Por  Marga Muñiz Aguilar.

Directora recursos psicopedagógicos

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Nuestra capacidad de atención, concentración y alerta, depende prioritariamente de la existencia de un aporte continuo de glucosa al cerebro.

El aprendizaje es una de las funciones más complejas del cerebro humano.Requiere un adecuado nivel de atención y concentración para captarinformación, analizarla, almacenarla y luego poder evocarla en el momento que se necesite.

El cerebro es una intrincada maraña de neuronas y cables eléctricos interconectados entre sí que funciona en base a sustancias químicas muy simples, en su mayoría proteínas, cuyo papel es transmitir un mensaje de una célula nerviosa (neurona) a otra. Esta conexión a través de sustancias químicas, se repite en todo el cerebro y desde la más simple de las actividades como mover un dedo, hasta las funciones más complicadas de la mente como la memoria, la concentración mental, la capacidad de análisis, la abstracción, el aprendizaje y la integración del pensamiento, dependen de la capacidad que tenemos de producir estas sustancias, llamadas también neurotransmisores o transmisores del impulso neuronal, sustancias que obtenemos de la alimentación.
Una vez establecido el desarrollo cerebral, nuestra capacidad de atención, concentración y alerta, depende prioritariamente de la existencia de un aporte continuo de azúcar (glucosa) al cerebro. Esta necesidad del cerebro se debe a que éste no tiene ningún sistema para almacenar combustible, así que continuamente debe tomar pequeñas cantidades de azúcar (glucosa) de la sangre para poder seguir funcionando. Por esta razón, una momentánea caída de los niveles de azúcar sanguíneo, ocasiona un reto al funcionamiento cerebral y desencadena una serie de reacciones de sobrevivencia, al tiempo que afecta enormemente el aprendizaje.

La doctora Daniela Jakubowicz, endocrinóloga, lo explica de manera ingeniosa así:

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Imaginemos el proceso:
Suena el despertador y el cerebro empieza a preocuparse. ‘Ya hay que levantarse y estamos escasos de combustible’. Llama a la primera neurona que tiene a mano y manda mensaje a ver qué disponibilidad hay de glucosa en la sangre. Desde la sangre le responden: ‘Aquí hay azúcar para unos 15 a 20 minutos, nada más’. El cerebro hace un gesto de duda, y le dice a la neurona mensajera: ‘De acuerdo, vayan hablando con el hígado a ver qué tiene en reserva’. En el hígado se consultan la cuenta de ahorros y responden que ‘a lo sumo los fondos alcanzan para unos 20 a 25 minutos’.
En total no hay sino cerca de 290 miligramos de glucosa, es decir, alcanza para 45 minutos, tiempo en el cual el cerebro ha estado rogándole a todos los santos a ver si se nos ocurre desayunar.
Si estamos apurados o nos resulta insoportable comer en la mañana, el pobre órgano tendrá que ponerse en emergencia: ‘Alerta máxima: nos están tirando un paquete económico. ¡Cortisona, hija, saque lo que pueda de las células musculares, los ligamentos de los huesos y el colágeno de la piel! La cortisona pondrá en marcha los mecanismos para que las células se abran cual cartera de mamá comprando útiles, y dejen salir sus proteínas. Estas pasarán al hígado para que las convierta en glucosa sanguínea.El proceso continuará hasta que volvamos a comer.

Como se ve, quien cree que no desayunar tiene poca importancia, se está engañando: Se come sus propios músculos, se auto devora.
La consecuencia es la pérdida de tono muscular, y un cerebro que, en vez de ocuparse de sus funciones intelectuales, se pasa la mañana activando el sistema de emergencia para obtener combustible y alimento”.
Esta ingeniosa descripción la confirman los estudios realizados al respecto. En Estados Unidos se evaluaron a 800 niños, entre 9 y 11 años de edad, para ver el impacto que tenía la falta de desayuno en el funcionamiento cerebral. El test fue realizado a las 11 de la mañana, y se comparó a un grupo de niños que no desayunó nada ese día, con otro grupo, los niños que comieron un desayuno rico y equilibrado. Dos semanas después, se invirtieron los grupos y los que habían desayunado, en esta ocasión, hicieron las pruebas sin desayunar y viceversa. Se observó que en los niños que no habían desayunado, su coeficiente intelectual se mantenía, pero la capacidad de aprendizaje y alerta al realizar cuentas y captar nuevos conocimientos, se vio seriamente afectada por la falta de desayuno. Los niños que no habían desayunado se equivocaban más, se distraían más, captaban menos las imágenes visuales, tenían disminución de la memoria y de la capacidad de razonamiento. La investigación constató que no desayunar antes de salir a la escuela o hacer un desayuno muy pobre afectaba profundamente el rendimiento escolar.
Los adolescentes españoles no tienen una alimentación adecuada. Lo pone de
manifiesto el informe «Los adolescentes españoles y su salud», patrocinado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y coordinado en nuestro país por el Ministerio de Sanidad y Consumo y la Universidad de Sevilla. Según este trabajo, una cuarta parte de los adolescentes españoles presenta un consumo bajo de frutas y verduras y, por contra, muy elevado de dulces y refrescos.
Un 16,1% de los chicos y chicas de 11 a 18 años se salta el desayuno, y sólo un 30% desayuna correctamente. Un 22% acude a clase habiendo desayunado
tan solo un vaso de leche. Así queda registrado en el último estudio de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA). Un 35% de los niños dedica menos de 10 minutos a desayunar, tiempo insuficiente para tomar un desayuno completo y equilibrado.
Según los expertos, un desayuno completo debe incluir cereales, fruta y lácteos. Si no se ingieren estos alimentos en la primera comida del día, no sólo se producirá un bajo rendimiento escolar, sino que, probablemente, surgirán problemas de desorden alimenticio y algo que cada vez es más habitual: la obesidad infantil.

En Finlandia, que tiene el sistema educativo más prestigioso del mundo, el desayuno suele ser bastante fuerte y se compone de lácteos, frutas y cereales.

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Es interesante observar que en Finlandia, que tiene el sistema educativo más prestigioso del mundo, sistemáticamente situado en los primeros puestos del ranking por excelencia, el informe PISA, el desayuno suele ser bastante fuerte, se consume entre las 7 y las 10 de la mañana, y se compone de lácteos, frutas y cereales.
La conclusión es fácil de hacer. Considerando que la falta de alimento produce un declive gradual en la glucosa y en los niveles de insulina que puede interferir con diferentes funciones cognoscitivas, como el aprendizaje, la atención, la memoria activa, etc. y teniendo en cuenta que la mañana es uno de los momentos en que los niños y niñas hacen trabajar más el cerebro y utilizan mucha más energía, el proporcionarles un desayuno rico y equilibrado se convierte en una herramienta más para un rendimiento escolar adecuado.