José Luis Gonzalo desde su  imprescindible blog Buenos tratos,  hace la recomendación de  «El niño atento»  de Susan Kaiser Greenland, un libro para ayudar a niños y también a mayores a estar más presentes, a prestar atención no sólo a lo exterior sino también a centrarla en las  propias emociones y sensaciones.

Un práctico y útil libro para trabajar la atención con tu hijo/a y ayudarle a ser más feliz, amable y compasivo, editado por Desclée de Brouwer.

el niño atento

Permitidme que comience con este juego de palabras: hoy prestamos atención a un libro para ayudar a los niños a trabajar ésta. ¡Atención a la atención!, un problema al parecer, muy común en los niños y adultos de hoy en día. Tanto por razones evolutivas y madurativas como por procesos psicopatológicos diversos en los que están afectadas las habilidades atencionales, la atención es uno de los síntomas (manifestación externa) que nos preocupa a profesionales de la salud mental, la enseñanza, la educación y por supuesto, a padres y familias. Dentro de la población específica a la que nos dirigimos en este blog (los niños y adolescentes con trastornos del apego y trauma), también es un aspecto relevante, cómo no. El niño traumatizado pasa por estados de hiperactivación (el sistema natural de alerta del organismo está alterado como consecuencia de eventos traumáticos que pusieron en riesgo su supervivencia física y/o psicológica. El cerebro queda fijado en posición de supervivencia) que inciden en que la atención esté pendiente del exterior. Los niños desorganizados, de perfil controlador, por ejemplo, están pendientes del exterior, de los adultos referentes. En el pasado, controlar a la figura de apego fue vital para su supervivencia, teniendo en cuenta que aquélla podía ser impredecible (ora ser cariñosa, ora tornarse violenta)

Por todo ello, no es baladí este tema, ni mucho menos. Es uno de los objetivos que trabajamos en psicoterapia con los niños y adolescentes, por supuesto. Y uno de los abordajes psicoterapéuticos más idóneos para mejorar la atención en los menores (y otros aspectos como la regulación emocional y la estabilización conductual) que conozco en la actualidad es el mindfulness o mente plena.

Para los no iniciados, y con ánimo de hacer un resumen no muy exhaustivo (para los que quieran profundizar les recomiendo este libro de Siegel: «Mindsight, la nueva ciencia de la transformación personal«), mindfulness son un conjunto de técnicas -basadas en unos principios terapéuticos concretos, influenciados por la filosofía budista- que favorecen la capacidad de la mente humana para verse a sí misma. Ser plenamente consciente de la propia mente y de las actividades de ésta (pensamientos, sentimientos, sensaciones, recuerdos…) hace que nos conozcamos mejor a nosotros mismos y, además, potencia la regulación de todo el cuerpo/mente mejorando la integración cerebral.

Para Siegel (uno de los pioneros en el estudio del mindfulness), la mente humana es como un río. Os lo conté en esta entrada, pero me parece pertinente volver a recordarlo ahora: en el centro del río, el agua fluye constantemente (al estilo filosófico del axioma de Heráclito: “todo fluye, todo está en permanente movimiento”) Las redes neurales que conforman nuestro cerebro y transportan la información lo hacen de una manera eficiente e integrando los contenidos de ambos hemisferios, así como la información proveniente del cerebro superior e inferior. Pero si el agua queda atascada en la orilla izquierda, ésta ya no fluye. Se aleja del centro del río. Se ha quedado atrapada en el lado (prominencia del hemisferio izquierdo) de la rigidez. Por el contrario, si el agua queda enmarañada en la orilla derecha (prominencia del hemisferio derecho) queda excesivamente agarrada en el lado del caos. Cuando el agua va por el centro, es un estado de mente con respecto al apego de tipo seguro: todo fluye de una manera adecuada. El cerebro es como una orquesta bien dirigida. Cuando el agua está más atascada en la orilla izquierda, es un estado de mente con respecto al apego de tipo evitativo. Y cuando el agua se queda en el lado derecho, es un estado de mente con respecto al apego de tipo ambivalente. Y cuando el agua se atasca por los dos lados, el estado de mente con respecto al apego es de tipo desorganizado.

Por ello son tan útiles y tan interesantes para nosotros las técnicas de mindfulness: porque favorecen estados de mente con respecto al apego similares al tipo seguro. Y cultivar el mindfulness ayuda a las personas de apego inseguro a mejorar su mente y cerebro (entre otras técnicas, claro), sobre todo en lo que a regulación emocional y atención consciente se refiere.

¿Y cómo? El camino para lograr una mente plena (mindfulness) y cultivar la capacidad de que la mente se vea a si misma (mindsight) es la meditación. La cultura oriental lleva cientos de años (por ejemplo, el budismo zen) practicando la meditación. Es quizá por esto por lo que nos superan en muchas cosas. Pero en la cultura occidental ha llegado en los últimos diez años y con más fuerza en los últimos cinco. Estudios con neuroimagen han puesto en evidencia que el cerebro experimenta cambios funcionales cuando se practica meditación. Ahora bien, debe de practicarse como un hábito. La práctica de la meditación como camino hacia la mente plena se está utilizando con éxito en el tratamiento de muchas patologías como la ansiedad, la depresión, el déficit de atención con hiperactividad, adicciones… y por supuesto, el trauma.

He observado en mi práctica clínica (en quienes han practicado la misma con fundamento) mejorías excelentes en personas con obsesiones (es un trastorno en el que aspirar a eliminar o no tener las mismas es casi una quimera. La meditación enseña al paciente a relacionarse con ellas de otra manera; sobre todo a verlas como hechos mentales) y con trauma. En personas traumatizadas, mediante un proceso guidado -para que lo podamos entender-, mientras el paciente tiene un ojo en la respiración, tiene otro en las sensaciones corporales fruto del impacto traumático, del evento. Ese procesamiento dual favorece que el cerebro procese el trauma.

¿Y con los niños y adolescentes que vienen a mi consulta y que presentan distintas patologías (además de estilos o trastornos en la vinculación)? Con ellos también he aplicado con éxito la meditación, pero me encontraba con un escollo: las técnicas adultas les resultan pesadas y aburridas. Permanecer sentados observando les generaba malestar, inquietud y sobre todo lo que he dicho: aburrimiento y tensión por no soportar estar parados. Esto es normal, pues contactar con la corporalidad para alguien traumatizado es muy atemorizante. Mirar al interior les asusta mucho más que a los adultos (que también nos atemoriza) Lo que solía hacer era normalizar esta sensación de aburrimiento y/o malestar y acortar los ejercicios. Los ejercicios de meditación demasiado largos es misión imposible que los pacientes los hagan. No los hacen los adultos así que menos los menores. Para éstos, seguir y trabajar los principios que favorecen la mente plena (mindfull) es harto complicado. Esos principios son los de observar lo que pase por la mente (sin juzgar); ver lo que pase por la mente como actividad en forma de pensamientos, sensaciones o emociones. Aceptar lo que pase, tanto si agrada como si no, dejando que esté en nuestro cuerpo/mente lo que ya está pasando y nos resistimos a aceptar. Y tercer y último principio: tener una actitud de cariño y compasión hacia nosotros.

Pues hete aquí que para mi regocijo (y el de muchos profesionales y padres y madres) la editorial Desclée de Brouwer ha tenido la excelente idea de publicar en el último trimestre de 2013 un interesantísimo y práctico libro titulado: “El niño atento. Mindfulness para ayudar a tu hijo” La autora es Susan Kaiser Greenland.
Es el libro que estaba esperando y que da solución al problema que os he expuesto en el párrafo anterior: hacer atractivas las técnicas de meditación a los niños y adolescentes. ¿Cómo lo consigue? Mediante juegos y canciones adaptados a su edad podemos entrenar en mindfulness a los niños, incluso a los pequeñitos. Y los beneficios que pueden obtenerse son los mismos que cuando se aplican las técnicas clásicas y más adultas.

En la reseña del libro nos cuentan que “…la atención consciente te ayuda prestar una mayor atención a lo que ocurre en tu interior –tus pensamientos, sentimientos y emociones- para poder entender mejor lo que te sucede. El niño atento amplia los grandes beneficios del entrenamiento en mindfulness a niños partir de cuatro años, con ejercicios, canciones y juegos adaptados a su edad. Estas técnicas, amables y divertidas alientan la conciencia y la atención e influyen muy positivamente en el rendimiento académico y en las habilidades sociales y emocionales, al tiempo que proporcionan herramientas para gestionar adecuadamente el estrés y superar problemas como el insomnio, la sobrealimentación, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, la ansiedad…”

Los primeros capítulos del libro nos introducen en la ciencia de la atención consciente y nos transmiten los principios fundamentales del mindfulness. Continúa la autora entrando ya en los ejercicios y técnicas (los cuales pueden aplicar no sólo los profesionales de la salud mental sino trabajadores sociales, profesores y vosotros/as mismos/as padres y madres; no en vano el libro se subtitula “mindfulness para ayudar a tu hijo”. Mientras juegas con él/ella, estás trabajando la conciencia plena): los primeros, basados en algo tan simple como respirar. Pero la respiración es presentada de una manera divertida, con juegos, para poder enganchar a los niños/as. Prosigue entrando en técnicas que perfeccionan la conciencia y se dirigen a aprender a prestar atención. El libro se completa con una serie de capítulos que abarcan (aplicados a los menores) los tópicos principales que la meditación abarca: la conciencia amable (relacionarse de una manera atenta y compasiva), la conciencia sensorial, la sintonización con los demás (aquí es donde meditación y apego se dan la mano y coinciden) y la vida como parte de una comunidad.

Los ejercicios están muy bien diseñados, son creativos y originales y se basan en la experiencia de la autora con niños, no sólo a nivel individual sino también en grupo (pues ella enseña mindfulness en los centros escolares entrando en clase, desde la etapa de infantil) Ha llevado adelante un estudio (el cual lo da a conocer en el libro) que recoge los beneficios observados en los grupos de clases que practicaron estas técnicas. Así pues, sería desde todo punto de vista necesario que este entrenamiento se incluyera en los centros escolares, dentro de la psicomotricidad, por ejemplo.

Para los niños y niñas con trastornos del apego o trauma estimo que son unas técnicas beneficiosas porque ayudan al niño a regular las emociones y la conducta. Los padres y madres o familias (adoptivos, acogida…) podéis dedicar un tiempo a desarrollar estos ejercicios como si fueran juegos. Jugar es vital para el niño, y es un aprendizaje que fomenta su desarrollo y vínculo con los adultos e iguales. Pero… ¿cuánto tiempo dedican los niños a jugar con otros niños o con adultos como sus padres? Creo que muy poco. Y estamos dejando de lado algo fundamental. ¿Cuántos profesores dicen a sus padres que jueguen con sus niños, que los «deberes» de ese día serán jugar con su hijo, por ejemplo, con los ejercicios de mindfulness? Ojalá fueran muchos. En este libro tenemos los principios y las herramientas para ello. Ahora necesitamos plantearnos buscar (ya que estamos a principios de año, época de los grandes propósitos) ese tiempo.

Enlace al post de José Luis Gonzalo haciendo click aquí

Si os apetece leer las primeras páginas aquí os dejamos un enlace para que lo podáis leer en pdf . Una atención de la editorial Desclée de Brouwer.