Adopción, hiperactividad y metilfenidato ( I parte)

Adopción, hiperactividad y metilfenidato ( I parte)

Rosa Mª Fernández García
Eduardo Pásaro Méndez
Elena Borrajo
Josep Cornellà i Canals

tdha FOTO1Rosa, tienes que llevar a tu hijo al médico y darle la pastilla para que pueda trabajar en el colegio.
Esta es la frase que me soltaba a bocajarro la profesora de uno de mis hijos, hace aproximadamente dos años, en la puerta del aula.
Sin privacidad, sin aviso… un lunes. Eran las nueve menos cinco de la mañana y la semana prometía ser dura.
La conversación continuó, por supuesto en la puerta, saludando al mismo tiempo a otras madres de infantil que traían en ese momento a sus hijos al colegio. La situación era, cuanto menos, embarazosa. La conversación fue más larga, pero se podría resumir de la siguiente manera:
– Tu hijo no para un segundo, no es capaz de trabajar, es hiperactivo, no atiende, no obedece. No sé lo que es: problemas de atención, hiperactividad o autismo…¡lo que sea!, ¡no lo sé!, pero a tu hijo le pasa algo. Déjate ya de tantos libros, atiende a tu hijo y llévale al médico para que le den la pastilla.

Esta conversación no es ficticia. Esto ocurrió hace más o menos dos años. La profesora de infantil ya agotada, me invitaba a que le diese el metilfenidato a mi hijo.
Ella no sabía lo que era el metilfenidato (MTF), ni lo que le pasaba a mi hijo, sólo sabía que era incombustible y que su capacidad de aprendizaje era lenta con respecto al resto de la clase.
La realidad es que mi hijo demostraba muchas capacidades, pero no precisamente para leer o escribir, sino para jugar a todas horas y en cada momento. Mi hijo no era, y no es, hiperactivo, pero como cualquier niño de su edad, cuando se aburre,busca la manera de integrar en sus juegos al que está al lado. Mi hijo lo conseguía, lo que ponía de los nervios a cualquier profesor. Pero eso no es ser hiperactivo, ni justifica medicar a un niño de cinco años con una anfetamina.
El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad, es el trastorno neuroconductual más frecuente en la infancia y la adolescencia, con cifras que oscilan entre un 5–8% . El metilfenidato en sus diferentes presentaciones (rubifén, concerta,
etc) es el fármaco de elección en el tratamiento de este trastorno, que se suele identificar con las siglas TDAH, Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad.
Adelanto que si bien no es fácil conocer cuál es el consumo real del fármaco en la población, lo que sí parece evidente es la tendencia al alza en los últimos años  habiéndose multiplicado por diez en los centros escolares de nuestro país. Un ejemplo de ello es que no es aconsejable en menores de seis años, sin embargo cada vez es mayor la cantidad de niños en edad preescolar (3-5 años) que están siendo
medicados por supuestos problemas de atención.
Pero en la edad preescolar podría ocurrir que los síntomas de inatención obedezcan no a un trastorno neuroconductual, sino a una evolución madurativa más lenta que el ritmo de aprendizaje que imponen los planes de estudio actuales . Unos planes de estudio rígidos, inflados de fichas, con poco movimiento, poca experimentación y que obliga a niños muy pequeños a iniciarse en la lectura y en la escritura, aunque su sistema nervioso, su cerebro, no esté preparado para ello.
Puede ocurrir que simplemente el niño no esté preparado para empezar a leer y a escribir, pero sus compañeros sí son capaces de obedecer y estar sentados haciendo fichas. Esto le conducirá a llamar la atención, a invitar al juego a sus amigos, porque lo único que quiere es correr, jugar, salir al jardín… Lo triste es que está en edad de hacerlo, aunque el sistema (escolar) no le deje. Como mi hijo, habrá otros muchos niños que serán etiquetados (que no diagnosticados) de hiperactivos, aunque la base de su comportamiento no es ningún trastorno neurológico, sino una velocidad de maduración cerebral mas lenta que la de sus compañeros.
Investigaciones científicas recientes han demostrado que la falta de vinculación afectiva durante los primeros meses/años de vida supone un grave trauma para el desarrollo de la personalidad, ocasionando cambios neurobiológicos que influyen en el desarrollo, tanto a corto como a largo plazo, por eso muchos niños procedentes de la adopción (tanto nacional como internacional) llegarán a ser etiquetados en el colegio como hiperactivos o autistas dependiendo de la expresividad de su sintomatología . Si el niño adoptado responde al estrés que le supone el colegio y estar separado de sus nuevos padres, con movimiento, pobre atención y ansiedad en general, el niño será etiquetado de hiperactivo. Si por el contrario el niño se inhibe ante el estrés que le supone estar en el aula con sus compañeros y el profesor, entonces será un autista  (el término quasi autismo fue acuñado por Michel Rutter para definir un comportamiento propio de los niños que han vivido en orfanatos y que nos recuerdan al autismo). Cada vez son más los científicos que defienden la existencia de un pseudoautismo
y un pseudo-TDAH debido a la falta de vínculo afectivo durante los primeros años de vida.
Tdha2Pero ni una cosa ni la otra, como veremos a continuación. Una hiperactividad no desaparece cuando la actividad es de tu agrado, durante una hora, ni tampoco el autismo puede desaparecer al cruzar el umbral de la puerta de tu casa. Si tu hijo se relaciona de forma natural contigo y con sus hermanos, pero se convierte en una planta cuando llega al aula, piensa que el problema no es del niño, sino la situación que le rodea. Mi hijo recibió ambos diagnósticos, autismo y déficit de atención, ambos identificados en pocas horas de conversación conmigo y una llamada telefónica a la profesora, y por supuesto, sin un procedimiento u protocolo médico o psicológico exhaustivo.
Ambos los recibí con dolor, no tanto por no aceptar las dificultades de mi hijo que son muchas, como por la sensación de que el diagnóstico era erróneo, estaba basado en una percepción sesgada de su realidad. Aquella frase dicha por la supuesta especialista: “Olvídate de la adopción. Eso ya pasó. Tu hijo no se acuerda …” a mí me indicaba dos cosas muy claras. Una, no por el hecho de ser psicólogo estás preparado. Dos, necesitaba una segunda opinión de alguien que supiese de lo que estábamos hablando. De maltrato, de abandono, de apego…

 

El diagnóstico de autismo me movilizó a tener una segunda opinión, esta vez con expertos en niños y niñas afectados por deprivación y maltrato temprano. El autismo pasó a ser interpretado como una manifestación extrema de una alteración de apego, lo cual encajaba mucho más con mi percepción de cómo mi hijo se comportaba en casa y en el exterior.
Entre las alteraciones estructurales del sistema nervioso que los malos tratos o las situaciones de estrés post traumático (y el abandono lo es) provocan en el niño, podemos destacar: la disminución del volumen del hipocampo , alteraciones a nivel de amígdala, alteraciones de las estructuras cerebelares, del cuerpo calloso y del córtex prefrontal . Funcionalmente, se observan secuelas cognitivas (bajo rendimiento escolar), altos niveles de estrés psicosocial, dificultades conductuales y problemas sociales, que en algunos casos recuerdan un comportamiento pseudoautista.

Todos tenemos claro que la adopción es algo bueno, tanto para el niño como para la familia adoptiva, pero no podemos olvidar que toda adopción tiene su inicio en un abandono. La llegada al mundo de estos niños generalmente está asociada a desnutrición, abandono, maltrato, por no hablar de la falta de cuidados durante el embarazo, drogadicción, enfermedades de la madre, etc. 

Todas estas “circunstancias” pre y peri natales, actúan sobre un sistema nervioso joven, inmaduro, con gran capacidad de cambio. Porque no lo olvidemos, vemos, leemos, aprendemos, recordamos, queremos, amamos con el cerebro. Con un sistema nervioso evolucionado que nos distingue de los demás animales. Este cerebro posee una gran ventaja evolutiva frente a otras especies, y es que cuando nacemos venimos con un cerebro inmaduro, todavía poco formado; es maleable, modificable, flexible, … la experiencia lo moldea y le permite aprender.

Éste fenómeno se conoce como plasticidad cerebral y es lo que nos hace inteligentes. La experiencia moldea las regiones sinápticas (las conexiones entre neuronas) y las hace más eficientes, de tal manera que las conexiones que nos benefician se consolidan y las que no se usan, son eliminadas (poda neuronal). Pero lo que nos hace inteligentes, también nos hace más Vulnerables. Un cerebro inmaduro es VULNERABLE. Y un cerebro vulnerable bajo condiciones de estrés, maltrato, desnutrición, abandono, se puede ver gravemente alterado. Todo tipo de estrés, pero más el estrés traumatizante, produce elevadas concentraciones de glucocorticoides, las llamadas hormonas del estrés como el cortisol, la cortisona y la corticosterona, hormonas de acción contraria a la de la insulina que favorecen la obtención de glucosa (azúcar) en sangre y preparan al cuerpo para luchar o huir. Se trata de otro mecanismo evolutivo que nos permite enfrentarnos a un mundo hostil, y favorece la supervivencia del individuo y de la especie. Pero cuando el estrés es traumatizante, prolongado y además actúa sobre un cerebro inmaduro (entre los 0 y los 3 años), ocasiona graves alteraciones, y el cortisol, que era fuente de ventajas, se convierte en veneno sobre estructuras cerebrales todavía inmaduras: provoca la pérdida acelerada de neuronas, anormalidades en el desarrollo   cerebral por alteraciones de la poda neural, retrasos en el proceso de mielinización, lo que enlentece la comunicación neuronal y por último, pero no menos importante, inhibe la neurogénesis (formación de nuevas neuronas).

 

Según las últimas investigaciones realizadas tanto en humanos como en otras especies, la atención maternal mejora y mantiene la plasticidad neuronal del hipocampo , efecto que se produce, muy probablemente, a través de mecanismos que promueven la neurogénesis (formación de nuevas neuronas). Porque el cuidado y la atención de una madre hacia un hijo es tan importante, que es capaz de modificar la estructura del cerebro.

 

El apoyo de la madre durante el proceso de adaptación del niño en la infancia produce cambios en el hipocampo, aumentando su tamaño casi un 10 por ciento en aquellos niños que habían sido cuidados y queridos,en comparación con los niños cuya relación materna no había sido tan enriquecedora o no había existido. Y este es el caso de los niños que viven en muchos orfanatos.

 

El hipocampo es una estructura muy importante, parte del sistema límbico. Su función principal es la gestión de respuesta ante el estrés, pero también está implicado en el aprendizaje y la memoria. Juega un papel importante en la formación de nuevos recuerdos, siendo una estructura clave en el paso de memoria a corto plazo a memoria a largo plazo (fijación de la memoria a largo plazo). Es por lo tanto pieza clave en el aprendizaje. Y en los niños adoptados, en los niños que han sufrido abandono y malos tratos, está dañada .

 

Desayuno y rendimiento escolar

Desayuno y rendimiento escolar

Por  Marga Muñiz Aguilar.

Directora recursos psicopedagógicos

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Nuestra capacidad de atención, concentración y alerta, depende prioritariamente de la existencia de un aporte continuo de glucosa al cerebro.

El aprendizaje es una de las funciones más complejas del cerebro humano.Requiere un adecuado nivel de atención y concentración para captarinformación, analizarla, almacenarla y luego poder evocarla en el momento que se necesite.

El cerebro es una intrincada maraña de neuronas y cables eléctricos interconectados entre sí que funciona en base a sustancias químicas muy simples, en su mayoría proteínas, cuyo papel es transmitir un mensaje de una célula nerviosa (neurona) a otra. Esta conexión a través de sustancias químicas, se repite en todo el cerebro y desde la más simple de las actividades como mover un dedo, hasta las funciones más complicadas de la mente como la memoria, la concentración mental, la capacidad de análisis, la abstracción, el aprendizaje y la integración del pensamiento, dependen de la capacidad que tenemos de producir estas sustancias, llamadas también neurotransmisores o transmisores del impulso neuronal, sustancias que obtenemos de la alimentación.
Una vez establecido el desarrollo cerebral, nuestra capacidad de atención, concentración y alerta, depende prioritariamente de la existencia de un aporte continuo de azúcar (glucosa) al cerebro. Esta necesidad del cerebro se debe a que éste no tiene ningún sistema para almacenar combustible, así que continuamente debe tomar pequeñas cantidades de azúcar (glucosa) de la sangre para poder seguir funcionando. Por esta razón, una momentánea caída de los niveles de azúcar sanguíneo, ocasiona un reto al funcionamiento cerebral y desencadena una serie de reacciones de sobrevivencia, al tiempo que afecta enormemente el aprendizaje.

La doctora Daniela Jakubowicz, endocrinóloga, lo explica de manera ingeniosa así:

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Imaginemos el proceso:
Suena el despertador y el cerebro empieza a preocuparse. ‘Ya hay que levantarse y estamos escasos de combustible’. Llama a la primera neurona que tiene a mano y manda mensaje a ver qué disponibilidad hay de glucosa en la sangre. Desde la sangre le responden: ‘Aquí hay azúcar para unos 15 a 20 minutos, nada más’. El cerebro hace un gesto de duda, y le dice a la neurona mensajera: ‘De acuerdo, vayan hablando con el hígado a ver qué tiene en reserva’. En el hígado se consultan la cuenta de ahorros y responden que ‘a lo sumo los fondos alcanzan para unos 20 a 25 minutos’.
En total no hay sino cerca de 290 miligramos de glucosa, es decir, alcanza para 45 minutos, tiempo en el cual el cerebro ha estado rogándole a todos los santos a ver si se nos ocurre desayunar.
Si estamos apurados o nos resulta insoportable comer en la mañana, el pobre órgano tendrá que ponerse en emergencia: ‘Alerta máxima: nos están tirando un paquete económico. ¡Cortisona, hija, saque lo que pueda de las células musculares, los ligamentos de los huesos y el colágeno de la piel! La cortisona pondrá en marcha los mecanismos para que las células se abran cual cartera de mamá comprando útiles, y dejen salir sus proteínas. Estas pasarán al hígado para que las convierta en glucosa sanguínea.El proceso continuará hasta que volvamos a comer.

Como se ve, quien cree que no desayunar tiene poca importancia, se está engañando: Se come sus propios músculos, se auto devora.
La consecuencia es la pérdida de tono muscular, y un cerebro que, en vez de ocuparse de sus funciones intelectuales, se pasa la mañana activando el sistema de emergencia para obtener combustible y alimento”.
Esta ingeniosa descripción la confirman los estudios realizados al respecto. En Estados Unidos se evaluaron a 800 niños, entre 9 y 11 años de edad, para ver el impacto que tenía la falta de desayuno en el funcionamiento cerebral. El test fue realizado a las 11 de la mañana, y se comparó a un grupo de niños que no desayunó nada ese día, con otro grupo, los niños que comieron un desayuno rico y equilibrado. Dos semanas después, se invirtieron los grupos y los que habían desayunado, en esta ocasión, hicieron las pruebas sin desayunar y viceversa. Se observó que en los niños que no habían desayunado, su coeficiente intelectual se mantenía, pero la capacidad de aprendizaje y alerta al realizar cuentas y captar nuevos conocimientos, se vio seriamente afectada por la falta de desayuno. Los niños que no habían desayunado se equivocaban más, se distraían más, captaban menos las imágenes visuales, tenían disminución de la memoria y de la capacidad de razonamiento. La investigación constató que no desayunar antes de salir a la escuela o hacer un desayuno muy pobre afectaba profundamente el rendimiento escolar.
Los adolescentes españoles no tienen una alimentación adecuada. Lo pone de
manifiesto el informe «Los adolescentes españoles y su salud», patrocinado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y coordinado en nuestro país por el Ministerio de Sanidad y Consumo y la Universidad de Sevilla. Según este trabajo, una cuarta parte de los adolescentes españoles presenta un consumo bajo de frutas y verduras y, por contra, muy elevado de dulces y refrescos.
Un 16,1% de los chicos y chicas de 11 a 18 años se salta el desayuno, y sólo un 30% desayuna correctamente. Un 22% acude a clase habiendo desayunado
tan solo un vaso de leche. Así queda registrado en el último estudio de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA). Un 35% de los niños dedica menos de 10 minutos a desayunar, tiempo insuficiente para tomar un desayuno completo y equilibrado.
Según los expertos, un desayuno completo debe incluir cereales, fruta y lácteos. Si no se ingieren estos alimentos en la primera comida del día, no sólo se producirá un bajo rendimiento escolar, sino que, probablemente, surgirán problemas de desorden alimenticio y algo que cada vez es más habitual: la obesidad infantil.

En Finlandia, que tiene el sistema educativo más prestigioso del mundo, el desayuno suele ser bastante fuerte y se compone de lácteos, frutas y cereales.

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Es interesante observar que en Finlandia, que tiene el sistema educativo más prestigioso del mundo, sistemáticamente situado en los primeros puestos del ranking por excelencia, el informe PISA, el desayuno suele ser bastante fuerte, se consume entre las 7 y las 10 de la mañana, y se compone de lácteos, frutas y cereales.
La conclusión es fácil de hacer. Considerando que la falta de alimento produce un declive gradual en la glucosa y en los niveles de insulina que puede interferir con diferentes funciones cognoscitivas, como el aprendizaje, la atención, la memoria activa, etc. y teniendo en cuenta que la mañana es uno de los momentos en que los niños y niñas hacen trabajar más el cerebro y utilizan mucha más energía, el proporcionarles un desayuno rico y equilibrado se convierte en una herramienta más para un rendimiento escolar adecuado.