en occidente a entender por qué sus madres se vieron obligadas a tomar esa decisión.

Son diez mujeres, que aunque tienen distintos orígenes, edades y condiciones (estudiantes, mujeres de éxito, comadronas, humildes campesinas, etc.), comparten todas una historia común. Por distintos motivos, como la política del hijo único, las destructivas creencias ancestrales o las situaciones económicas de extrema pobreza en las que sobreviven, se vieron obligaron a separarse de sus hijas para siempre.

En palabras de la autora, la gente podrá decir que la mujer que abandona a su bebé tiene el corazón de piedra, pero todo lo que ella vio y oyó la convenció de que casi nunca era así. Por eso escribió estas diez historias que, en realidad, son diez mensajes de amor de unas madres que nunca olvidaron, ni olvidarán jamás, a sus hijas.
Toda mujer que ha parido sabe lo que es el dolor, pero a las madres de niñas les duele el corazón.

– ¿Sigues pensando en tu hija?
– ¡Claro que sí! Fue mi primer bebé, y ni siquiera pude verla. Solamente oí dos gemiditos y en seguida se la llevaron.

«Mis hijas valían más que el oro. La mayor se quedó conmigo durante todo el primer mes. Comía bien ¡le encantaba mi leche! No sé si le habrá gustado tanto la leche de la extranjera. A la segunda se la llevaron cuando tenía menos de tres semanas. ¡Fue todo tan rápido…!
No tuve tiempo de decir que dormía mejor si la sujetabas con el brazo izquierdo.
¿Cree que los extranjeros sabrán acunar a mi bebé? Me duele el corazón cada vez que las recuerdo. Mi marido dice que lo tengo enfermo.»

¡Pobres mujeres! Algunas echan tanto de menos a sus niñas que se vuelven locas!

Madre ¿sólo hay una?

Madre ¿sólo hay una?

EVA GISPERT
Por Eva Mª Gispert.

Directora del Instituto Familia y Adopción

Hace tiempo escribí un artículo para la Revista de la Universidad Ramon Llull y también muchos de vosotr@s, seguramente, me visteis en un programa «Sense embuts» de TV3. Os escribo hoy para contaros cómo ha ido cambiado en mí, el concepto de «madre». Siempre había sostenido la frase de «madre sólo hay una». Pero al hacerme mayor (ahora tengo 45 años), este concepto ha ido tomando diferentes significados y se ha ido ampliando. Desde el día que apareció Jesusa, mi madre biológica, ahora ya hará unos 10 años, el efecto que tuvo en mi, también ha ido evolucionando. Realicé todo un trabajo individual/terapéutico no sólo sobre este tema, pero sí que salía en todas las sesiones, y me ayudó mucho. Un@ no tiene que estar mal para ponerse a hacer una reflexión profunda de determinados aspectos de su vida. Yo lo considero una formación, de las más útiles que he hecho (y he hecho muchas!).

L@s adoptad@s desde recién nacid@s hemos quitado importancia a la madre biológica («alguien que nos tuvo en la barriga» y ya está). Sí, es verdad, pero en mi caso, incorporar este concepto como mi otra madre y abrazarlo/la me ha hecho sentir más querida, menos sola y he podio dejar el sentimiento de abandono (para muchos/as de nosotros/as no consciente durante mucho tiempo) a un lado. Estoy convencida que integrar esta parte es aceptar una parte también de un@ mism@. Es un proceso largo, donde primero aparecen muchos otros síntomas que no parecen que provengan de la condición de ser adoptad@, sinó que podríamos pensar que son exactamente iguales que los que se podrían dar en un hij@ biológic@.

Tiene también mucho que ver con la autovaloración que uno hace de si mism@ y cómo repercute ésta en otros muchos aspectos de tu vida (las relaciones con los demás, el aprendizaje escolar, la tolerancia a la frustración, cómo afrontas los retos, la exigencia contigo mism@ y con los demás, etc… Es un sentimiento tan enterrado por la educación recibida y supongo, por un mecanismo de autoprotección, que ni siquiera un@ es consciente, pero está, y os aseguro que vale la pena trabajarlo para que aflore y pueda gestionarse correctamente. Si lo haces, el resultado es increíble porque te cambia todo, y se mueve todo. Lo que no quiere decir que sea fácil y ya se sabe, que las dificultades en la vida, si un@ las puede elaborar y gestionar, te hacen más completa y rica como persona; y esto influye, claro está en todas las facetas de tu vida, también, claro, como madre.

Un fuerte abrazo para todos/as,

Eva Mª Gispert ó Eva Mª Ferreiro Carracedo (ésta también soy yo!)