Por Beatriz G Luna

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Habilidades táctiles

Todo nuestro cuerpo, a través de los receptores de nuestra piel, está expuesto al sentido del tacto por lo que la huella que dejan en el cerebro las impresiones táctiles es grande y complementa los estímulos recibidos por vía visual y auditiva. Algunos ejercicios que pueden mejorar las habilidades táctiles son:

• Actividades de discriminación táctil:

El objetivo es el de mejorar la capacidad de discriminar entre materiales, texturas y temperaturas a través del tacto.

Se toman dos bolsas opacas y dentro se meten los mismos objetos. El juego consiste en identificar a través del tacto los objetos con ambas manos a la vez. También se puede comenzar con una mano, tratando de encontrar un objeto que se le presenta visualmente; luego se prescinde del estímulo visual y se nombra el objeto que tiene que encontrar, aumentando el nivel de abstracción. Otra variante es la de introducir distintos tipos de telas para que discrimine entre texturas.

• Moldeado:

Se trata de mejorar la tonicidad manual y la habilidad de los dedos -imprescindibles ambas para el dominio de la escritura-, al tiempo que se toma contacto con distintos materiales, favoreciendo las impresiones táctiles en el cerebro y desarrollando la creatividad. Se proporcionan al niño materiales como plastilina, masa de pan, arcilla, fimo etc. y se le animan a moldearlos y a hacer churros, bolas, figuras, etc.

Habilidades motrices

El desarrollo motor, que se encuentra en el cerebro medio, es la base de todos los aprendizajes pues todos ellos requieren automatizaciones motrices (para hablar, escribir, relacionarnos) que permitan que el cerebro superior desarrolle habilidades de pensamiento. El esquema corporal, la percepción del propio cuerpo en el espacio y la capacidad de dominar el movimiento en uno mismo junto con la lateralidad, son claves en el desarrollo cognitivo.

• Arrastre y gateo:

Las etapas de suelo del bebé son fundamentales en la maduración de los distintos pisos del cerebro. Así, el reptado ayuda a desarrollar el tronco del encéfalo (el piso 1 también llamado “cerebro reptiliano”) y el gateo, el sistema límbico (cerebro medio o “cerebro mamífero”). Se puede jugar a serpientes o a “ratón que te pilla el gato”.

• Equilibrio:

El sistema vestibular, sede del equilibrio, nos ayuda a localizar, orientar y mover el propio cuerpo en el espacio y a adquirir las coordenadas espaciales que tan importantes son para distinguir, por ejemplo, una b de una d. Se pueden llevar a cabo circuitos en los que tenga que mantener el equilibrio, bien con rayas pintadas sobre el suelo, cuerdas, ladrillos, bordillos, almohadas, etc.