Por Concepción Martínez Vázquez

 

juegos-que-unenEn el Post anterior el niño vago no existe  recomendábamos el libro Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión” de Aletha Solter . Siempre nos gusta ir un poco más allá de lo que es la mera recomendación y una breve reseña y buscando no tardé en encontrarme con un magnifico post  de Concepción Martínez Vázquez,  le escribí para pedirle permiso para publicarlo en nuestro blog y pese a ser más de las dos de la mañana de manera inmediata me contestó afirmativamente y tuvimos la oportunidad de hablarnos  por chat y pude comprobar la generosidad y simpatía de esta Psicóloga y Pedagoga  que desde su imprescindible blog Resilencia Infantil ,Apego, parentalidad y buen trato  comenta maravillas de este libro y de su escritora, de manera que si no lo conocíais  vais a tener un impulso irrefrenable por hacerlo, al libro que recomendamos y al blog de Conchi Martínez.
Esta entrada debería comenzar diciendo algo así como » De la autora de la Educación Consciente ganadora del post más visitado en menor tiempo arrasando el ranking de lo más leído»(¡en dos semanas más de mil visitas!), como si se tratara del anuncio de una de esas películas cuyo nombre del director parece ya presagiar que lo que se espera es bueno…
Hace dos semanas, en la entrada «Los niños necesitan más nuestra atención y cariño cuando menos lo merecen sus actos» (pincha encima si no la has leído o quieres volver a hacerlo), ya os hablaba de Aletha Solter y su magnífica aportación con su modelo sobre la Educación Consciente que resumí brevemente en la entrada y que queda recogida en tres publicaciones traducidas al castellano que os recomendé.

No os mencioné entonces la última publicación de esta psicóloga suizo-americana (no recuerdo exactamente por qué no lo hice, la verdad), pero esta misma semana, al pasar dentro de una librería de mi ciudad encontré este último libro, el que no citaba en la entrada (supongo que el destino debía saber que merecía un protagonismo especial).

La situación fue así: reviso de izquierda a derecha los estantes de libros cuya temática frecuento y…ahí estaba esperándome el único ejemplar de la tienda, el libro «Juegos que unen. Cómo solucionar los problemas de comportamiento de los niños mediante el juego, la risa y la conexión» (Editorial Medici, 2013 la edición española traducida por Laura Díaz de Entresotos).

Tras la estupenda emoción de reconocerlo, le sigue la excitante acción de leer el índice para ver los contenidos, y… sin palabras.

Tres partes.

Y ya en la primera, que se llama «Primeros pasos», el primer punto se titula «Introducción al juego de apego»…le sigue «Los nueve tipos de juego de apego»…»Directrices generales»…»Cuando le resulta difícil jugar (al padre/madre)».

¡Una joya!. Encontré un tesoro.

En la segunda parte del libro se dedica un importante apartado al Juego de Apego para resolver problemas de disciplina, tocando aspectos como la introducción la disciplina no punitiva, el enfado y agresión, rivalidad entre hermanos, etc.

La tercera parte del libro es más específica sobre el Juego de Apego para ayudar a los niños en momentos difíciles como el divorcio de los padres,el estrés escolar, fobias y ansiedades, enfermedades, accidentes y hospitalización, etc.

Lo que más me gusta: la base teórica de este libro es la teoría del apego.

La autora, después de más de 25 años de experiencia recoge un compendio de juegos para padres e hijos a los que llama juegos de apego.

Según Aletha, el juego de apego tiene algunas particularidades que lo diferencian de los juegos tradicionales: está centrado en el/la niño/a y busca fortalecer la conexión, a menudo involucra la risa, no requiere de ningún equipamiento especial y puede tener ligar en cualquier parte, en cualquier momento; no es competitivo y no tiene reglas fijas.

Se dirige a padres y madres de niños y niñas desde el nacimiento a los doce años.

Aletha establece que hay nueve tipos de juegos de apego:

1) Juego no directivo centrado en el/la niño/o: Ayuda a los niños y niñas a sentirse reconocidos, seguros y amados. Especialmente útiles para reconectar después de experiencias estresantes o separaciones, para ayudar a curarse del trauma o simplemente para fortalecer la conexión con ellos/as.
2) Juego simbólico con objetos o temas específicos: Efectivo para ayudar a los/as niños/as a curarse del trauma o afrontar problemas conductuales.
3) Juegos de causa y efecto: Promueven la conexión, aumentan la confianza, transmiten aceptación,crean una sensación de fortalecimiento y establecen una reconfortante sensación de predecibilidad.
4) Juego de tonterías: Especialmente útiles para niños/as que tienen miedo de cometer errores.
5) Juegos de separación: Ayudan a los/las niños/as a lidiar de forma divertida con las separaciones diarias tales como ir al colegio, a superar emociones aterradoras resultantes de pérdidas o separaciones anteriores o incluso el miedo al abandono después del divorcio de los padres.
6) Juegos de inversión de poder: El adulto finge ser débil, torpe, estúpido, estar enfadado o asustado y eso ayuda al niño/a.
7) Juegos de regresión: Ayudan tanto a fortalecer la conexión como para la curación,por ejemplo después del nacimiento de un hermanito, o para papás adoptivos, al proporcionar la experiencia de ser cuidados amorosamente ayudando así a resolver el abandono o separación anteriores.
8) Actividades de contacto corporal: El juego fomenta el contacto físico y ayuda a reparar relaciones padres/madres-hijos/as, se experimenta un sensación de valía intrínseca, de seguridad, de pertenencia.
9) Juegos y actividades cooperativos: Fortalecen la conexión, útiles para conseguir cooperación, para niños y niñas que hacen trampas y para problemas conductuales derivados de la rivalidad entre hermanos o de un divorcio.

Copadre e hijo[1]mo veis una estructuración clara de juegos que tienen como finalidad fortalecer el apego y solucionar problemas de conducta en los niños y niñas mediante un enfoque de disciplina ni autoritario ni permisivo, mediante un planteamiento no punitivo que utiliza la risa, el contacto físico, la comunicación, el intercambio de roles, etc.

Muchos son los libros que existen en el mercado en los que, desde una perspectiva claramente conductual, pretenden ofrecer a padres y madres «recetas» para el manejo de la conducta. Y no es que yo menosprecie el valor de muchas de estas técnicas que incluso aplico y recomiendo en algunas ocasiones dependiendo de los objetivos a trabajar (soy por tanto lectora y seguidora de este tipo de publicaciones), sino que soy de la opinión de que un planteamiento educativo y de crianza ha de llevar la afectividad como abanderada muy por encima una aplicación a rajatabla de técnicas para tratar los indicadores conductuales que puedan presentar los niños y niñas en un momento dado.

De hecho, muchos de estos problemas de comportamiento no aparecerían si se trabajara, desde la prevención, juegos como los que describe Aletha Solter en su libro (dejando de lado que cada niño/a es un mundo y hay casos concretos que con el amor y atención incondicional sólo no es suficiente).

Detrás de una conducta hay siempre una emoción y muchas veces no coinciden de manera manifiesta, es decir, un/a niño/a con miedo de ser poco querido puede mostrar una conducta no propia de miedo, sino de enfado,y los padres abordar el tema con castigos y riñas entendiendo que lo que quiere es únicamente fastidiar.

Pero además, pienso que la aplicación estricta y única de métodos conductuales en niños y niñas que han pasado por terribles experiencias traumáticas de abandono o maltrato, o que han visto conflictos en su entorno que no pueden integrar como violencia familiar, no hacen más que reconfirmar sus expectativas sobre los adultos en tanto que poco confiables y causantes de un dolor añadido. No puedo imaginarme a ninguno de nosotros/as, los mayores, llevando una mochila llena de experiencias aterradoras de miedo, rabia e impotencia, acatando sin más rígidas pautas, establecidas incluso a veces por profesionales, cuando lo que necesitamos es que nos escuchen, nos quieran y nos den seguridad. Lo que decía la frase…con las mejores intenciones, se obtienen los peores resultados.

Tampoco una educación excesivamente flexible es apropiada para ningún niño o niña. Al principio puede parecer muy positivo evitar cualquier riña, educar el libertad, el «laissez-faire» mal entendido…cuando lo que los niños necesitan son guías y límites que les ayuden en su camino. ¿Os imagináis atravesando un puente de madera largo y estrecho sin barandillas a los lados?

Afecto, juego, límites, normas, comunicación… Aletha ofrece un modelo, que seguro que no es ni el mejor ni el único. Leyendo el libro yo también me sorprendo al ver algún tipo de juego que propone como por ejemplo cuando plntea pasar tiempo con el niño/ gritando palabrotas juntos y riendo precisamente para eliminar esta conducta ¿?¿?¿? Claro, lo primero que se piensa es que hacer eso puede hacer que lo haga con mayor frecuencia y en otros contextos. Aletha explica que si se usa como ella indica «empezará a usar el lenguaje ofensivo más como una invitación a jugar con usted y menos como una manera de sentirse poderoso, impresionar a otros o expresar enfado. El juego y la risa disminuirán la tensión o la vergüenza conectadas con estas palabras…»

Controvertido, si. Se puede o no estar de acuerdo, pero al menos nos hace pensar desde argumentos nada desdeñables.de